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Full text of "Estudio Histórico de la América Central"

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ESTUDIO HISTÓRICO 



AMÉRICA CENTRAL 



I.IGENCIADO 



AGUSTÍN GÓMEZ CARRILLO 

socio corresponsal 
Real Academia Matritense de Jurisprudencia y Legislación 
< de la Sociedad I^conómica de Madiid 
y de la de Barcelona, etc. 



TERCERA ^^ ., o , 
liOtablemente corregida y ampliada 



MADRID 
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ESTUDIO HISTÓRICO 



DE LA 



AMERICA CENTRAL 



POR EL LICENCIADO 



AGUSTÍN GÓMEZ CARRILLO 

socio corresponsal 

de la Real Academia Matritense de Jurisprudencia y Legislación 

miembro de la Sociedad Económica de Madiid 

y de la de Barcelona, etc. 



TERCERA EDICIÓN 
notablemente corregida y ampliada 



Colección Luis Lujan Muñoz 

Universidad Francisco Marroquín 

www.ufm.edu - Guatemala 



MADRID 

IMPRENTA DE HERNANDO 

calle de Ferraz , nüm. 13 

1886 



ES PROPIEDAD DEL AUTOR 



PRÓLOGO. 



Saludamos con la debida cortesía á nuestros lec- 
tores, y ponemos este libro bajo la salvaguardia de 
los centro-americanos que, viviendo en las realida- 
des del presente, conserven en su corazón el culto 
bendito del pasado y atribuyan algún precio á las 
tareas que se dirigen á reseñar, siquiera sea en muy 
breve síntesis, los hechos ocurridos en nuestro te- 
rritorio. 

Cultívanse por doquiera los estudios de este gé- 
nero con el interés solícito que reclama tal ramo del 
saber en el sistema de las ciencias. Sólo entre nos- 
otros no se les ha visto con la predilección marcada 
que merecen; y no es sino de poco tiempo á esta par- 
te cuando han aparecido valiosas obras, escritas de 
orden de los gobiernos de Guatemala y Nicaragua, 
y que no sólo arrojan luz sobre muchos puntos oscu- 
ros de la civilización indígena, sino que enseñan, so- 
bre el coloniaje, cosas antes ignoradas aun por dili- 
gentes investigadores. 

Acostumbrados estábamos ii no ambicionar otra 
instrucción en la materia, que la que se deduce de 
los libros de los Sres. Juarros y García Peláez, á 
quienes sin embargo se debe un homenaje de grati- 
tud por sus esfuerzos en salvar del olvido tantas pre- 



PROLOGO 



ciosas noticias históricas. Yinieron más tarde los dos 
volúmenes y las Efemérides del Sr. Marure, y suce- 
sivamente el Bosquejo de Costa Bica por el señor 
D. Felipe Molina, los escritos del abate Brasseur, 
no exentos de inexactitudes, y por último las obras 
importantes de los Sres. Milla y Ayón, que ensan- 
chan visiblemente los horizontes en ese ramo. 

No hay para qué decir que de fuentes tan copio- 
sas hemos tomado los materiales para este modesto 
trabajo, aunque rara vez nos hayamos apropiado de 
un modo literal la ajena labor en uno ú otro punto. 
Al hacer declaratoria tan franca, permítasenos añadir 
que los hechos que narramos van mezclados con las 
reflexiones filosóficas que ellos mismos nos sugieren, 
y con los principios y doctrinas de la ciencia social 
y de la ciencia política que les conciernen y que es- 
timamos útiles para instrucción de la juventud es- 
tudiosa centro-americana; á ella se dedica esta serie 
de cuadros históricos, algunos de los cuales habíamos 
ya publicado recientemente, como artículos literarios, 
en el Diario oficial y en otros periódicos de San Sal- 
vador, en cuya redacción tomamos parte. 

El catálogo que ofrecemos de Presidentes de la 
Audiencia y Gobernadores de las provincias, de la 
época del coloniaje, no es una nomenclatura seca y 
árida, que rechace la atención del lector por falta de 
amenidad: junto con los nombres de la mayor parte 
de aquellos funcionarios se apuntan algunas parti- 
cularidades relativas á sus personas ó á los hechos 
acaecidos en los períodos de su gobierno, para que 
sirvan de auxiliar á la memoria del alumno y re- 
creen su ánimo, inspirándole á la vez afición á los 
estudios de esta clase. Proceder de otro modo sería 
apartarnos del plan adoptado para esa sección del 
libro, en la que algo puede enseñarse además de los 



PRÓLOGO 



nombres y apellidos de los principales empleados de 
la colonia. 

En la parte moderna nos limitamos al sistema 
de nombres y fechas: muy poco ó casi nada de filo- 
sofía de la historia ofrecemos allí; nada casi de deta- 
lles sobre revoluciones y gobiernos: es esa una rápi- 
da ojeada sobre lo sucedido en la América Central 
desde el 15 de Setiembre de 1821. La lucha de las 
ideas y de los intereses que desde los albores de 
nuestra existencia política conmueve con su fragor 
á los centro-americanos, no hallará eco en este pe- 
queño volumen; poco acertado andaría quien, juz- 
gándonos dispuestos á fallar acerca de los hombres 
y de las cosas, buscara en estas páginas la sensación 
que producen los ataques y los aplausos, por mere- 
cidos y justificados que fuesen unos y otros. Lejos de 
tan ingrato terreno nos hemos colocado: ni nuestro 
carácter consentiría otra cosa, ni la historia contem- 
poránea puede siempre imparcialmente escribirse por 
los contemporáneos. Llevamos hasta tal punto nues- 
tro propósito, que sólo en raros casos hacemos men- 
ción de individuos que aún viven, sólo cuando lo exi- 
ge una imperiosa necesidad. 

En lo que concierne á los tiempos anteriores á 
la conquista, observamos un laconismo escrupuloso: 
la fábula disputa á la realidad su imperio en la his- 
toria de aquella remota época; y como no podemos 
amontonar sin orden ni concierto lo fantástico y lo 
positivo, seguimos, de un modo breve, las opiniones 
más autorizadas, huyendo de la ficción, que saca á 
los labios la sonrisa, como acontece con el supiu'sto 
robo de las princesas de la familia real del Quiche 
que dio origen á la mitológica guerra que tan can- 
didamente refieren algunos cronistas. 

La historia es la nodriza y la institutriz de las 



PRÓLOGO 



generaciones que entran en la carrera de la acción; 
y si un resumen, como el presente, puede servir en 
las escuelas y liceos de la América Central para ini- 
ciar á los alumnos y alumnas en la historia patria y 
suministrarles cimientos para levantar el edificio de 
su instrucción en la materia, confiamos en que los 
amigos del progreso no dejarán de agradecernos las 
faenas un tanto ímprobas á que nos hemos sometido 
al formar esta obra. 

A medida que la humanidad avanza hacia el ob- 
jeto que le está señalado, le es más útil la historia. 
Ignórase, en sentir de algunos filósofos, si la poesía, 
en la forma que hoy reviste, acompañará hasta el 
porvenir más remoto á la raza humana, que tantos 
momentos de solaz le debe; pero es seguro que la his- 
toria seirá hasta el fin su guía y que nunca faltarán 
á los hombres las obras históricas con todas sus ri- 
quezas, sus recursos y enseñanzas. 



* 
* * 



En los términos que preceden está concebido el 
Prólogo de la primera edición: agotada ésta, merced 
al generoso apoyo de algunas personas que con su 
influencia oficial ayudaron al expendio, nos resolvi- 
mos á publicar de nuevo nuestro trabajo en la for- 
ma en que hoy aparece; es decir, ensanchado con 
materiales que vienen á llenar un vacío en no pocos 
puntos de verdadero interés. 

Debemos esos datos, en primer lugar, á los tres 
volúmenes que en la ciudad de San efosé se dieron 
hace poco á luz, y que se titulan Documentos para la 
Historia de Costa Bica^ con anotaciones preciosas del 
jurisconsulto D. León Fernández. En segundo tér- 



PRÓLOGO 



mino tenemos que mencionar el Compendio de la His- 
toria Social y Política de Honduras^ que se editó en 
Tegucigalpa en 1882, y cuyo autor es el erudito don 
Antonio E. Yallejo: de esta publicación, lo mismo 
que de la anteriormente citada, no sólo hemos entre- 
sacado uno ú otro dato histórico, sino también va- 
rios nombres de gobernadores del período de la co- 
lonia, para aumentar el catálogo de esos agentes en 
la parte que corresponde á Honduras y Costa Eica. 
Muchos centro-americanos tienen noticia de la 
obra que, con el título Recordación Florida compuso 
en la ciudad de Guatemala, en el Siglo XYII, el capi- 
tán Fuentes y Guzmán, y que en 1882 se publicó al 
fin en Madrid con notas é ilustraciones del literato 
español D. Justo Zaragoza: al favor del estudio de 
esas páginas, en las que hay no pocas inexactitudes 
al lado de muchas cosas buenas y verdaderas, nos 
ha sido posible consagrar especial mención á las or- 
denanzas del conquistador Alvarado y á los antiguos 
gremios de artes y oficios; auxiliándonos también, 
al tocar esos y otros puntos, con las Memorias del 
arzobispo guatemalteco Sr. García Peláez. 
., Empero no se encierra en tan angostos límites 
la tarea llevada á cabo para preparar la segunda 
edición: convencidos de que podía muy bien darse 
alguna amplitud al período que se inicia al palpitar 
la vida independiente en el pueblo centro americano, 
hemos querido intercalar, en forma de efemérides, 
ciertos detalles sobre algunas de nuestras revolucio- 
nes, sin apartarnos por eso del propósito de hacer 
abstracción, en cuanto cabe, de la historia de nues- 
tros días, de la que sólo unos cuantos perfiles nos 
proponemos trazar: nunca ha sido nuestro ánimo pe- 
netrar en el fondo de los intereses que hoy agitan la 
política militante en Centro- América: no acogeremos 



PRÓLOGO 



elementos que reciban su savia ó colorido de las cau- 
sas generadoras de nuestras convulsiones ingratas: 
nuestra alma no es susceptible de templarse en el fue- 
go en que se vivifican los que se complacen en recru- 
decer odios en el seno de la familia centro-america- 
na, y que parecen anhelar la renovación del oleaje 
tempestuoso de la discordia doméstica. 

Antes de concluir estas líneas, cumple á nuestro 
deber dar las gracias á las personas que benévola- 
mente ayudaron á hacer circular la primera edición 
en las escuelas é institutos : cuando se medita en lo 
difícil que es vender un libro en nuestros países, en 
los que apenas se ofrece estímulo á las tareas inte- 
lectuales, despiértase un fuerte sentimiento de gra- 
titud hacia los que no participan de la glacial in- 
diferencia de la generalidad. Y aquí parece oportu- 
no decir que el Ministerio de Instrucción pública del 
Salvador, en nota circular dirigida á los gobernado- 
res de los departamentos en 18 de Febrero de 1884, 
recomendó encarecidamente la obra á esos agentes 
de la administración, para que éstos á su vez la re- 
comendasen á las municipalidades de sus jurisdic- 
ciones respectivas . La prensa periódica , conocedora 
de su misión augusta, encomió con galantes frases 
nuestros pobres esfuerzos, sobre todo en el Salvador 
y Nicaragua; y aun en diarios de otros países reper- 
cutió el eco dulce de simpatía tan cariñosa, como 
en Las Novedades de Nueva York, cuyo número del 
21 de Agosto hizo mérito de nuestra imparcialidad 
histórica. También La Opinión Nacional de Caracas, 
en su número del 5 de Junio, nos consagra lisonje- 
ras palabras bajo la firma del gallardo prosista y poe- 
ta Julio Gaicano: laudari ab homine laitdato, podría- 
mos en verdad decir al recordar los conceptos de ese 
noble campeón de las letras venezolanas, si no com- 



PRÓLOGO 



prendiésemos de sobra que la indulgencia y el com- 
pañerismo son el móvil de tan calurosos aplausos. 

. Pero si de mérito real carecen las páginas de este 
estudio, no se nos negará que en ellas se erige un 
altar perpetuo al patriotismo honrado, y que la bue- 
na fe resplandece en todas y en cada una de las par- 
tes de la narración, en la que de seguro no se per- 
cibirán las negras y tristes sombras de la pasión 
política, por la que tantas amarguras y tan crueles 
dolores ha sufrido nuestra desventurada patria. 

Propagado en las escuelas y liceos este libro, será 
infaliblemente un instrumento de unidad al ensenar 
á las nuevas generaciones centro- americanas á con- 
templarse unas por su origen, por sus intereses, su 
destino y porvenir. | Ojalá que hayamos contribuido 
á hacer más palpable á los hijos de los varios Esta- 
dos la solidaridad que los enlaza, para que se vean 
siempre como miembros de una familia común, y que 
la reconstitución política de la patria, cuando al fin 
se efectúe, descanse en base sólida, iluminalá^lo el nue- 
vo edificio nacional por los vivos rayos del astro ben- 
dito de la libertad y de la dicha! 



Guatemala, Mayo de 1885. 



¿I* Sónica Qaitif(o. 



INTRODUCCIÓN. 



SUMARIO. 

Desoripción del territorio de la América Central. — Producciones. — La ar- 
queología. — Ideas generales sobre los primitivos habitantes, sobre la 
conquista efectuada en el siglo XVI, sobre el comercio y otros puntos 
históricos. — Emancipación política. — Criterio para calificar á los anti- 
guos dominadores del país. 

Pocas reg'iones tan dignas de atraer á los viajeros corao 
las de la América Central; pocas sin duda tan seductoras 
por sus bellezas naturales y por su suelo eminentemente 
favorecido. Al ver que los hijos de Europa emigran en 
gran número á buscar en lejanas comarcas los recursos 
para la vida que les niega su patria, nos sorprendemos de 
que no acudan á nuestras playas, en donde no les faltaría 
un asilo hospitalario, un refugio contra las vicisitudes de 
la existencia. 

Los espectáculos terribles y majestuosos alternan en 
nuestro territorio con los amenos y encantadores. La vista 
no se cansa de contemplar nuestros profundos valles, de 
un aspecto, ya risueño, ya grandioso y severo, cruzados 
por impetuosos torrentes ó hermosos ríos, como el Lempa 
y el Goa.scorán, el Usumacinta y el Michatoya, el Ulüa, 
el de la Barranca, y tantos otros que reciben valiosos tri- 
butos de muchos y muy cristalinos arroyos. Admirables 
lagos como los de Nicaragua é Izabal, y lagunas como 
las de Ilopangoy Amatitlán, en cuyas aguas transparentes 
se reflejan con su poderoso atractivo los lugares vecinos, 
contribuyen á embellecer el pai.^^aje La fisonomía de la 



12 INTRODUCCIÓN 



América Central varía á cada paso, é indemniza al viaje- 
ro de las fatigas á que tiene que resignarse en una región 
tan accidentada, y relativamente hablando, dotada de po- 
cos caminos y no muy abundantes medios de transporte 
en ciertos puntos. 

Dicese que los países más pintorescos son ordinaria- 
mente los menos productivos, y que en ellos la aridez del 
suelo somete á duras pruebas la perseverancia del labra- 
dor, quien, para alcanzar una miserable cosecha, tiene 
que buscar capas de tierra para cubrir las rocas. Pocas 
localidades tenemos por acá estériles, si es que así pueden 
calificarse las tierras de algunas alturas: por todos lados, 
en valles y laderas, hay una fertilidad que asombra; y la 
diversidad de las situaciones, según la dirección de las 
montañas, permite muy variados y ricos cultivos. 

Los pastos, ya naturales en la estación de las lluvias, 
ya artificiales con la labranza y el riego en todo el año, 
alimentan el ganado y producen ganancias á los que se 
ocupan, en la industria pecuaria. Por todos lados se en- 
cuentran inmensos bosques; sus maderas se llevan al ex- 
tranjero, aprovechándose las vías fluviales, como en el 
Peten de Guatemala y en la costa del Norte de Honduras, 
ó se exportan fácilmente, como acontece en el litoral del 
Sur de Nicaragua, por la inmediación de las selvas al mar. 
Cuando kis vías de comunicación aumenten, se explotará 
en mayor escala ese artículo, lo mismo que el de la mi- 
nería, si bien para esta ultima se requiere el auxilio de 
grandes capitales. 

La industria, en general, no obstante los progresos 
realizados desde hace algunos años, se encuentra todavía, 
digámoslo así, en un estado embrionario. Centro-América 
es pobre en lo que toca á manufacturas. La actividad de 
los centro-americanos se aplica sobre todo á los produc- 
tos del suelo: nuestro añil y nuestro café, el tabaco, el 
cacao y otros frutos de nuestra industria agrícola, nos dan 
riqueza y aseguran nuestra existencia económica; no son 
las manufacturas nuestro objetivo, ni deben serlo, brin- 
dándonos la tierra con sus pingües rendimientos, y no 



INTRODUCCIÓN 13 



siéndonos posible competir en otras esferas con naciones 
adelantadas y que disponen del caudal del aprendizaje y 
de la práctica en el dominio de los artefactos. 

Además de las maderas de ebanistería, construcción y 
tinte, figuran en los cuadros d? nuestro tráfico con el ex- 
tranjero, la quina, la vainilla, la zarzaparrilla, el hule y 
la coca, junto con otros productos de cultivos de alto pre- 
cio; y al descuajarse los bosques y ensancharse la labran- 
za, va desapareciendo el carácter agreste y primitivo de 
muchas localidades. Es que, el espíritu de la mejora social 
é industrial se impone irremisiblemente con ímpetu vigo- 
roso en el mundo, y á ningún pueblo excluye en el re- 
parto de sus ricos dones. 

En la parte baja de nuestras mayores alturas descubre 
la vista colinas cubiertas de la vegetación brillante de los 
trópicos; flores de hermoso color exhalan perfumes que 
embalsaman la atmósfera hasta muy lejos; infinitos arro- 
yos que descienden de la cordillera, sostienen la fecundi- 
dad de la tierra. 

Al aproximarse á las costas de la América Central, se 
encuentran todavía habitaciones indígenas en muchos 
puntos, ya diseminadas, ya agrupadas á manera de pe- 
queños villorrios: esas viviendas están comúnmente cu- 
biertas con hojas de palmera ó con paja, y en ellas habi- 
tan sus sencillos y honrados moradores. 

Fijémonos en la boca-costa de la República del Salva- 
dor; la naturaleza se muestra allí en su esplendor majes- 
tuoso. Si dirigimos la vista á las magníficas plantaciones 
de caña de azúcar y de café, que allí atestiguan la perse- 
verancia de los salvadoreños en el trabajo; si contempla- 
mos los alegres pueblecitos, ceñidos de cocoteros y pláta- 
nos, limoneros, naranjos y otros árboles ligados entre sí 
por bellas guirnaldas; si desdé un lugar un tanto alto di- 
rigimos una mirada al mar para disfrutar del magnífico 
cuadro que ofrece, no podemos menos de sentirnos con- 
movidos en presencia de escenas tan espléndidas. 

En general, las plantas y los árboles poseen en nues- 
tro territorio un vigor desconocido en otras partes; las 



14 INTRODUCCIÓN 



frutas, de proporciones extraordinarias, y las flores de un 
brillo sin igual, cautivan la atención del europeo que por 
primera vez nos visita. Los pájaros, entre los que ñguran 
el quetzal tan estimado, reflejan los colores del arco iris> 
hasta los insectos están revestidos de un incomparable 
adorno: durante la noche, millares de moscas brillantes 
trazan á menudo en los bosques próximos al mar fantás- 
ticos dibujos, y las luces fosforescentes encantan las mi- 
radas en aquellos sitios tristes y silenciosos: alli, la dili- 
gente abeja revolotea y zumba, la mariposa descansa sobre 
las hojas del suquinay y del amate ^ los vientos enmudecen, 
y sólo se escucha el canto acompasado de la tórtola que 
hiende los aires para acercase al cielo. 

En lo que toca á la arqueología, la América Central 
ofrece un hermoso campo de investigación al que quiera 
visitar las ruinas de Quiriguá, Copan, Tikal, el Quiche, 
Tecpán-Guatemala, Opico de San Vicente y otras de no 
escaso interés. Al contemplar los vestigios de monumen- 
tos de cierta importancia, con la curiosidad y el gusto que 
despierta la idea del pasado con sus esplendores y secre- 
tos, se comprende de sobra que en los escombros y el polvo 
de las ciudades desaparecidas está enterrada una civili- 
zación digna de estudio. 

No parece sino que la América del Centro, ataviada 
con tantas galas y enriquecida con tantos productos en 
los diversos reinos de la naturaleza, debiese llevar y haber 
siempre llevado una vida fecunda, á la sombra de la paz 
y del orden, para que, en brazos del trabajo y al arrullo 
de los cánticos del amor y la armonía, llenase sin tregua 
su misión providencial, ya que, por otra parte, su situa- 
ción geográfica y sus magníficos puertos la hacen acce- 
sible por el Sur y el Norte á las naves y al comercio de todos 
los países del globo. 

No puede, sin embargo, afirmarse que así haya sido en 
lo absoluto; y si hoy los centro-americanos van sometién- 
dose á la ley del progreso y de la fraternidad, fuerza es 
decir que en largos períodos han rendido vasallaje á las 
malas pasiones, dejándose arrastrar por el funesto influjo 



INTRODUCCIÓN 15 



de la discordia que, con su hálito envenenado, ha corrom- 
pido la atmósfera de la patria. Conviene poner de relieve 
las faltas cometidas, para repararlas con una conducta 
sensata en lo de adelante. 

Abundan nuestros anales en rasgos que señalan nues- 
tros errores y extravíos, harto vergonzosos por cierto en 
muchas ocasiones: verdad es que unas veces indican inex- 
periencia y hasta exceso de candor en el ejercicio del go- 
bierno propio; pero otras presentan en toda su desnudez 
el desprecio con que se ha visto la moral política, que es 
la base de la organización de las sociedades. 

Si, remontándonos un poco más lejos, volvemos la vista 
atrás y consultamos las páginas de la historia en la épo- 
ca del régimen colonial, encontramos que en esa parte del 
cuadro se percibe no poca sombra, al lado de la luz pro- 
yectada por los hechos laudables y meritorios. 

Los primitivos habitantes de estas tierras, arbitros de 
su suerte antes de la invasión europea, poseían una cul- 
tura relativa, aunque eclipsada por costumbres verdade- 
ramente lastimosas. Pero los abusos empleados en la con- 
quista, el trato que á los indios se daba, el espíritu de gran- 
jeria de muchos de los nuevos dominadores y el sistema 
económico establecido por la metrópoli, fueron causas bas- 
tantes, no sólo para la disminución y degradación injus- 
tificables de la raza indígena, sino para entorpecer la mar- 
cha de estos países y retardar su natural desenvolvimiento. 
No se crea, sin embargo, que nuestros juicios estén satu- 
rados de pasión: no fallaremos por algunos rasgos salien- 
tes del cuadro: es el conjunto lo que con calma é impar- 
cialidad tratamos de examinar: al señalar lo malo, no 
omitiremos lo bueno: el pro y el contra estarán igualmente 
delineados: no escribimos para complacer á ninguno en 
particular: la justicia es nuestro norte; y antes que acu- 
mular cargos infundados sobre una época dada ó sobre 
ciertos círculos ó individuos, preferiríamos guardar silen- 
cio y abandonar nuestra tarea. 

El mal sistema de los repartimientos de indios y el no 
menos detestable de las encomiendas, merecen la execra- 



16 INTRODUCCIÓN 



ción con que la posteridad los ha marcado: el gobierno de 
la metrópoli procuraba, con leyes sabias, poner coto á se- 
mejantes abusos; pero apenas conseg-ula atenuar los males 
que experimentaban aquellos infelices, sin embargo de 
que era apoyado por el constante patronato que en favor 
de estos últimos ejercía el clero, que «en aquel entonces 
representaba el elemento humanitario y civilizador». 

La reina Isabel, en su lecho de muerte, había recomen- 
dado á sus sucesores que protegiesen á los desvalidos in- 
dios: la corte de España, fiel intérprete de ideas tan gene- 
rosas y de tan cristianos sentimientos, no cesaba de pre- 
venir á los que administraban estas provincias, lo mismo 
que á los que gobernaban en las demás, el buen trato de 
los naturales: la audiencia y muchos de los gobernadores 
se esforzaban por dar el lleno debido á tales órdenes; mas 
no siempre alcanzaban á operar el bien por completo: la 
codicia de los colonos y feudatarios poseía poder para bur- 
lar en gran parte tan justas medidas. 

En esta filantrópica tarea había tomado enérgicamente 
la iniciativa el liberal sacerdote fray Bartolomé de Las 
Casas, que por algún tiempo residió en varios puntos de 
la América Central, y que de un modo eficaz contribuyó 
á la conquista pacífica de la provincia de Tezulutlán ó 
Verapaz. 

Ese -hombre virtuoso, aunque dotado de un exagerado 
celo por los indios, celo que no dejó de producir desazones 
y disturbios, fué el que más alto hizo resonar en América 
y España su autorizada voz con valientes declamaciones. 
Los abusos, interrumpidos á veces, reaparecían de 
nuevo; y si bien fueron abolidos los repartimientos, así 
como las encomiendas, siempre los indios tenían que pagar 
un tributo anual y se les mantenía en una tutela que no 
cesaba sino con la muerte. 

Por lo demás, por mucho que el gobierno de la metró- 
poli, como queda dicho, y algunos de sus funcionarios en 
estos países se interesaran por la suerte de los indígenas, 
la astuta codicia de los blancos encontraba frecuentemen- 
te medios de molestarlos y oprimirlos en las faenas de la 



INTRODUCCIÓN 1 7 



agricultura y de otras industrias, y eu las fatigas que les 
imponían con el transporte de pesadas carg-as en larg'os y 
fragosos caminos. 

Apartemos los ojos de ese espectáculo, y hablemos de 
otra cosa, aunque no podamos prescindir de seguir pun- 
tualizando faltas harto vituperables. 

Fué Costa Rica la primera comarca centro-americana 
sojuzgada por las armas europeas, después de reñidas 
acciones de guerra, en algunas de las cuales lucieron su 
denuedo los caciques Urraca y Exqueguá^ sometidos al 
fin con sus valerosas huestes por los intrépidos españoles. 

Por todas partes, en nuestro territorio, se libraban ba- 
tallas: Zapotitlán, Chiquimula, Copan, Acajutla y otros 
mil y mil lugares fueron regados, no sólo con la sangre 
de los atrevidos europeos, sino principalmente con la de 
los dueños de estas regiones, que resistían la dominación 
extranjera. Justicia y no escasa les asistía para combatir 
por su libertad, previendo la triste suerte que el destino 
les deparaba bajo la administración de funcionarios poco 
escrupulosos y en poder de tantos colonos poseídos de am- 
biciosas miras. 

Diego López de Salcedo fué uno de los europeos que 
desde el principio se hicieron notar por la arbitrariedad y 
cruel carácter de sus actos. Desde su llegada á Trujillo, 
investido del cargo de gobernador de Honduras, redujo á 
prisión y dio un duro trato á varios colonos españoles: la 
audiencia de Santo Domingo le había recomendado la 
lenidad en su política con los indios, y que por medios 
suaves los atrajese á la obediencia del soberano; mas como 
sólo dominara en él la sed del lucro, desentendióse de esa 
parte de sus instrucciones, y sometió á sus caprichos á los 
naturales. 

Pretendiendo que Nicaragua pertenecía á la jurisdic- 
ción de Honduras, se decidió á establecer también en ella 
su dominio, y se dirigió á la ciudad de León: arbitrarieda- 
des sin número ejercidas en los infelices nativos, señalaron 
su paso en aquella larga jornada. 

Vituperable fué la conducta de Salcedo: pero no lo fué 



INTRODUCCIÓN 



menos la de Pedrarias Dávila, gobernador de Nicaragua, 
de quien refiere la historia hechos espantosos, cometidos 
en los indios repetidas veces. 

Tristes recuerdos, por su duro comportamiento, deja- 
ron algunos de los agentes del gobierno de España, sobre 
todo entre los que vinieron en los primeros días de la co- 
lonización de estos países. Pero debe decirse la verdad en- 
tera, si se quiere rendir homenaje á la imparcialidad his- 
tórica. 

Funcionarios hubo, y no pocos, cuyo manejo se subor- 
dinó estrictamente á los buenos principios de la justicia y 
la sana política; protectores de los indios y respetuosos á 
los preceptos de la ley, administraban las provincias de 
un modo digno y satisfactorio, ya evitando el abuso y re- 
primiendo el crimen, ya promoviendo mejoras en lo moral 
y en lo material. 

Merecen ser citados como modelo algunos de los go- 
bernadores generales de lo que se llamaba «Reino de Gua- 
temala.» Tenemos uno de éstos en el licenciado Alonso 
López Cerrato, tan recto como ilustrado: él declaró en su 
mayor parte libres á los indios que estaban en la esclavi- 
tud, manejó con pureza la real hacienda, abrió caminos é 
hizo otras muchas mejoras. 

El Sr. Rosica de Caldas, que en España había ocupado 
una alta posición, se distinguió aquí por el entusiasmo con 
que procuraba el avance de los intereses materiales, si bien 
no dejó de emplear algún despotismo en sus providencias 
y órdenes, encaminadas al progreso. 

También el Sr. Henríquez de Guzmán fué uno de los 
que se señalaron por sus hechos meritorios: la mejora y 
ensanche de los hospitales de Guatemala, ocuparon su 
atención; para ese objeto cedió cinco mil pesos de su pro- 
pio peculio. 

Eso es por lo que hace á los altos dignatarios que ejer- 
cieron, por decirlo así, el poder central; pero también hubo 
agentes subalternos merecedores de encomio por sus vir- 
tudes: recordemos, entre los de esa categoría administra- 
tiva, al gobernador de la provincia de Costa Rica, D. Gre- 



INTRODUCCIÓN 1 9 



gorio de Sandoval, que invirtió constantemente su sueldo 
en civilizar á los indios, en abrir vías de comunicación, en 
construir edificios públicos para embellecer la ciudad de 
Cartago, etc., etc. El desinterés y el celo patriótico de ese 
y otros muchos empleados, hablan muy alto en honra de 
la dominación ibérica; son datos que no deben menospre- 
ciarse al Sujetarla á concienzudo examen, para no incidir 
en errores que desfiguren la verdad que se persigue. 

En la época del coloniaje, la América Central pasó lar- 
gos períodos de somnolencia y letargo, en que la vida 
parecía en suspenso, sin advertirse señales de actividad. 
Preocupado frecuentemente el gobierno de la metrópoli 
de los asuntos relacionados con las guerras que con otros 
países de Europa sostenía España, no le era posible aten- 
der de un modo solícito á la administración colonial. 

Interrumpíase por años consecutivos nuestro tráfico 
mercantil con la Península, adonde únicamente iban nues- 
tros frutos, y de donde tan sólo nos venían los productos 
de la industria europea, en virtud del sistema restrictivo 
establecido en estos países. Los corsarios infestaban nues- 
tras costas del Norte y del Sur, penetrando á veces hostil- 
mente hasta el interior, y poniendo en conflictos á las auto- 
ridades de estas casi inermes provincias: gastos y sacri- 
ficios de todo género imponía á los colonos la necesidad 
de armarse para rechazar al filibustero insolente. España 
se mantenía en apuros por sus luchas con la Gran Bretaña 
y otras naciones de Europa; pedía auxilios de dinero al 
reino de Guatemala, y era preciso mandarlos á expensas 
de los habitantes de estas tierras; y por esta causa se 
aumentaban los gravámenes fijados á la industria. 

La emancipación política efectuada en 1821 fué el 
cumplimiento de una ley de la naturaleza, y cambió la 
faz de las cosas. No era razonable ni conforme con nues- 
tros intereses que siguiéramos recibiendo reglas de admi- 
nistración y de justicia de un país situado á tan vasta dis- 
tancia de nosotros. La autonomía centro-americana no 
costó, sin embargo, los sacrificios de sangre á cuyo pre- 
cio se obtuviera la de otras secciones del nuevo mundo. 



20 INTRODUCCIÓN 



Pero al mencionarla exig-e la imparcialidad que recorde- 
mos á los salvadoreños D. Nicolás Agfuilar, doctor D. José 
Matías Delgado y D. Manuel José Arce, y á los guatemal- 
tecos D. José Francisco Barrundia y licenciado D. José 
Francisco Córdova, lo mismo que á otros patriotas nica- 
ragüenses, que, desafiando los peligros á que se exponían, 
trabajaron por la libertad de estos pueblos desde mucho 
antes de 1821. 

Al juzgar los sucesos ocurridos desde que entramos en 
la vida propia, se hace preciso aplicar un criterio muy 
recto en el examen de las causas y sus efectos: hay que 
considerar nuestra inexperiencia para las tareas del go- 
bierno y la falta de prácticas republicanas en que por lar- 
gos años nos hemos hallado: así se excusarán hasta cierto 
punto muchos de nuestros errores políticos. 

Procedamos de igual modo al poner en tela de juicio 
la conquista y el coloniaje, atendiendo al espíritu de la 
época, á las costumbres é ideas á la sazón dominantes; 
atendiendo además á los obstáculos que al principio ro- 
deaban á los funcionarios que administraban estos países 
y que no siempre tenían medios para poner á raya la co- 
dicia de los colonos. 

Considerando estas y otras circunstancias, será dado 
atenuar el fallo que merezcan muchas de las faltas que 
tales agentes cometieron, aunque nunca sea lícito que se 
las justifique, cual sería de desear, tratándose de los de- 
fectos de hombres de nuestra misma raza y familia. 

Procuremos que en nuestro modo de ser no se refleje 
ninguna de las manchas que afearon el período colonial, 
y que nuestra conducta se atempere de un modo constan- 
te á los sanos preceptos de la honradez y el buen sentido, 
sin que sobrevengan eclipses como los que repetidas veces 
han anublado el cielo de la patria; entonces, cuando de 
ninguna falta pueda con justicia acusársenos, se nos per- 
donará tal vez el exhalar quejas contra los que en tiempos 
atrás administraron estas bellas porciones del nuevo mun- 
do, como delegados de la corona de Castilla. 



I. 



Los antigaos pueblos indígenas 

de la América Central y el descubrimiento del país 

por Cristóbal Colón en su cuarto viaje. 



SUMARIO. 

Cülttira de los antiguos pueblos indígenas. — Imperio de Votan. — Los tul- 
tecas. — El reino del Quiche. — Lenguas de los aborígenes. — Monarquía 
cakchiquel y sus luchas con la del Quiche. — Otras mo^arquias y seño- 
ríos. — Religión, templos, sacrificios, etc. — Formas de gobierno. — Leyes 
contra la tiranía. — Derecho internacional. — El matrimonio. — El respeto 
á la propiedad. — Agricultura, pintura y esciitura. — Calendarios. — Colón 
descubre y visita las costas del Norte de Centro- América. 

La porción del nuevo mundo que en la época del colo- 
niaje se denominó «Reino de Guatemala,» y que desde la 
Independencia se llama «América Central,* estaba habi- 
tada, á la lleg-ada de los españoles en el siglo XVI, por 
pueblos que hablan alcanzado cierto grado de cultura y 
que tenían su religión y leyes, sus autoridades y tribu- 
nales. 

Si nos remontamos á las antiguas tradiciones, vemos 
que se hace mención de la venida de Votan, quien desem- 
barcó en las costas de Tabasco, sometiendo las tribus sal- 
vajes de ese territorio y civilizándolas: atribuyesele la fun- 
dación de la ciudad de Nachán, cuyas ruinas se conocen 
hoy con el nombre del Palenque, y que fué la capital de un 
vasto imperio que aquel personaje y sus sucesores eusan- 
ckaron hasta abarcar una parte de la América Central y 
otra de México, y que los indios denominaban de Xibal- 
bay ó Xibalba. 

Asegúrase que después vinieron los Nahoas ó Tultecas, 



22 ESTUDIO HISTÓRICO 



fundadores de la ciudad de Tula, cuyas ruinas existen cer- 
ca de Ocosingo en Chiapas, y que el caudillo de ese pueblo 
era Quetzalcohuatl, que significa «serpiente con plumas 
de quetzal,» á quien los mexicanos adoraron más tarde 
como á un dios. 

Dicese que la capital de los tultecas llegó á alcanzar 
más grandeza y poderío que la del imperio de Xibalba: que 
los xibalbaidas tuvieron que emigrar, derramándose por 
varios puntos y fundando otra ciudad de Tula al Norte de 
México: que el reino que allá establecieron fué destruido 
por el hambre; y que el último rey tulteca de México emi- 
gró con los restos de su pueblo y pasó á Honduras, fijan- 
do su corte en Copantl. 

El reino del Quiche, que existia en territorio que hoy 
es de Guatemala, tuvo su origen en tribus del imperio tul- 
teca y en otras que con ellas se trasladaron acá y que se 
adueñaron de la mayor parte del país. De México proce- 
dían también los inmigrantes que algún tiempo antes se 
extendieron por nuestras costas del Sur, conocidos con el 
nombre de Chorotegas, y que fundaron la población deno- 
minada Choluteca. 

Los ascendientes de los quichés se establecieron en la 
Verapaz, al Norte de Rabinal, ocupándose en hostilizar á 
los pueblos vecinos, llamados Mames, quienes por su parte 
trabajaron también por aniquilar á sus adversarios. Los 
quichés se proponían principalmente en aquellas corre- 
rías robar hombres para inmolarlos en aras de Tohil, san- 
guinaria deidad del sistema religioso de aquel pueblo. 

Las tribus residentes cerca de la colonia de los quichés, 
se sometieron al fin al dominio de éstos; y los jefes que 
consiguieron ese triunfo se ausentaron en seguida, vol- 
viendo después, y fueron recibidos con júbilo por las tri- 
bus todas, las que, al multiplicarse, poblaron el lugar lla- 
mado Quix-Ché, del cual se originó sin duda el nombre de 
Quiche, que se dio después á la nación entera. Levantaron 
una ciudad denominada Izraachi, empleando en la fábrica 
de las casas y edificios la piedra y la cal, de que antes no 
se había hecho uso. 



DE LA AMERICA CENTRAL 23 

Los quichés fundaron un imperio muy vasto, que com- 
prendía las provincias de Quezaltenango, Atitlán, Tecpán, 
Suchitepequez, los señoríos de los Mames y Pokomanes^ 
los Cuchumataues, gran parte de los territorios de Chiapas 
y Soconuzco, y los dominios de los poderosos reyes de Co- 
pan; pero no se extendía á la Verapaz ni á las provincias 
de Comayag-ua, Nicaragua y demás, que eran gobernadas 
por caciques independientes de los reyes del Quiche; de 
éstos eran feudatarias algunas de las provincias dichas, 
como eran tributarlas de ellos mismos las nacionalidades 
de los cakchiqueles, tzutohiles y otros de Guatemala. 

En el territorio que hoy es guatemalteco, predomina- 
ban las lenguas quiche, cakchiquel, pokomán, náhuatl, 
pipil y otras: en el actual territorio del Salvador la pipil, 
náhuatl, chortí y pokomán: en el de Honduras la ulba, 
chontal y pipil: en el de Nicaragua, pipil corrupta, man- 
gue, maribio, pontón y chontal; y en el de Costa Rica y 
Mcoya la materna y la mangue. 

Ocupándonos de la nación quiche, nos corresponde 
decir que á ella cupo el desempeño del principal papel en 
la historia de la América Central, antes de la venida de 
los españoles; tuvo sus reyes, de los que se enumeran ca- 
torce, el primero de los cuales fué Balán-Quitzé. 

La monarquía cakchiquel era feudataria y aliada del 
reino quiche, y tuvo con éste luchas sangrientas y pro- 
longadas, llegando á engrandecerse y á establecer su corte 
en la ciudad de Quauhtemalán. 

Además de esas dos monarquías existentes en territo- 
rio guatemalteco, á la venida de los españoles, se contaba 
el señorío tzutohil, cuya capital era Tziquinahay, no lejos 
del actual pueblo de Atitlán: también existía el reino de 
los Mames, el de Payaquí y otros señoríos y nacionali- 
dades. 

Las naciones quiche y cakchiquel tenían sus ideas 
sobre la divinidad, la creación del universo y la formación 
del hombre, y tributaban culto á sus dioses. Tenían fe en 
que había un «Creador* y ^Formador supremo». 

El culto de los dioses consistía principalmente en cier- 



24 ESTUDIO HISTÓRICO 



tas festividades en que tomaban parte todos los individuos, 
ó sólo algunas familias, y se hacían ofrendas de frutas y 
flores, é inmolación de hombres y animales, ejerciendo 
las funciones de pontífice el señor de la provincia ó algu- 
no de sus próximos parientes. Los templos estaban ador- 
nados con ramas y ñores; y los ídolos se guardaban en 
cuevas, por temor de que los hurtasen las tribus ene- 
migas. 

De los esclavos hechos en la guerra se tomaban regu- 
larmente las víctimas destinadas al sacrificio , y se les 
abría el pecho con un cuchillo de obsidiana, para extraer- 
les el corazón y ofrecerlo al ídolo. Cocíanse los cuerpos de 
los sacrificados, y los comían los sacerdotes antropófagos. 
Esto se practicaba en las mayores festividades , en cuyos 
días se servían grandes comilonas en todas las casas, em- 
borrachándose entonces con la cMcha las gentes, con par- 
ticularidad el rey y los nobles. En algunas ciudades esta- 
ban los ídolos en los templos, siendo éstos unas capillas 
hechas de madera y paja: no se conocía el uso de la teja. 

Las tribus que habitaban el territorio de Nicaragua re- 
conocían un dios principal, creador de los hombres; con- 
servaban la memoria de un diluvio; creían en la inmorta- 
lidad del alma, y en el premio de los buenos y castigo de 
los malos después de la muerte. 

En algunos de los pueblos de lo que hoy es territorio 
hondureno, se conservaba la tradición de haber aparecido, 
unos doscientos años antes de la conquista, una mujer 
blanca y misteriosa, que les enseñó la religión, haciéndo- 
los adorar dioses inferiores y superiores, á quienes pedían 
el alivio de sus necesidades. Los indios de Honduras prac- 
ticaban los sacrificios humanos; pero no comían la carne 
de las víctimas. 

Pasemos á hablar de la forma de gobierno : la del Qui- 
che era una monarquía aristocrática y hereditaria; pero 
cuando moría el monarca, no recaía la corona en su 
hijo, sino en el hermano mayor, que ya había tomado par- 
te en el ejercicio del gobierno. Todos los más importantes 
cargos se alcanzaban por rigurosa escala, para que en los 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 25 

funcionarios no faltase el conocimiento práctico de los ne- 
gocios. 

Las leyes habían establecido remedio contra la tiranía; 
si el jefe de la nación cometía abusos, la aristocracia tenía 
el derecho de destituirlo, ligándose contra él los señores 
de las provincias con la mira de derrocarlo; pero si la ten- 
tativa se frustraba, el monarca castigaba con la mayor 
severidad á los rebeldes, aplicándoles el tormento y la pe- 
na de muerte, confiscación de bienes y esclavitud. 

En las tribus que poblaban el territorip de Nicaragua, 
se contaban dos clases de gobierno; en algunas era repu- 
blicano, ejerciendo la autoridad un senado electivo, com- 
puesto de ancianos; en otras era monárquico representa- 
tivo, ejercido por caciques. 

El derecho público de los antiguos indios, como se ve, 
ofrecía algunos signos de adelanto; no así el derecho in- 
ternacional, pues las diversas tribus se hacían á menudo 
la guerra, sin causa justa, destruían las ciudades venci- 
das y cometían otros actos de barbarie (1). 

Según parece, el matrimonio era un contrato puramen- 
te civil; existían los impedimentos de consanguinidad tan 
sólo en la línea masculina, pudiendo casarse entre sí los 
parientes por la línea materna. Los matrimonios de los 
plebeyos se celebraban con menos ceremonias que los de 
los nobles; y aunque se permitiese á los hombres tener 
muchas mujeres, una sola era la legítima, las demás eran 
miradas como concubinas; así se explica la existencia de 
leyes contra la poligamia. 

Uno de los rasgos más distintivos de la cultura de un 
pueblo es el respeto profundo á la propiedad, la que cons- 
tituye para el hombre un derecho tan sagrado como lo es 
el libre ejercicio de sus facultades; el título de propiedad de 
un individuo es incontestable y lleva impreso el sello de 
su personalidad misma. 



(1) En la sección de Tribunales de este libro, se explica detenidamente el 
derecho internacional de los antiguos pueblos indígenas, su mo«lo de admi- 
nistrar justicia y las penas que estaban en uso entro ellos. 



26 ESTUDIO HISTÓRICO 



Decimos esto al recordar que en las antiguas naciones 
indígenas de la América Central no faltaba el respeto á la 
propiedad; el que no tenía hijos legítimos era sepultado 
al morir, con sus riquezas; es decir, con sus alhajas, sus 
telas y plumas y con su cacao, que servia de moneda; esta 
costumbre, en su exageración misma, comprueba la ver- 
dad que indicamos. 

En cuanto á la agricultura, consta que sembraban 
principalmente el frijol, el cacao y el maíz; con este últi- 
mo confeccionaban la tortilla qué conocemos en el día (1). 

No ignoraban el arte de escribir, aunque su escritura 
consistía en ciertas figuras ó signos, con que expresaban 
sus ideas trazando los caracteres en una especie de papel 
que hacían con la corteza del árbol llamado amatl. 

No les era desconocido el arte de la pintura, que ejer- 
citaban con los colores producidos por tierras metálicas y 
plantas tintóreas. 

Para la división del tiempo habían adoptado el sistema 
tulteca, contando al principio por lunaciones de veintiséis 
días cada una y concluyendo por conformar su calenda- 
rio con el curso del sol. 

Hácese mérito de tres calendarios quichés, citado uno 
de ellos por Ximénez en sus crónicas, y otro por el cura 
párroco D. Vicente Hernández en un manuscrito que exis- 
te en la Biblioteca nacional de Guatemala: en el del padre 
Hernández se encuentran clasificados los días en buenos, 
malos é indiferentes; lo que demuestra lo supersticiosos 
que eran los antiguos pueblos indígenas. 

Los indios de Nicaragua dividían el año, lo mismo que 
los del Quiche, en diez y ocho meses de veinte días; y los 
de Honduras, adoptando la división usada en las otras pro- 
vincias, daban al año el nombre de Toalar, palabra que 
significa «cosa que va pasando». 

Semejante modo de ser social y religioso tenía marca- 



(I) En la sección de Agricultura y Comercio se encontrará lo que acerca 
de estos dos ramos y de la industria en general concierne á los antiguos 
aborígenes. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 27 

do SU término por la ley providencial que rige al mundo, 
y comenzó á transformarse con la venida de los españo- 
les que, conducidos por el navegante ilustre Cristóbal 
Colón, descubrieron este continente el 12 de Octubre 
de 1492. 

El mismo Colón, en su cuarto y último viaje, realiza- 
do en 1502, descubrió la tierra de Centro-América ; llegó 
el 30 de Julio del mismo año á la isla Guanaja, á cuyos 
habitantes juzgó más civilizados que los de las Antillas. 

Continuando la navegación el inmortal Almirante, 
arribó á la punta de Caxinas, que es el sitio mismo donde 
después se estableciera el puerto de Trujillo. Desembarcó 
con los demás compañeros, entre quienes se encontraban 
su hermano D. Bartolomé y su hijo menor D. Fernando, 
niño aún; y asistieron todos á la misa celebrada aquel día 
por vez primera en suelo centro-americano. 

Siguió avanzando la escuadrilla con los expediciona- 
rios á lo largo de la costa, sin alejarse mucho de ella; y 
después de reconocer el rio Tinto y de recorrer el litoral 
de los Mosquitos y de Costa Rica, desembarcando en al- 
gunos puntos, regresó la expedición, llevando por todo 
provecho material unas doscientas piezas de oro. 




u. 



Conquista y colonización de Cruatemala, El Salvador 
y demás porciones de la América Central. 



SUMARIO. 

Ocupación de México por Cortés y envió de una expedición á Guatemala y 
otra á Hondxu-as. — Instrucciones dadas por Cortés á los jefes expedicio- 
narios Alvarado y Olid. — Sumisión de Tehuantepec. — Principales monar- 
quias indigenas. — Batallas de Tonalá, del rio Tilapa, del rio Zamalá y 
otras. — Ocupación de Utatlán, Iximché y Atitlán. — Incendio de Itzcmn- 
tlán. — Hechos de armas en Paxaco, Acajutla y Tacuxcalco. — Campaña 
de Cuscatlán. — Regreso de Alvarado á la capital de los cakchiqueles y 
fundación de la primera ciudad de Guatemala. — Insurrecciones de los 
indios. — Refuerzo que de México recibe Alvarado. — Traslación de la oin- 
- dad de Guatemala á Xepau. — La ciudad de San Salvador. — Conquista 
de los indios mames. — Cartas que desde Trujillo dirige Cortés á, Alvara- 
do. — Viaje de este último á la Choluteca, su regreso en compañía de otras 
fuerzas españolas y hostilidades que sufrió en Chaparrastique. — Batallan 
de Petapa, do Panchoy y de la antigua capital do los cakchiqueles. — 
Viajes de Alvarado á México y k España, y honores que en la corte se le 
dispensaron. — Nombramiento- de teniente de gobernador de Guatemala 
hecho en un hermano de Alvarado. — Traslación de la capital al valle do 
Almolonga, y más tardo al de Panchoy. 

Tomada la Ciudad de México por el ilustre capitán es- 
pañol Hernán Cortés en Ag-osto de 1521, consagró su acti- 
vidad ese jefe á objetos de la mayor importancia: no sólo 
siguió ocupándose en sojuzgar el imperio de Montezu- 
ma, sino que dispuso mandar fuerzas á conquistar y pa- 
cificar pueblos remotos. 

Proponíase con ello el sagaz conquistador de México 
ensanchar en lo posible los dominios de España en el 
nuevo mundo y dar ocupación á muchos de los que le ha- 
bían acompañado en aquella difícil y gloriosa campana y 



30 ESTUDIO HISTÓRICO 



que en ella se habían hecho notar por su denuedo y sufri- 
miento, no menos que por otras cualidades. 

Sabedor de que Gil González Dávila había partido de 
Santo Domingo con una escuadra destinada á Honduras, 
de cuya riqueza tenía el mismo Cortés exagerados infor- 
mes, determinó disputar esa conquista á Gil González. 

Preparó, pues, dos expediciones, para que fuera por 
tierra la una, y la otra por mar. 

El elevado concepto que' tenía de Pedro de Alvarado y 
de Cristóbal de Olid, dos de sus principales tenientes, le 
indujo á confiar al primero la expedición que por tierra 
debía encaminarse á la conquista de Guatemala y pacifi- 
car de paso ciertos pueblos que estaban rebelados contra 
Cortés. 

Alvarado debía también apoyar en la conquista de 
Honduras á Cristóbal de Olid, quien se embarcó en Vera- 
cruz llevando cinco navios y un bergantín, en los que iban 
trescientos setenta soldados. 

El 6 de Diciembre de 1523 salió de México Pedro de 
Alvarado, á la cabeza de trescientos soldados de infante- 
ría y ciento veinte de caballería; traía además cuarenta 
caballos de reserva, cuatro cañones pequeños y una sec- 
ción auxiliar compuesta -de cien mexicanos y doscientos 
tlaxcaltecas, y un gran número de indios de carga que con- 
ducían el tren. Acompañábanle varios españoles distin- 
guidos y los clérigos Juan Godínez y Juan Díaz. 

Alvarado, lo mismo que Olid, había recibido instruc- 
ciones para procurar ganarse á los indios por medios sua- 
ves y pacíficos, enseñarles los principios del cristianismo, 
buscar y rescatar oro y plata, evitar los sacrificios huma- 
nos entre los naturales, etc., etc. 

Al llegar Alvarado con su pequeño ejército á Tehuan- 
tepec, sometió esa provincia insurreccionada, de un modo 
breve, recibiéndosele amistosamente en la capital. Pasó 
de allí á Soconusco, en donde empezó á encontrar resis- 
tencias. 

En aquella época, como queda dicho, había tres prin- 
cipales monarquías en lo que hoy es territorio guatemal- 



DE LA AMERICA CENTRAL 31 

teco: la del Quiche, cuyos príncipes soberanos residían en 
ütatlán, ó Gumarcaah; la de los cakchiqueles, cuya capi- 
tal era Iximché ó Tecpám-Quauhtemalán, y la de los tzu- 
tohiles, que tenían su corte en Atitlán. 

El segundo de esos tres reinos había solicitado el pro- 
tectorado de los españoles; mas los reyes del Quiche, que 
no abrigaban simpatía por los extranjeros que invadían 
el país, al aproximarse éstos, se ligaron con los señores de 
Soconuzco, colocando una fuerza considerable en aquella 
provincia. 

Allí, en las inmediaciones de Tonalá, se dio la primera 
batalla, favorable á las armas de España. 

La derrota no desalentó álos príncipes del Quiche; uno 
de ellos, Tecum, fué nombrado para tomar el mando del 
ejército, engrosado con gente aguerrida de Totonicapám, 
Quezaltenango y otros puntos. 

A orillas del río Tilapa, que dividía las provincias de 
Soconuzco y Suchitepequez, tuvo Alvarado un nuevo en- 
cuentro con el enemigo, del que salió victorioso; y siguió 
avanzando hacia Zapotitlán, transitando con trabajo por 
los caminos, que estaban obstruidos. 

En el río Zamalá se hallaba el grueso del ejército de 
los de Zapotitlán en puntos ventajosos: emprendióse el 
combate y triunfó Alvarado. Combatiendo siempre los es- 
pañoles, llegaron hasta el mismo Zapotitlán, colocando su 
campamento en el mercado. 

Los indios peleaban también con denuedo, y contaban 
con fuerzas muy numerosas; pero no podían sobreponerse 
á la táctica y superioridad de armas de los europeos. 

Permanecieron dos días en Zapotitlán los españoles, y 
continuaron su marcha. Después de subir la cuesta llama- 
da hoy de Santa María, y de descansar á la mitad de ella, 
se batieron con los quichés en una llanura, alcanzando 
otra victoria tras un reñido combate: los caballos servían 
de mucho auxilio á Alvarado y llenaban de terror á los 
indios. Los españoles ocuparon la población que hoy se 
llama Quezaltenango; aunque muy cerca de allí, entre esa 
localidad y Totonicapám, tuvieron después que sostener 



32 ESTUDIO HISTÓRICO 



una nueva refriega con el ejército del Quiche; pero Alva- 
rado ocupó al fin la ciudad de Utatlán y condenó á muer- 
te á los monarcas quichés, entregándolos á las llamas. 

Siguieron los vencedores su camino á Iximché ; cerca 
de esa ciudad encontraron á los reyes, que hahlan salido 
á recibirlos: el general español se alojó en el palacio de 
de Tzupám; en él encontró todo lo necesario para el man- 
tenimiento y regalo de su persona y de sus tropas, pues 
nada habían omitido los principales cakchiqueles para 
festejar á los invasores, por quienes tanto respeto y temor 
abrigaban. 

Los reyes cakchiqueles recabaron el auxilio de Alvara- 
do contra los tzutohiles de Atitlán, con quienes estaban en 
guerra desde hacía tiempo. 

Obsequiada la indicación por el general español , salió 
de Iximché con fuerzas europeas, mexicanas y de los mis- 
mos cakchiqueles; costeó la laguna de Atitlán, y después 
de algunos encuentros con el enemigo , ocupó la capital 
de aquella monarquía, la que se encontraba casi aban- 
donada. 

Al cabo de algunos días se dirigió á Itzcuintlán, y 
mandó quemar la población. Continuó la marcha al Sud- 
este con su pequeño ejército de españoles y [seis mil in- 
dios auxiliares; atravesó el río Michatoya por un puente 
que hizo construir; tocó sucesivamente en Taxisco , Gua- 
zacapán, Chiquimulilla y otras poblaciones ; pero en este 
camino tuvo su hermano Jorje de Alvarado que batirse 
con los indios, que por allí habían atacado el tren y toma- 
do una gran parte del bagaje. 

Cuando estaba en Nancintlán, recibió mensajeros de 
una población grande, situada cerca del rio Paxa (hoy río 
de Paz), llamada Paxaco, que le ofrecían la amistad de los 
señores de ese lugar y le llevaron regalos, á los que él co- 
rrespondió con algunas de las baratijas de Europa de que 
los indios hacían tanto aprecio. 

Pero los de Paxaco meditaban una traición: habían ce- 
rrado los caminos y clavado en el suelo agudas púas, que 
embarazaban el paso, particularmente á los caballos; sus 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 33 * 

tropas estaban en el pueblo apercibidas á la pelea. Com- 
prendiendo los castellanos lo que pasaba en aquel lugar 
al ver las púas de los caminos y otros signos de hostilidad, 
se arrojaron sobre sus adversarios, deshaciéndolos com- 
pletamente. Pasaron allí la noche, y al amanecer del si- 
guiente día continuaron la marcha y atravesaron sin di- 
ficultad el Paxa. Aquí comienza la conquista de lo que hoy 
es territorio salvadoreño. 

Tocaron los invasores en un pueblo, que se presume 
era el de Nahuizalco; lo encontraron desocupado, lo que 
también sucedió con otro llamado Acatepec, adonde lle- 
garon en seguida; dirigiéronse después á Acaxual, ó Aca- 
jutla. 

A media legua de este último pueblo divisó Alvarado 
fuerzas enemigas en gran número; las atacó y destrozó 
de un modo horrible, no sin sufrir daños considerables los 
soldados de Castilla, y aun el mismo jefe, á quien una fle- 
cha atravesó la pierna izquierda, quedando lisiado para el 
resto de su vida. No fué, pues, en Soconuzco donde quedó 
cojo Alvarado, como supone Remesal, sino en la jornada 
de Acajutla. 

Informado ese caudillo de que en las cercanías de Ta- 
cuxcalco se encontraba un numeroso cuerpo de enemigos 
armados con largas lanzas, montó á caballo y distribuyó 
sus tropas en tres secciones, cuyo mando confió á tres de 
sus hermanos, Jorge, Gómez y Gonzalo. La acción no fué 
larga: los naturales quedaron deshechos, pereciendo la 
mayor parte en la fuga, atropellados por los caballos y 
atravesados por las lanzas de los jinetes. 

Después de este triunfo, pasó el general español con 
su gente á Atehuán, primera de las poblaciones que for- 
maban lo que entonces era el señorío de Cuscatlán. 

En los dominios cuscatlecos se recibió amistosamente 
á los españoles; una comisión de los principales del reina 
se presentó en Atehuán á Alvarado para ofrecer su obe- 
diencia y la de sus vasallos al soberano de Castilla. 

Dirigiéronse á la capital, donde se les alojó convenien- 
temente y se les proporcionaron víveres en abundancia. 



34 ESTUDIO HISTÓRICO 



Sin embargo, los soldados españoles cometieron abusos 
de toda clase; por lo que los habitantes del lugar huyeron 
y se prepararon á la defensa. Al varado mandó algunas 
tropas á perseguir á los retraídos; pero el resultado no fué 
satisfactorio: muchos españoles y no pocos indios auxi- 
liares regresaron heridos á la capital. 

Con presencia de semejante resultado, apeló Al varado 
á los medios pacíficos para conseguir la vuelta de los de 
Cuscatlán; y aunque amenazó con muerte de horca á los 
señores principales, si no tornaban á la ciudad, nada ob- 
tuvo. Lo copioso de las lluvias le impedía expedicionar en 
las montañas; y aplazando Alvarado para oportunidad más 
propicia el término de la conquista de Cuscatlán, empren- 
dió su marcha de regreso y entró en la capital de los cak- 
chiqueles el 21 de Julio. 

Juzgando que ya era tiempo de formar una ciudad es- 
pañola que fuese la capital de la colonia, fundó allí mismo 
la primera ciudad de Guatemala, en el lugar llamado Ixim- 
ché, á la que los indios mejicanos dieron el nombre de 
Tecpán Quauhtemalán; este suceso ocurrió el 25 de Julio 
de 1524, según la opinión más autorizada. Nombráronse 
desde luego los alcaldes y demás individuos de la muni- 
cipalidad, y se inscribieron cien españoles como primeros 
vecinos. 

Algún tiempo después sobrevinieron insurrecciones 
de los indios en aquel punto y en otros ya conquistados; 
pero al fin se restableció la tranquilidad, no sin graves 
desastres sufridos por los infelices naturales. 

Efectivamente, á fines de 1524 recibió Alvarado un 
refuerzo de doscientos soldados españoles que le mandó 
Cortés; y con éstos, unidos á los que ya tenia y á otros que 
después fueron llegando, emprendió una guerra de exter- 
minio contra los cakchiqueles y otras tribus insurrectas, 
que querían sacudir el yugo de los europeos. 

Alvarado había estimado ya conveniente fijar la capi- 
tal en otro punto, y, con todos sus moradores la trasladó 
á un lugar llamado Xepau, en donde recibió los refuerzos 
de soldados españoles de que acaba de hablarse. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 35 

Hay probabilidades de que en 1525 emprendieron los 
castellanos con mejor éxito una segunda expedición á Cus- 
catlán; pero lo que no admite duda es que en Mayo del 
mismo año 1525, existía ya una villa de San Salvador, de 
la que era alcalde Diego de Holguín; de suerte que no se 
fundó la ciudad de ese nombre en- 1528, como supone el 
padre Juarros. 

A mediados del propio año (1525) se ocuparon los es- 
pañoles en la conquista del territorio de los indios mames, 
que se extendía al Noroeste de los reinos Quiche y Cak- 
chiquel, hasta tocar con la provincia de Chiapas. El jefe 
de esa expedición fué Gonzalo de Alvarado. Los pobres 
indios pelearon también con bravura, aunque sin éxito 
favorable. La campaña fué muy larga y penosa. 

Preparándose estaba Pedro de Alvarado á pasar á Mé- 
jico á fines de 1525, con motivo de la noticia que le llega- 
ra de haber muerto allá Hernán Cortés, cuando recibió 
una carta que desde Trujillo le dirigíaesemismo jefe anun- 
ciándole su presencia en Honduras, adonde había venido 
á castigar al desobediente Cristóbal de Olid. Poco después 
recibió otra del propio Cortés, en la que le llamaba á con- 
ferenciar con él antes de regresará Nueva España (1). 

Púsose en marcha para Honduras á ver á su jefe y ami- 
go, tomando el camino de Cuscatlán; pasó el Lempa; atra- 
vesó la provincia de Chaparrastique (San Miguel), y llegó 
á Choluteca, donde se encontró con una sección de las 
tropas de Cortés, que venía de Honduras al mando de Luis 
Marín: por éste supo que Cortés había partido para Méxi- 
co; y esa noticia, para él muy grata, le excusó de seguir 
hasta Trujillo. 

Exasperados los indios de Guatemala por las vejacio- 
nes áque los sometían los conquistadores sedientos de oro 
y plata; cansados de tan odiosa tiranía, y viendo que el 
principal caudillo estaba ausente, se insurreccionaron de 



(1) En ol capítulo que sigue se refiere deUlladamonte la jornada de Cor- 
tés á Honduras. 



36 ESTUDIO HISTÓRICO 



un modo casi general; pero tuvieron que volver á la obe- 
diencia, después de nuevos desastres. 

Al reg-resar Alvarado con las fuerzas españolas, fué 
hostilizado en Chaparrastique por los indios. Cinco dias 
empleó en volver á pasar el Lempa, encontrando en armas 
la provincia de Cuscatlán, en la que sin embargo hallaron 
los expedicionarios abundancia de mantenimientos. 

Continuaron su marcha Alvarado y Marín por el ca- 
mino que conduce de San Salvador á Guatemala, hasta la 
cuesta de Pinula. Debiendo seguir de allí áPetapa, encon- 
traron en actitud hostil á muchos de los indios de ese pue- 
blo y de otros; y después de un combate de tres días, en 
que quedaron deshechos los naturales, se encaminó Alva- 
rado con su gente al valle de Panchoy, donde más tarde 
se levantó la ciudad de Guatemala, hoy la Antigua, y allí 
tuvo otro combate, del que salió triunfante. 

En las inmediaciones de la antigua capital de los cak- 
chiqueles le esperaba un ejército de treinta mil indios, pa- 
rapetados tras de fortines y otras obras de defensa. Triun- 
faron otra vez los castellanos, y pernoctaron ese día en 
Iximché; pero al siguiente salieron á la llanura, temero- 
sos de alguna traición de sus adversarios. 

Alvarado se resolvió al fin á pasar á México, y eligió 
para los cargos de alcaldes á D. Pedro de Portocarrero y 
á Hernán Carrillo, encomendándoles también el gobierno 
de la nueva colonia. 

Se marchó y fué bien recibido por Cortés. Consideran- 
do cuan necesario era que viniesen á Guatemala algunos 
religiosos para la conversión de los indios, pues no basta- 
ban para ello los dos clérigos que al principio habían ve- 
nido, dio pasos con tal objeto, pero sin resultado alguno. 

No contento Alvarado con su viaje á México, siguió para 
España, embarcándose en Veracruz en Febrero de 1527. 
Encontró en la corte algunas prevenciones contra él; pero 
logró desvanecerlas, y obtuvo no sólo el título de Don, muy 
valioso en aquellos tiempos, y la cruz de comendador de la 
orden de Santiago, sino el nombramiento, expedido en 
Burgos el 18 de Diciembre del mismo año, de gobernador 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 37 

y capitán general de Guatemala y sus provincias, sujeto 
inmediatamente al rey. Presúmese que entonces se le dio 
además el título de adelantado. 

Cuando estuvo en México D. Pedro, consiguió que se 
nombrase teniente de gobernador de Guatemala á su her- 
mano Jorge, para reemplazar á Portocarrero y Carrillo. 

Posesionado Jorge de Alvarado de su nuevo cargo, 
trató de que se fijara definitivamente el asiento de la ciu- 
dad y la residencia de las autoridades. La mayoría de los 
vecinos optó por el valle de Almolonga, donde á la sazón 
se encontraban, y que á la benignidad del clima unía un 
risueño aspecto, un suelo fértil y excelentes aguas. Allí 
se fundó la capital el día 22 de Noviembre de 1527; y si 
se nos permite anticiparnos en la relación de los heciios, 
diremos que esa ciudad no tuvo de vida más que catorce 
años, destruyéndose al cabo de ese tiempo por causa de 
una inundación y trasladándose al valle inmediato de Pan- 
choy, que pareció el más adecuado al efecto. 



^^^O^tei^ 




III. 



Memorable jornada de Hernán Cortés 

á Honduras y continuación de la conquista y colonización 

de la América Central. 



SUMARIO. 

Cristóbal de Olid traiciona á Cortés al tocar en la Habana en su viaje de 
Veracruz á Honduras. — Su llegada al punto de su destino. — Fundación 
de la villa de Triunfo de la Cruz. — Las fuerzas de ólid recorren y paci- 
fican algninos pueblo» de Honduras. — Llegada á Triunfo de la Cruz de 
Francisco de las Casas, mandado por Cortés con otra escuadra. — Com- 
bate entre los buques de uno y otro capitán. — Conferencias entre Olid y 
las Casas. — Desastre de los soldados de las Casas y prisión de éste. — 
Llegada y captura de González Dávila. — Traslación de Olid y de su gen- 
te á Naco. — Muerte de Olid. — Viaje de Cortés por tierra á Honduras. — 
Sufrimientos de los expedicionarios en el camino. — Llegan á Nito. — Es- 
casez de viveres y dificultades experimentadas para conseguirlos. — Fun- 
dación de una villa en Puerto-Caballos. — Llegada de Cortés á Trujillo y 
pasos que allí dio para atraerse á los indios y ejttender su dominio en 
otros pueblos del país.— Cortés se embarca para Veracruz, y su ejército 
regresa á Méjico por tierra de Guatemala. — Francisco Hernández de Cór- 
dova en Nicaragua. — Conquista de Costa Rica y luchas de los españolea 
con Urraca. — Colonia fundada por Pedrarias en Nata. — El sistema de 
repartimientos. — Gil González penetra en Nicaragua y hace bautizar mi- 
llares de indios. — Enfermedad de Gil González Dávila. — Llega ese jefe al 
golfo de San Vicente, y después va al interior del país. — El cacique Nico- 
ya. — Conversión de otros indios. — El cacique Nicaragua. — El oro reuni- 
do por los expedicionarios. — Kl cacique Diriagon y su hoiitilidad para 
con los españoles. — Descubrimiento de la bahía de Fonseca. — Gil Gon- 
zález vuelve á Panamá, y después á Santo Domingo, do donde se dirige 

, á Puerto-Caballos con una nueva expedición. — Fundación de San Gil. — 
Llegada de Gil González al vallo de Olancho. — Fundación do León y Gra- 
nada por Hernández de Córdova. — Viaje de esto último á Olancho. — Lu- 
chas entre los mismos españoles. — Vuelve Alvarado de E8i>rtña á Méjico, 
en donde se le hacen graves cargos. — Con él vienen á Guatemala el pa- 
dre Marroquin y otros sujetos. — Toma Alvarado posesión de «u empleo 
en la capital de estaK provincias; dicta varias medidas; v» al Perú, y 
vuelve á su gobernación de Guatemala. 

Como en el capítulo anterior se dijo, Cristóbal de Olid, 
con trescientos setenta soldados, se embarcó en Veracruz 



40 ESTUDIO HISTÓRICO 



en Abril de 1523, con destino á Honduras, como delegado 
del conquistador de M^'ico. 

Este último había dispuesto que la expedición tocase 
en la Habana, para reunir allí más gente y comprar ca- 
ballos, armas y víveres. 

Diego Velásquez, antiguo enemigo de Cortés, gober- 
nador de la isla de Cuba, sedujo á Olid y le comprometió 
á ocupar la tierra de Honduras á nombre del rey, sin de- 
pendencia de Cortés, y que los beneficios se distribuyeran 
entre el mismo Velásquez y el propio Olid. 

Arregladas así las cosas, partió de la Habana con su 
escuadrad desleal Cristóbal de Olid, llegando el 3 de Mayo 
á una rada situada quince leguas adelante de Puerto-Ca- 
ballos; allí desembarcó y tomó posesión del país á nombre 
del monarca de España y de Hernán Cortés, pues no que- 
ría que desde el principio percibieran su deslealtad los ex- 
pedicionarios que con él iban. En ese punto fundó una 
villa, á la que dio el nombre de Triunfo de la Cruz, orga- 
nizando una municipalidad, compuesta de sus mismos 
soldados. Dividió la mayor parte de su fuerza en partidas, 
y las mandó á recorrer y pacificar los pueblos. 

Mientras tanto. Cortés, sabedor de la traición ocurri- 
da desde la Habana, dispuso castigar severamente á Olid, 
y envió otra escuadra á las órdenes de Francisco de las 
Casas. 

Llegado este último á la rada de Triunfo de la Cruz, 
mandó izar banderas blancas en señal de paz; pero el as- 
tuto Olid, lejos de caer en el lazo que se le tendía, se pre- 
paró á impedir el desembarco de los de la escuadra. 

Francisco de las Casas, al observar lo que pasaba, em- 
prendió desde luego un ataque contra las carabelas de 
Olid, que se oponían: una de esas embarcaciones fué echa- 
da á pique: entonces Olid, para ganar tiempo en tanto que 
llegaba el resto de sus fuerzas llamadas por él con instan- 
cia, propuso arreglos de paz á las Casas, quien cometió 
la imprudencia de prestarse á conferenciar. 

Entabláronse las pláticas entre ambos capitanes, em- 
pleando uno y otro la simulación y la astucia. Por desgra- 



DE LA AMERICA CENTRAL 41 

cia para las Casas, aquella noche se levantó un fuerte 
viento, que estrelló sus naves contra la costa, pereciendo 
treinta de sus soldados y perdiéndose todo lo que habia 
á bordo. Entonces Olid cayó sobre los infelices náufragos, 
capturó á Francisco de las Casas y los condujo presos á 
todos á Triunfo de la Cruz: hizo jurar á los soldados que 
le serían fieles y le ayudarían contra Cortés, y les dio li- 
bertad: pero mantuvo prisionero al jefe, tratándole sin 
embargo con toda clase de miramientos. 

Hablemos ahora de Gil González Dávila, que se había 
anticipado á iniciar la conquista de Honduras. Cuando 
Dávila supo la llegada de Olid á aquel territorio, le propu- 
so alianza en una carta, la que fué contestada en térmi- 
nos amistosos: estos rivales trataban también de engañar- 
se recíprocamente. 

Informado Olid de que González Dávila había llegado 
á Gholoma con unos pocos individuos, mandó al capitán 
Juan Ruano para sorprenderlo y capturarlo; y lo consi- 
guió, hasta tenerlo en prisión, lo mismo que á las Casas. 

Entonces, lleno de orgullo, escribió al gobernador de 
Cuba, Diego Yelásquez, para participarle los triunfos ob- 
tenidos. En seguida se trasladó con toda su gente y con 
los prisioneros á una población llamada Naco, situada en 
un ameno valle á alguna distancia de la costa. Pero un 
tal Briones, traidor audaz, que andaba con algunas fuer- 
zas pacificando ciertos pueblos por orden de Olid, se in- 
surreccionó contra éste, aclamando á Cortés. Con tal mo- 
tivo, González Dávila y las Casas discurrieron una conju- 
ración para deshacerse del que los tenía prisioneros y con 
quien vivían familiarmente. 

Una noche, después de cenar, estando Olid descuidado, 
se arrojó sobre él las Casas y le sepultó en la garganta un 
afilado cuchillo, Gil González Dávila se echó también sobre 
la víctima y le infirió otra herida. Olid, á pesar de tal si- 
tuación, pudo huir y fué á esconderse en unos matorra- 
les, de donde se le sacó al día siguiente para degollarle 
en la plaza de Naco, en cumplimiento de la sentencia que 
contra él firmaron sus mismos asesinos. Así terminó su 



42 ESTUDIO HISTÓRICO 



vida aquel valiente capitán, que tan eficaz concurso había 
prestado á Cortés en la conquista de México. Al pensar en 
esas traiciones y crímenes hay que convenir en que la 
moral estaba muy olvidada y que sólo prevalecían la am- 
bición y la codicia. 

Nos corresponde ahora decir que cuando Hernán Cor- 
tés mandó á Francisco de las Casas á desempeñar la co- 
misión que le trajo al territorio hondureno, comenzó á in- 
quietarse por el resultado de ese paso; y aunque tenía 
mucha confianza en el comisionado, que era pariente 
suyo, se resolvió á ir personalmente á Honduras á casti- 
gar á Cristóbal de Olid. 

Personas de recto criterio y de justificada prudencia 
trataron de disuadirle de su intento, manifestándole que 
la colonia española de México estaba dividida en bandos 
encontrados, y no faltaban entre ellos enemigos del mismo 
Cortés; que los indios, aunque sojuzgados, no parecían 
enteramente sumisos á la nueva autoridad, y que era muy 
penoso ese largo viaje por tierra, para ir á un punto que 
distaba más de quinientas leguas, debiendo atravesar 
tierras desconocidas, en las que abundaban ríos caudalosos 
y en las que carecería de recursos para mantener el cre- 
cido ejército y el lujoso séquito que debían acompañarle. 

Pero aquél gran capitán, que lo juzgaba todo posible, 
no hizo caso de tan sensatas indicaciones; y el 12 de Oc- 
tubre de 1524 salió de la ciudad de México, con doscientos 
cincuenta soldados españoles de infantería y caballería, y 
un cuerpo de tres mil indios auxiliares, fuera de los indios 
de su numeroso séquito personal; con esa expedición vino 
á estos países el célebre cronista y valiente soldado Ber- 
nal Díaz del Castillo, que se le incorporó en el camino. 

Innumerables fueron las penas y privaciones que su- 
frieron, atravesando densas selvas, entre otras las del La- 
candón, del Peten y de la Alta-Verapaz, en las que pere- 
cieron algunos y estuvieron todos los demás en peligro 
de morir de hambre. 

Para pasar el río Chilapa, en la provincia de Tabasco, 
tuvieron los expedicionarios que emplear cuatro días y 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 43 

construir por sí mismos algunas de las canoas al efecto 
necesarias. En su marcha tocaron en un punto distante 
cinco ó seis leguas de las famosas ruinas del Palenque, en 
el actual Estado de Chiapas. 

En territorio del Peten encontraron ruinas de pueblos 
destruidos por los lacandones; y después de mil penalida- 
des de toda clase, llegaron á Nito, á dos leguas de la des- 
embocadura del río Dulce, que hoy se llama de Izabal, y 
allí supieron el desastroso fin de Cristóbal de Olid: estas 
noticias les fueron comunicadas por cuatro españoles po- 
bladores del mismo Nito, que andaban buscando frutas 
por el lugar que en la actualidad ocupa el pueblo de Li- 
vingston de Guatemala. 

Careciendo de víveres los colonos de Nito y la gente 
del ejército, dispuso Cortés que la tropa se trasladase á 
Naco, á las órdenes de Sandoval; y remontando él mismo 
el río Dulce, llegó al lago de Izabal; subió el Polochic, 
saqueó las poblaciones de aquella comarca, obtuvo víve- 
res, y regresó por el mismo río, no sin vencer grandes di- 
ficultades y sufrir ataques de los habitantes de la ribera. 

Pareciéndole adecuada para fundar una población la 
localidad de Puerto-Caballos, embarcóse con su gente y 
con los vecinos de Nito, y á los ocho días llegó al puerto 
mencionado, y pobló allí una villa, á laque dio el nombre 
de la Natividad: el capitán Diego de Godoy quedó con el 
gobierno de la colonia. 

Francisco de las Casas había fundado ya la ciudad de 
Trujillo con algunos de los españoles que estaban en Naco 
con Cristóbal de Olid. Embarcóse Cortés en Puerto-Caba- 
llos, y se dirigió á Trujillo, en donde fué recibido con 
muestras de alegría, y en donde nombró gobernador de 
aquel establecimiento á Hernando de Saavedra, primo suyo, 
que militaba á sus órdenes como soldado. 

Mandó llamar á los indios de las poblaciones circunve- 
cinas, que acudieron al llamamiento; hízoles por medio 
de los intérpretes, indicaciones importantes sobre el poder 
del rey de Castilla, amonestándoles á que fuesen obedien- 
tes al César, que proporcionasen víveres y todo lo necesa- 



44 ESTUDIO HISTÓRICO 



rio á los europeos que allí se encontraban, que se abstu- 
vieran de sacrificios humanos y del robo, y que viviesen 
en armonía. Después de esta plática, los frailes que iban 
con el ejército comenzaron á catequizar á los indios y á 
enseñarles los principios de la religión cristiana. Llamó 
también á los habitantes de las islas Guanaxas; les previno 
que le llevasen pescado, y en cambio les dio los cerdos 
que le quedaban de los traídos de Méjico, sirviendo esos 
pocos animales para la extraordinaria reproducción que 
de ellos se hizo en breve en aquellas islas. 

Cortés permaneció algún tiempo en Trujillo, dictando 
medidas para extender su autoridad á otros pueblos de 
Honduras, y en seguida se hizo á la vela para Veracruz; 
el ejército regresó á México por territorio de Guatemala: 
esta es la gente que iba con Luis Marín de vuelta para Mé- 
xico y con la que se encontró Alvarado en la Choluteca, 
como se dijo en el anterior capítulo. 

Entretanto, Gil González y Fernández de Córdova ha- 
bían conquistado y poblado Nicaragua de acuerdo con 
Pedrarias Dávila. Pero de las provincias que formaron el 
antiguo reino de Guatemala, la de Costa Rica fué la pri- 
mera sometida ai dominio de España: su territorio era una 
porción de la vasta zona de tierra denominada Castilla del 
Oro, que se extendía desde la mitad del golfo del Darién 
hasta el cabo de Gracias á Dios. 

No es posible recordar la conquista y colonización de 
Costa Rica, sin decir desde luego que Diego de Nicuesa 
fué el primer colonizador de una parte de lo que hoy es 
territorio costarricense, según lo afirma el licenciado don 
León Fernández. Nicuesa vino, en calidad de gobernador, 
á esa sección del nuevo mundo por los años de 1510 á 1513, 
con varios buques y mucha gente de armas; pero el mal 
tiempo que experimentó en el mar, así como lo insalubre 
del clima y la escasez de víveres en Porto-Belo y otros pun- 
tos en que se detuvo por ayudar á Alonso de Ojeda, que 
por allá luchaba con los naturales, inutilizaron esa expe- 
dición y los servicios de aquel desgraciado capitán. 

Encargado del gobierno del Darién el activo Pedrarias 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 45 

Dávila, fué secundado este jefe por varios capitanes que 
invadieron repetidas veces los territorios vecinos, llegan- 
do el licenciado Espinosa, que también era afecto á las 
armas, hasta el g-olfo de Orotina, y distinguiéndose en 
aquellas correrías Balboa, Hernández de Córdova, Soto, 
Ojeda, Ponce, Pizarro y otros varios. 

En 1520 salió de Panamá en dos navios, á las órdenes 
del licenciado Espinosa, una expedición, dirigiéndose por 
■a costa hacia occidente, en busca de las islas de Cebaco, 
á unas sesenta leguas de aquel puerto. Mientras tanto, 
Francisco Pizarro, que más tarde había de figurar en pri- 
mer término en la conquista del Perú, caminaba por tie- 
rra en la misma dirección, y se batió con éxito con los in- 
dios por aquella parte del país. 

Los habitantes de las islas de Cebaco acogieron amis- 
tosamente á Espinosa y á los demás expedicionarios; y 
como éstos les preguntasen si había oro por allí, los isle- 
ños contestaron que se le encontraba en gran cantidad en 
las serranías sujetas al cacique Urraca, es decir, en la par- 
te que entonces se llamaba Burica y que hoy se denomina 
Boruca. 

Urraca y sus animosas huestes pelearon denodadamen- 
te con Espinosa y sus compañeros; estos últimos estuvie- 
ron en peligro de sucumbir; pero al fin lograron huir y 
refugiarse en los navios. 

Continuaron los españoles navegando hacia abajo de 
la costa; desembarcaron en otro lugar un poco lejos, y 
allí tuvieron nuevos y reñidos encuentros con los esfor- 
zados indios, quienes se acobardaban en presencia de los 
caballos. 

Espinosa dejó un pequeño destacamento en Burica, al 
mando del capitán Francisco Campañón, y se restituyó á 
Panamá, adonde le llamaba Pedrarias. Pero el infatigable 
Urraca, que todo lo observaba atentamente, atacó el des- 
tacamento dicho, y éste habría llevado la peor parte si k 
tiempo no le hubiese llegado un auxilio que le mandó Pe- 
drarias. Este jefe comprendió la necesidad de ir con fuer- 
zas respetables y artillería á Burica, á someter al atrevido 



46 ESTUDIO HISTÓRICO 



Urraca: púsose en marcha, llevando por capitán de su 
guardia á Francisco Pizarro; y al fin, á costa de mil sa- 
crificios, tras una larga campaña, sostenida primero por 
él y después por otros capitanes por espacio de nueve años 
y con diferentes alternativas, consiguió su intento, mu- 
riendo el cacique indio en las montañas, adonde se retiró 
cansado de pelear inútilmente con los extranjeros. 

Pedrarias estableció una pequeña colonia española en 
el lugar llamado Nata, repartiendo entre los colonos á los 
indios de los puntos inmediatos. 

Ocupábanse los indios así repartidos eñ construir casas 
y en labranzas y pesquerías para sus amos, á quienes ser- 
vían, como era natural, con muy poca voluntad, ó más bien 
con disgusto. 

«El sistema de repartimientos, ó encomiendas (dice el 
Sr. Milla) había sido impuesto por Colón en la Española, 
en su tercer viaje, en 1499. Era la asignación á cada colono 
de cierto número de indios libres, que quedaban obliga- 
dos á trabajar, sin salario, en favor del amo á quien se 
asignaban. Ese inicuo sistema, que empleó el almirante 
cuando, por causas independientes de su voluntad, no 
pudo llevar á cabo sus primitivas ideas sobre colonización 
del nuevo mundo, se hizo extensivo á todos los países so- 
metidos á la corona de Castilla. Dio lugar á grandes abu- 
sos, que la metrópoli procuró en vano remediar, dictando 
repetidas disposiciones que prescribían reglas á los enco- 
menderos, y que éstos eludían casi siempre, contribuyen- 
do mucho ese sistema á los sufrimientos de los indios y á 
la rápida despoblación del territorio.» 

Hablemos de la conquista de Nicaragua, principiada 
desde 1519, según Navarrete, ó desde 1522, según Juarros 
y Milla. 

Gil González, atravesando por Costa Rica, penetró 
en Nicaragua con alguna gente, y encontró aquel país 
muy poblado, como entonces lo era toda la América Cen- 
tral. Los españoles fueron recibidos de un modo amistoso; 
requirieron á los caciques á declararse subditos del rey de 
España y abrazar la religión cristiana: los requeridos no 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 47 

opusieron dificultad, y millares de hombres fueron bauti- 
zados por un clérig-o que iba en la expedición. 

Gil González Dávila, alejándose de la costa, penetró 
en el interior y contrajo un reumatismo que le imposibi- 
litaba para caminar á pie; por lo que fué preciso que le 
condujesen en una especie de hamaca hecha de mantas: 
asi llegó á una isla formada por dos brazos de un cauda- 
loso rio, en donde se alojó en la casa del cacique, para des- 
cansar y abrigarse de la copiosa lluvia que en aquellos 
días caía sin cesar, y que al capitán español y á sus com- 
pañeros ocasionó grandes penalidades. 

Como los caminos estaban en muy mala situación, de- 
terminaron los castellanos bajar el río en balsas construi- 
das por ellos mismos con auxilio de los indios amigos que 
en gran número se les habían agregado. De ese modo lle- 
garon al golfo de San Vicente, y allí encontraron al piloto 
Andrés Niño, que se había quedado en Burica reparando 
los navios construidos por orden de Gil González en la isla 
de las Perlas, para esa expedición. 

Aunque la enfermedad inclinaba al jefe expedicionario 
á no proseguir sus correrías por tierra, hubo de ceder al 
empeño de sus compañeros de viaje, y emprendió de nue- 
vo su marcha al interior, ordenando antes al piloto que 
continuase con dos de los buques por la costa, anotando 
las leguas que anduviese y lo que encontrara digno de 
mencionarse. 

Gil González llegó á los dominios de un cacique llama- 
do Nicoya, y obtuvo qu3 éste y unos seis mil de sus sub- 
ditos recibieran el bautismo. Diéronle los indios, en cam- 
bio de algunos juguetes de Castilla, catorce mil pesos en 
oro de trece quilates, los que unidos á los cuarenta rail 
que antes habían conseguido, formaban una suma regu- 
lar para comenzará satisfacer la ambición que de ese me- 
tal experimentaban aquellos aventureros. Diéronle seis 
ídolos de oro, manifestándole los indios que ya no les ser- 
vían para cosa alguna. 

Informado el capitán español de que, á cincuenta leguas 
de aquel lugar, se encontraba otro cacique más rico que 



48 ESTUDIO HISTÓRICO 



Nicoya, llamado Nicarao ó Nicaragua, se dirigió á dicho 
punto, situado entre el lago y el mar, en la sección del 
país cuya cabecera es hoy la ciudad de Rivas. El cacique 
Nicaragua acogió favorablemente á los extranjeros y le& 
obsequió de todos modos, dándoles además unos veinti- 
cinco mil pesos en oro; dejóse bautizar, no sin hacer antes 
al capitán español algunas observaciones, que demuestran 
que no carecía de talento ni de ideas sobre el destino del 
hombre, el fin del mundo, etc. En ocho días fueron bauti- 
zados en ese lugar mas de nueve mil individuos; y des- 
pués, á ejemplo de éstos, otro inmenso número de indíge- 
nas recibió el agua bautismal. 

Gil González recorrió las poblaciones inmediatas , en 
las que le dieron víveres en abundancia para él y su tropa, 
oro y esclavos. Pero no todo había de salir á medida de 
sus deseos: un cacique llamado Diriagen trató de inspirar 
confianza á los españoles y los atacó de improviso con 
cuatro mil guerreros; triunfaron los europeos, aunque con 
sensibles pérdidas, y decidieron volverse ala costa en bus- 
ca de los navios. Comenzaron á caminar, sin que nadie los 
molestara, si bien, cuando pasaron por el pueblo del ca- 
cique Nicaragua, fueron hostilizados por retaguardia de 
un modo bastante serio. Llegaron al golfo de San Vicen- 
te, donde les aguardaba Andrés Niño, quien había nave- 
gado hasta una bahía á que dieron el nombre de Fonseca, 
que conserva hasta hoy. 

Gil González se dirigió á Panamá, á donde llegó el 25 
de Junio de 1523, con más de noventa mil pesos en oro. 
De allí pasó á Santo Domingo; y en esa isla preparó acti- 
vamente la expedición con que vino á la costa de Hondu- 
ras en 1524. Al disponerse á bajar á tierra en el punto por 
él escogido, mandó echar al agua unos cabajlos que se 
le habían muerto: tal es origen de la denominación de 
Puerto Caballos, cambiada hoy en Puerto Cortés. 

Continuó navegando, desembarcó cerca del cabo de 
Manabique, y allí fundó una población llamada San Gil, 
la primera que establecieron los españoles en esas costas, 
y que no tuvo una larga existencia. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 49 

Internándose después en territorio hondureno , pero 
dejando alg-unos de sus compañeros en San Gil, Ueg-ó al 
valle de Olancho, donde se detuvo al saber que, mientras 
caminaba de Santo Domingo á Honduras, el ambicioso 
Pedrarias Dávila había mandado desde Panamá una es- 
cuadrilla al mando de Francisco Hernández de Córdova, 
con quien iban Soto, Rojas y el ya conocido Campañón, 
quienes ocuparon en Nicaragua todo lo que Gil González 
había conquistado. 

Hernández de Córdova, en virtud de las instrucciones 
de Pedrarias había fundado la villa de Bruselas en el pue- 
blo indio de Orotina y las ciudades de Granada y León. 
Avanzando en seguida en territorio de Honduras, había 
llegado hasta cerca de Olancho, donde hemos dejado á Gil 
González, quien, lo mismo que Córdova, buscaba el estre- 
cho que debía conducir al mar del Sur. 

Comprendiendo González que las fuerzas de Hernández 
de Córdova, que se aproximaban, le atacarían, salió á sor- 
prender á sus enemigos, que se encontraban á las órde- 
nes de Hernando de Soto; y en un pueblo de indios llama- 
do Toreba, cayó de improviso sobre ellos, y valiéndose de 
una estratagema, los derrotó y les quitó ciento treinta mil 
pesos de oro que llevaban. 

Retiróse entonces á Puerto Caballos, sabedor de que 1 lega- 
ba otra expedición española, que era la de Cristóbal de Olid, 
de que antes hemos hablado y á la que siguió la de Fran- 
cisco de las Casas, de que también hemos hecho mérito. 

D. Pedro de Alvarado se detuvo algún tiempo en la cor- 
te, y al ñn se volvió al nuevo mundo, trayendo á su espo- 
sa doña Francisca de la Cueva, al licenciado D. Francisco 
Marroquín, sacerdote distinguido por su virtud é ilustra- 
ción, á Francisco de Castellanos, Francisco de Zorrilla, 
Gonzalo Ronquillo y otros sujetos, nombrados por el Rey 
para el desempeño de varios cargos en CJuatemala. 

Al desembarcar Alvarado en Veracruz, murió doña 
Francisca de la Cueva; y al llegar él á México, lo procesó 
la audiencia de aquella capital, haciéndole varios cargos; 
pero no llegó á dictarse sentencia. 



50 ESTUDIO HISTÓRICO 



Cansados de esperarle en México el padre Marroquín 
y los demás sujetos citados, le dejaron allá, y se vinieron 
á tomar posesión de síis empleos en Guatemala; pero des- 
pués de algún tiempo regresó al país y se posesionó for- 
malmente de sus importantes cargos en la capital de estas 
provincias. Entre otras disposiciones dictadas por él, debe 
mencionarse la separación del padre Godines de la cura de 
almas que ejercía y la presentación hecha al cabildo para 
conferir el curato al padre Marroquín . 

No se olvidó aquel gobernador y capitán general de 
proseguir la obra de conquistar y colonizar los pueblos 
que aún no estaban sojuzgados: envió á su hermano Diego 
á Honduras á establecer la villa de San Jorge ú Olanchito 
y á Luis de Moscoso á pacificar y fundar poblaciones del 
otro lado del Lempa. 

La ambición de gloria y de riquezas sugirió á D. Pedro 
de Alvarado la atrevida idea de ir al Perú á buscar fortu- 
na por allá; realizó el viaje, llevando al efecto gente de 
Guatemala en buques construidos en Iztapa; llegó á las 
costas del Perú; desembarcó, tomó la dirección de Quito; 
y después de infinitos desastres, pudo encontrarse con 
Almagro y en seguida con Pizarro, quienes le festejaron 
de todos modos, y á los cuales dejó los buques en cambio 
de una fuerte suma de dinero, evitando así una lucha pe- 
ligrosa con aquellos conquistadores y volviéndose á su 
gobernación de Guatemala. 

He ahí los sucesos de más bulto ocurridos en aquellos 
tiempos en estas regiones, en las que, lo mismo que en las 
otras del nuevo mundo, ejerció España su dominio por es- 
pacio de tres siglos. 




IV. 



Fundación de poblaciones y narración de otros sucesos 
acaecidos en el resto del siglo XVI. 



SUMARIO. 

Nombramiento del licenciado Maldonado para residenciar á D. Pedro de- 
Alvarado. — Viaje de este último á Honduras y asuntos en que alli se 
ocupó. — Fundación de Gracias y San Pedro Zula. — Nuevo viaje de Al- 
varado á España. — Llegada de Maldonado á Guatemala. — El goberna- 
dor Montejo en Honduras. — Fundación de Comayagua y campaña contra 
el cacique Lempira. — Fundación de la ciudad de Cartago. — Sumisión de 
Turrialba y Suerre, y gobierno de Diego Gutiérrez. — Regreso del ade- 
lantado D. Pedro de Alvarado; su presencia en Honduras y su entrada en 
la ciudad de Guatemala. — Construcción de naves en Acajutla para la 
expedición á Occidente. — Llega Alvarado en esas naves ¿ un puerto de 
Nueva España; desembarca; pasa á Méjico, y muere en Guadalajara por 
consecuencia de su refriega con los indios rebeldes de Nochistlán.— 
Fray Bartolomé de Las Casas y sus tareas en la conquista pacifica y en 
la protección de los indios. — Alteración de la tranquilidad y escándalos en 
Nicaragua por causa do los hermanos Contreras. — Asesinato del obispo 
Valdivieso. — Desórdenes en Panamá causados por los mismos Contreras, 
y muerte de éstos. — El presidente Cerrato; libertad do indios, y estable- 
cimiento de corregidores. — Abdicación de Carlos I, comunicada 4 San 
Salvador yá Gviatemala. — Otros corregidores y alcaldes mayores. — Des- 
trucción de la ciudad de San Stüvador por causa de temblores de tierra. — 
Decadencia de la marina española. — Francisco Drake. — ^Los corsarios. 

Cuaudo la audiencia de Nueva España (México) tuvo 
noticia de que D. Pedro de Alvarado estaba en Guatemala 
de regreso de la expedición al Perú, á la que tanto se había 
opuesto aquélla, nombró á uno de sus ministros, el licen- 
ciado Alonso de Maldonado, para que viniese á tomarle 
residencia. 

Sabedor Alvarado de la medida dictada á este propósi- 
to, concibió la idea de volver á España á solicitar el apoyo 
de sus amigos en la corte para arreg-lar la dificultad; y 



52 ESTUDIO HISTÓRICO 



como en Honduras habían ocurrido sucesos que le sumi- 
nistraban pretextos plausibles para marcharse antes de 
la llegada del visitador, arreg-ló las cosas en la ciudad de 
Guatemala y emprendió su viaje por territorio hondureno. 

El gobierno que en la provincia de Honduras ejercía 
Cerezeda, se había hecho insoportable por cruel é inhuma- 
no: desesperados los colonos por la tiranía que sobre ellos 
pesaba y por la miseria á que estaban reducidos en el in- 
terior del territorio, adonde se había trasladado la pobla- 
ción, mandaron un comisionado á suplicar á Al varado 
que los auxiliase en tan terribles circunstancias. 

Llegado Alvarado á Naco, en virtud de la intervención 
que se le había pedido, se hizo cargo de la gobernación 
de Honduras, que Cerezeda renunció en él; nombró em- 
pleados y dictó providencias para pacificar el país, que 
andaba revuelto; mandó al capitán Juan de Chávez á fun- 
dar la ciudad de Gracias; repartió las tierras entre los co- 
lonos, y fundó además la villa de San Pedro Zula. Cerca 
de Gracias se encontraron ricas minas de oro, que atraje- 
ron allí nuevos moradores, con los que vino más adelante 
en aumento la población y alcanzó importancia. 

Terminadas las tareas de que acaba de hablarse, se em- 
barcó á mediados de 1536 en Puerto-Caballos con destino 
á España. Mientras tanto llegó á Guatemala el visitador 
Maldonado, comenzando allí á ejercer el gobierno con mo- 
deración y tino; llegó también á Honduras el adelantado 
D. Francisco de Montejo, nombrado gobernador de esa 
provincia por el rey, y empezó á administrarla. 

Montejo, después de distribuir entre sus amigos y él 
las tierras repartidas por Alvarado, expulsó del territorio 
hondureno á los indios guatemaltecos que allí habían ido 
á establecerse, y mandó á recorrer la provincia al capitán 
Alonso de Cáceres. Éste pacificó varios pueblos insurrec- 
cionados; fundó la villa de Comayagua (año 1537), é hizo 
una larga y penosa campaña contra el valeroso cacique 
Lempira, de quien sólo por una traición pudieron des- 
hacerse los españoles, pues no sólo era arrojado y astuto, 
sino que se defendía con un ejército de treinta mil indios 



DE LA AMERICA CENTRAL 5;i 



parapetados en una eminencia de la provincia de Cerquín. 

Importa advertir que desde 1522 existía ya en Costa 
Rica la ciudad de Cartag-o, fundada, según se cree, por 
Juan Solano y Alvaro de Acuña, y poseía importancia 
bastante para exigir la presencia de un secretario de go- 
bierno. Tal es el parecer de Juarros, aunque otros escri- 
tores, como D. Felipe Molina, no consideran muy exacta 
la fecha (año 1522), en que se supone estar ya floreciendo 
la ciudad citada. 

También desde 1530, si se nos permite retroceder un 
tanto en nuestro relato, Jorge de Alvarado, procedente de 
Guatemala, penetró en Costa Rica y sojuzgó las poblacio- 
nes indígenas de Turrialba y Suerre. 

En 1540 se efectuó en Madrid un convenio con Diego 
Gutiérrez, para conquistar y poblar la provincia de Car- 
tago, nombre que se daba á lo que después se llamó Costa 
Rica: expidióse á Gutiérrez título de gobernador y capi- 
tán general de Cartago, empleos que desempeñó por al- 
gunos años. 

Las gestiones de 1). Pedro de Alvarado en la corte le 
permitieron volver muy satisfecho; desembarcó lleno de 
arrogancia en Puerto-Caballos, dispuesto á acometer nue- 
vas empresas. Apenas estuvo en tierra, dirigió al ayunta- 
miento de Guatemala una carta, en la que manifestaba 
haber llegado con tres naves grandes, trescientos arcabu- 
ceros y mucha gente más; y añade que venía casado con 
Doña Beatriz de la Cueva, hermana de su difunta esposa, 
á la que acompañaban veinte doncellas de esclarecido li- 
naje. 

Alvarado había conseguido en España continuar en 
ejercicio del gobierno de (íuatemala por otros siete años, 
cualquiera que fuese el resultado del juicio de residencia 
conferido al licenciado Maldonado. 

Después de detenerse algunos días en Puerto Caballos, 
mientras desembarcaba su gente y se abría un buen ca- 
mino desde allí hasta San Pedro Zula, se encaminó á ese 
ñltimo lugar, y en seguida á (iracias, en donde entró en 
arreglos con Montejo, en virtud de los cuales cedía éste á 



54 ESTUDIO HISTÓRICO 



Alvarado la gobernación de Honduras, la que quedaba as 
unida á la de Guatemala. 

El 15 de Setiembre de 1539 efectuó su ingreso en la 
ciudad de Guatemala, y el 16 fué reconocido por el ayun- 
tamiento como gobernador y capitán general: el suceso 
se celebró con fiestas públicas, promovidas por todos, ami- 
gos y enemigos de D. Pedro. 

Sin pérdida de tiempo, dio sus órdenes para que en Acá- 
jutla se construyesen varios navios, de los que se propo- 
nía servirse para pasar á Occidente, con la mira de enta- 
blar el comercio con la China y con las islas Molucas, ó 
de la Especería. 

Cuando estuvieron construidos los buques y termina- 
dos los preparativos, se presentó al ayuntamiento, en la 
sesión del 19 de Mayo de 1540, para anunciar su próximo 
viaje y la designación hecha por él en el licenciado don 
Francisco de la Cueva para que gobernase el país durante 
su ausencia. 

Dirigióse por tierra á Acajutla, donde estaban ancla- 
dos los buques, y allí se embarcó, llevando ochocientos 
cincuenta soldados españoles de infantería y caballería, 
y un crecido número de indios. 

Hízose á la vela la escuadra, y llegó en breve al puerto 
de la Purificación en la provincia de Jalisco de Nueva Es- 
paña, donde se detuvo para abastecerse de agua y víveres 
frescos. 

Noticioso el virrey de Méjico D. Antonio de Mendoza, 
de la presencia de Alvarado en aquel puerto, fué á confe- 
renciar con él, conviniendo ambos en aplazar el viaje á la 
Especería, y que la expedición se encaminara desde luego 
al descubrimiento y conquista de las «Siete ciudades de 
Cíbola,» de cuya riqueza refería prodigios un fraile fran- 
ciscano, y que sólo existían en la imaginación exaltada de 
un impostor ó engañado viajero; el arreglo se efectuó en el 
punto dicho, el 29 de Noviembre de 1540. 

Pero el Adelantado no se hizo inmediatamente después 
á la vela, sino que pasó á la ciudad de Méjico con el virrey 
Mendoza á concertar algunos puntos relacionados con el 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 55 

convenio dicho, deteniéndose en aquella población hasta 
el fin de Mayo de 1541. 

A principios de Junio volvió á Jalisco; y cuando ya se 
disponía á partir en busca de las ciudades de Gibóla, re- 
cibió un mensaje de Cristóbal de Oñate, gobernador inte- 
rino de la provincia de la Nueva Galicia, que le pedia 
auxilios para someter á los indios rebeldes del pueblo de 
Nochistlán. 

En tal virtud, se dirigió á Guadalaxara con parte de sus 
fuerzas, y pasó en seguida al lugar del peligro; reconoció 
la posición del enemigo, y aunque era muy fuerte por las 
obras de defensa con que contaba y por sus diez mil in- 
dios, emprendió el ataque. 

Después de una refriega sangrienta, se retiró con sus 
tropas: entonces, el caballo de un español, que venía ro- 
dando por una cuesta abajo, se llevó de encuentro al Ade- 
lantado, quien sufrió tan terribles contusiones, que al cabo 
de algunos días murió en Guadalaxara, no sin disponer 
antes de sus bienes en favor de su consorte Doña Beatriz 
de la Cueva, y ordenar que sus funerales se celebraran 
de un modo solemne: su muerte ocurrió el 29 de Junio 
de 1541. 

Así terminó la existencia del primer gobernador y ca- 
pitán general que tuvo Guatemala, y que sometió á la co- 
rona de Castilla un extenso y poblado territorio. No hay 
duda de que cometió faltas, que no es dado excusar; pero 
tampoco deben dejarse de tomar en cuenta las ideas y cos- 
tumbres de la época al juzgar la conducta de tan animoso 
guerrero y audaz conquistador. 

No es posible bosquejar el cuadro de los primeros tiem- 
pos de la conquista y de la colonización de estas tierras, 
sin conceder en él un lugar prominente al liberal y vir- 
tuoso fray Bartolomé de Las Casas, que puso su inteligen- 
cia y energía al servicio de España y de sus nuevas pose- 
siones americanas, mediante el auxilio que prestara á la 
grande obra de la conquista pacífica y a la no menos gran- 
de de la protección de los indios, cuyos fueros se empeña- 
ba en sostener, á fin de libertarlos de 1» servidumbre de 



56 ESTUDIO HISTÓRICO 



los colonos y reducirlos á la vida regular en poblaciones 
bien administradas. 

Pero si el padre Las Casas señaló su paso por Nueva 
España, Guatemala, el Perú y otras colonias, con bene- 
ficios en obsequio de la civilización, beneficios que no po^ 
demos menos de apreciar cumplidamente los amigos de la 
idea liberal que vivifica al mundo con su savia poderosa, 
no es posible tampoco dispensarnos de decir que el vérti- 
go á que obedecía al buscar con afán la solución de sus 
ideales, le precipitaba en abismos terribles: la exageración 
de su celo promovió disturbios en algunos de los nacien- 
tes establecimientos españoles, y puso en dificultades á los 
que ejercían el gobierno. Mas, como quiera que sea, me- 
rece respeto su memoria y será bendecida en el mundo 
mientras los principios de humanidad y justicia hagan 
latir el corazón del hombre. 

El padre Las Casas vino á Guatemala en 1531, con pro- 
cedencia de México y de tránsito para el Perú, si hemos de 
creer á Remesal; permaneció algunos días en la ciudad 
de Guatemala, situada entonces en el valle de Almolonga; 
pasó á Nicaragua, y embarcóse en el Realejo. En 1532, 
volvió á Nicaragua con otros dominicos, y fundó en la 
ciudad de León casa y convento de esa orden. 

Más adelante, después de efectuar otros viajes y tor- 
nar á Nicaragua, fué llamado á la ciudad capital de estas 
provincias por el obispo Sr. Marroquín; obedeció al llama- 
miento, y con otros religiosos de su orden se ocupó en 
civilizar á los indios, recorriendo los misioneros las ciuda- 
des y villas de Sonsonate, San Salvador, San Miguel y 
Gracias, combatiendo siempre á los españoles pon motivo 
de la tiranía por ellos ejercida en los nativos. 

Pero donde más se distinguió fray Bartolomé de Las 
Casas, fué en la conquista pacífica de los aborígenes de 
la Verapaz y de otros puntos del territorio guatemalteco 
y en la formación de reducciones para obligarlos á entrar 
en la vida civil. 

Llegó á ser obispo de Chiapas, provincia que en ellar- 
go período del régimen colonial formó siempre parte del 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 57 

reino de Guatemala; pero en aquella diócesis sufrió el 
padre Las Casas la amarg-ura consiguiente á las exag-era- 
ciones de su celo, que le indisponían con les colonos es- 
pañoles, empeñados en explotar espantosamente á los in- 
dios en los trabajos de agricultura y minería y en otros 
servicios. Vuelto á España en edad ya avanzada, residió 
en Toledo, y fué á acabar sus días en Madrid. 

Siguiendo el plan que nos hemos impuesto de refe- 
rir los sucesos más notables, corresponde ahora manifes- 
tar que en 1549 se alteró la tranquilidad en la provincia 
de Nicaragua, ocurriendo también turbulencias en Pa- 
namá. 

Al establecerse la audiencia de los Confines, servía el 
cargo de gobernador de Nicaragua D. Rodrigo de Con- 
treras, que estaba casado con una hija del famoso Pedra- 
rias Dávila. 

La audiencia despojó á Contreras de la gobernación y 
privó á su esposa y á uno de sus hijos de los indios que 
tenían en repartimiento: al dictar el tribunal estas medi- 
das, procedía con arreglo á lo dispuesto en las ordenan- 
zas de Barcelona. 

El gobernador despojado fué á quejarse á España; y 
como nada consiguiese del Consejo de Indias, resolvieron 
sus hijos vengarse en el obispo de la diócesis fray Anto- 
nio de Valdivieso, á quien atribuían la mala suerte de su 
padre, y de quien estaban descontentos los españoles que 
residían en Nicaragua. 

Concibieron los Contreras el criminal proyecto de ase- 
sinar al prelado, inspirados y apoyados por la misma ma- 
dre de ellos. 

Un tal Juan Bermejo se abocó con Hernando de Con- 
treras, ofreciéndole ayudarle con otros muchos individuos, 
y proponiéndole además reunir gente y recursos en Nica- 
ragua para ir á tomar la ciudad de Panamá, pasar después 
al Perú y proclamar á Hernando jefe absoluto de este lUti- 
mo país. 

Aceptada la idea, se ocuparon en alistar las armas los 
conjurados; y dejando en Granada á Pedro de Contreras, 



58 ESTUDIO HISTÓRICO 



que era el otro hijo del gobernador despojado, se marcha- 
ron á León, en donde, después de ganarse á otros desal- 
mados, se dirigieron á la casa del obispo, á quien el propio 
Hernando, lleno de saña, mató cruelmente con una daga. 
El crimen se efectuó el 26 de Febrero de 1549, en la anti- 
gua ciudad de León, llamada hoy el Yiejo. 

Procedieron en seguida á robar dinero, armas y caba- 
llos en la población misma; pasaron después al Realejo, y 
allí se apoderaron de dos buques, en los que se fué Juan 
Bermejo con unos cuantos de sus compañeros á tomar la 
ciudad de Granada, permaneciendo Hernando con los otros 
en el puerto para conservarlo bajo su dominio. 

Bermejo ocupó á Granada; mandó una partida á pose- 
sesionarse de Nicoya; exigió dinero de los granadinos, y 
se restituyó al Realejo, con Pedro de Contreras. 

Reunidos todos en este último lugar, decidieron se- 
guir para el Perú, á cuyo efecto se embarcaron con di- 
rección á Nicoya, donde recogieron los hombres enviados 
allí antes y otros más; siguieron navegando hasta la isla 
de las Perlas ; en ese punto atacaron y tomaron unos na- 
vios, aumentando así sus recursos y el número de sus se- 
cuaces. 

En la bahía de Panamá se hicieron dueños de otras 
embarcaciones : Hernando desembarcó en esa ciudad con 
cien de sus soldados; de ellos mandó veinticinco con un 
tal Salguero á capturar al presidente Gasea, que dos días 
antes había partido de allí con dirección á Nombre de 
Dios. 

Habiendo desembarcado á continuación en Panamá el 
resto de los facciosos, penetraron todos en la ciudad; sa- 
quearon la casa del funcionario que ejercía el gobierno 
local, prendieron al alguacil mayor, Hernando de Villalba, 
y se adueñaron de ochocientos mil pesos de oro en la casa 
de un doctor Robles, en la que había estado alojado el pre- 
sidente Gasea. 

Mas como si no bastaran tales desmanes, siguieron 
saqueando la población toda y cometiendo en ella otros 
excesos. 



DE LA AMERICA CENTRAL 59 

Al siguiente día se marcharon en persecución de Gasea, 
aunque quedó en los buques Pedro de Contreras; mas 
apenas se hubieron alejado de Panamá los facciosos, se 
reunieron los Tecinos principales de esa ciudad, para ar- 
marse; repicaron las campanas, y reuniéndose en el acto 
todos' los demás vecinos, quedó organizada una fuerza de 
más de trescientos panameños. 

Estos, al anochecer, se valieron de un bien forjado ar- 
did para tomar los navios que custodiaba Pedro de Con- 
treras; pero nada les valió, habiendo sido rechazados por 
ese capitán. 

Los rebeldes tornaron á la media noche á Panamá, 
dirigidos por Juan Bermejo; atacaron las trincheras de 
los panameños, quienes se defendieron con gran denue- 
do y obligaron al enemigo á retirarse fuera de la po- 
blación. 

Renovóse al día siguiente el ataque con mal éxito pa- 
ra los panameños en el primer encuentro ; mas al fin vol- 
vieron éstos á la carga con mayor ánimo, hasta conseguir 
la derrota completa de los facciosos , de los que murieron 
ochenta y dos en el campo, entre ellos Juan Bermejo, Sal- 
guero y otros capitanes: los pocos que pudieron escapar se 
salvaron en los buques confiados á Pedro de Contreras: 
los demás, que habían caído prisioneros, fueron asesina- 
dos cobardemente unos, y ahorcados los otros. 

Hernando de Contreras, que no asistió á la refriega, 
huyó por el camino de Nata al tener noticia de lo que su- 
cedía, y se ahogó en una ciénaga: su hermano Pedro, 
después de desembarcar para libertarse de la persecución 
que por mar le seguían haciendo los panameños, se inter- 
nó en unas montañas, y allí, se dice, pereció á manos de 
los indios. 

Volvamos á ocuparnos de los asuntos administrativos 
del reino de Guatemala. El presidente licenciado Cerrato 
puso en libertad á los indios reducidos á la esclavitud en 
Chiapas, y dictó medidas para favorecer á los naturales 
de las varias provincias y ahorrarles malos tratamientos 
de parte de los colonos. 



60 ESTUDIO HISTÓRICO 



La fecunda y generosa idea de formar reducciones con 
los nativos que andaban dispersos, se llevó á la práctica 
en Chiapas y en otros puntos, no obstante la resistencia 
que ellos oponían. 

El licenciado Cerrato aumentó el número de los corre- 
gidores, fijando los límites de sus jurisdicciones respecti- 
vas; así se libertaba á los aborígenes de la dura servidum- 
bre en que los tenían los encomenderos; aunque más ade- 
lante no dejaron algunos de aquellos mismos funcionarios 
de oprimir á los pobres nativos, exigiéndoles servicios tan 
indebidos como penosos. 

Debemos hacer mérito de un acontecimiento notable 
para España y sus colonias americanas, cual es la renun- 
cia de la corona, hecha en Enero de 1556, en favor de Fe- 
lipe II, por el ilustre rey Carlos I, en nombre de quien se 
habían conquistado las secciones más importantes de este 
continente. El mismo soberano Carlos I comunicó el su- 
ceso á las autoridades y homes buenos de la ciudad de 
San Salvador con fecha 16 del propio Enero, y al día si- 
guien.te á la ciudad de Santiago de los Caballeros de Gua- 
temala. 

Como la institución de los corregidores y alcaldes ma- 
yores fuese de suma utilidad para entablar el régimen ad- 
ministrativo y judicial en estos países, se continuó más 
adelante estableciéndolos en diversos puntos : en 1560 se 
dio jurisdicción al alcalde mayor de Acajutla sobre la ciu- 
dad de San Salvador, por no haber en ésta un funcionario 
de esa categoría, y al de Usulutlán sobre San Miguel, por 
no haberlo allí tampoco. 

La ciudad de San Salvador, sujeta á terremotos más ó 
menos violentos, experimentó uno de desastrosos resul- 
tados el 23 de Mayo de 1575. El oidor licenciado García del 
Palacio, que llegó poco después al lugar del siniestro, dice 
que encontró la población casi desierta y las casas arrui- 
nadas, aunque muchas fuesen de buena fábrica. «Yo vi, 
añade, un lienzo muy grueso de la pared de una iglesia, 
que habiéndolo levantado el temblor hacia arriba, se tornó 
á sentar desviado por su cimiento un xeme por algunas 



DE LA AMERICA CENTRAL 61 

partes La casa donde yo estaba parecía un navio, pues 

las domas llegaban con los tejados al suelo.» 

En el último cuarto del sig-lo XVI, comenzó á decaer la 
marina española y á levantarse la inglesa, lo que se de- 
bió principalmente á la destrucción, por causa de un tem- 
poral, de la gran escuadra de España mandada contra In- 
glaterra por Felipe II; entonces floreció el atrevido y hábil 
marino británico Francisco Drake, quien , apoderándose 
de algunos de los buques perdidos de aquella escuadra, 
se dedicó al corso; y, viniendo por el estrecho de Maga- 
llanes al mar del Sur ú océano Pacífico, saqueó varios puer- 
tos de Chile y el Perú, y en seguida se trasladó á las costas 
del reino de Guatemala. 

Al recibirse en la capital del país la noticia de la veni- 
da de Drake, el presidente de la audiencia y gobernador, 
licenciado García de Valverde, dispuso oponerle fuerzas; 
armó tres navios, para que en ellos fuesen doscientos sol- 
dados, y los mandó á perseguirlo, llegando las naves hasta 
Acapulco, sin poder encontrarlo: el jefe de esa expedición 
era Diego de Herrera, que había sido gobernador de Hon- 
duras. El puerto de Aoajutla fué entonces guarnecido con 
cincuenta hombres al mando de un capitán, aunque tan>- 
bien se dispuso que á esa gente se agregaran los enco- 
menderos y sus indios. 

El teniente de gobernador de Nicaragua, capitán Sil- 
vestre de Espina, que ejercía ese cargo por el año 
de 1582, estuvo en el Realejo, con soldados españoles é in- 
dios flecheros, para defender el puerto contra los corsa- 
rios , que en cinco navios habían pasado por allá á vista 
de tierra. 

Diego López, vecino de Trujillo, prestó buenos servi- 
cios en aquel lugar, libertando á la población trujillana de 
las maquinaciones de los corsarios. En ISTíT comenzó á 
tratar la audiencia de (iuatemala de fortificar ese mismo 
puerto, para el que juzgaba necesario un baluarte con 
cuatro piezas de artillería. 

En Agosto de 1595 comunicó á la audiencia el comen- 
dador Carranza, residente en San Pedro Zula, que en Puer- 



62 ESTUDIO HISTÓRICO 



to- Caballos habían desembarcado, robado é incendiado la 
población muchos franceses que vinieron en cuatro naves; 
pero que él, al informarse del suceso, reunió unos cuan- 
tos españoles y algunos vaqueros é indios de Ulúa, con 
los que quitó á los franceses cuarenta de las muías roba- 
das, después de derrotarlos por completo. 




V. 



Sucesos dignos de notarse en el siglo XVII. 



SUMARIO. 



Corsarios y piratas; bucaneros: sus depredaciones. — La riqueza pública, y 
los gravámenes. — Abundancia del ganado vacuno. — El papel sellado. — 
Terremoto en San Salvador. — Tareas para proteger y civilizar á los in- 
dios. — Cultivo de vegetales europeos y reproducción de animales útiles. — 
Ordenanzas para los repartimientos de indios. — Recopilación de India.<t. 
— Desprestigio de la autoridad. — Tumultos y rebeliones. — Manejos de 
los oidores. — Desacuerdo entre familias principales. — Pobreza de la 
capital del reino. — Hipotecas de fincas. — El ayuntamiento. — Las al- 
caldías. 



A principios del sig-lo XVII aumentaron las hostilida- 
des de los corsarios en Puerto-Caballos y Golfo Dulce; esto 
determinó al cabildo de Guatemala, en 15 de Marzo de 1603, 
á solicitar de la audiencia que se guarneciese aquellos 
puntos, si bien para ese objeto no se disponía de fondos 
suficientes en las arcas públicas. 

Si en alg-unas ocasiones los habitantes de Trujillo sa- 
lieron victoriosos en sus luchas contra los extranjeros que 
atacaban el puerto, no por eso dejaron otras veces de 
sufrir derrotas y desastres: el año 1630 arribó allí una es- 
cuadra enemiga, de holandeses, que ocuparon la población . 
en la que había un fuerte con diez y siete piezas de arti- 
llería; talaron, quemaron y robaron cuanto les fué posible: 
la ciudad de Trujillo constaba entonces de ciento cincuenta 



64 ESTUDIO HISTÓRICO 



vecinos , en sa mayor parte andaluces y vascong-ados, 
gente muy dedicada al trabajo. 

Debe advertirse que los corsarios, no sólo infestaban el 
litoral, sino que también se internaban en nuestro territo- 
rio en persecución de las mercaderías; con tal motivo se 
colocó á veces gente armada en puntos del interior para 
resguardo del comercio. 

Al ocuparnos de este asunto se hace preciso citar á los 
llamados en aquella época «filibusteros,» cuyo nombre, 
según Alcedo, se daba á los corsarios, ó más bien piratas, 
que de todas partes se establecieron en la isla de Santo Do- 
mingo, y á quienes se apellidaba «bucaneros;» muchos de 
esos individuos se reunían en partidas de cuarenta ó cin- 
cuenta, elegían un jefe ó comandante, y compraban una 
barca, en la que salían á robar las embarcaciones que en- 
contraban. Con el tiempo creció extraordinariamente el 
número de los consagrados á ese género de vida, gente 
de malas costumbres en su generalidad; adueñáronse de 
la pequeña isla de Tortuga, y empezaron á atacar los puer- 
tos de las colonias españolas de América, hasta sembrar 
el terror en los mares. Naciones civilizadas hubo que, para 
proporcionarse el auxilio de individuos tan audaces como 
valientes, los compraron, y se sirvieron de ellos en sus gue- 
rras, con cuyo fin les expidieron patentes de corso. 

De ahí proceden las desgracias sufridas por el reino de 
Guatemala en sus costas, en los últimos años del siglo XVII 
y principios del XVIII, y no sólo en el litoral del Norte, 
que era el más próximo á la residencia de los piratas, sino 
también en el Sur, el que, aunque muy distante, estaba 
menos defendido con fuerza armada y fortificaciones. 

Cuando la autoridad superior del reino de Guatemala 
dispuso reconocer los ríos y rumbos por donde esos pira- 
tas ó filibusteros habían invadido y saqueado la Nueva 
Segovia, confirió ese cargo al oidor D. Jerónimo de Viga 
y Vega, á quien ordenó además colocara en aquella pro- 
vincia todo el resguardo necesario. 

Después de quemada la ciudad de Panamá en 1671, se 
avistaron naves enemigas en las costas de Nicaragua y 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 65 

Costa-Rica: la audiencia acordó que se reuniesen fuerzas 
para su defensa; y acudió al lugar del peligro, con la 
gente mandada de la ciudad de Guatemala, el caballero 
D. Melchor de Meneos, con veinte soldados de infantería, 
que él sostenía de su propio peculio. 

' Más adelante, en 1683, se descubrieron cinco navios 
enemigos, de alto bordo; y con la fuerza levantada para la 
defensa, estuvieron el mismo Sr. Meneos y el gobernador 
D. Juan González Batres, por cuenta de .quienes fueron 
mantenidos cincuenta hombres por todo el tiempo en que 
estuvo amenazado el reino por aquella parte. 

El gobernador de Costa Rica, Sr. Haya, elevó al rey un 
informe en 15 de Marzo de 1719, en el que, entre otras 
cosas, exponía que en 1681 y en 1686 penetraron por el 
Sur de la provincia los corsarios; que quemaron y roba- 
ron la ciudad de Esparza, llevándose algunas personas de 
ambos sexos, las que después fueron devueltas en virtud 
de un rescate de mil pesos: añadía el gobernador que desde 
entonces quedó despoblada Esparza, cu3"0s moradores pre- 
firieron retirarse á vivir en los campos de Bagaces y Lan- 
decho. 

Al describir Alcedo la ciudad de León, capital de la 
provincia de Nicaragua, dice que en 1685 fué saqueada 
por piratas ingleses, habiendo sido insuficiente para su 
defensa el cuerpo de tropas con que contaba; y luego, re- 
firiéndose al Realejo, añade que también esa población 
sufrió desastres por los piratas. 

En lo que concierne á Granada, el sargento mayor don 
Jerónimo de la Vega y Lacayo manifestó al rey que seria 
sin duda la ciudad más rica de la provincia, á no haberla 
saqueado tres veces los corsarios, que entraron á ella por 
el río de San Juan y por Escalante; este lUtimo era un 
puerto situado en el mar del Sur á unas veinte leguas. 

Pero no sólo esas poblaciones sufrieron por causa de 
la piratería; también la ciudad capital del reino estuvo 
amenazada por los enemigos, que intentaron penetrar 
hasta ella por la barra de Iztapa; por lo que se dispuso es- 
tablecer guarnición en el pueblo de Escuintla y situar en 



66 ESTUDIO HISTÓRICO 



ese punto varias compañías de soldados españoles y gente 
parda, á las órdenes del general Meneos. 

Por último, para concluir con esta materia, y aunque 
^salgamos de los límites asignados á este capitulo, añadi- 
remos que en el primer cuarto del siglo XVIII se temió 
una invasión pirática en la ciudad de San Miguel: el maes • 
tre de campo D. Juan José de Molina obligó entonces al 
alcalde provincial D. José de Guzmán á marchar con fuer- 
zas á la costa, pjara impedir el acceso del litoral del Sur 
al enemigo. 

Después de la ocupación de esta parte del nuevo mun- 
do por las armas españolas, fueron poco á poco creciendo 
y desarrollándose las varias provincias del reino de Guate- 
mala; y si la situación económica ofrecía algunos signos 
de robustez al principiar el siglo XVII, hay que decir que 
no tardó mucho en ir declinando. 

A fines del primer cuarto de ese siglo había disminuido 
el número de encomenderos y mercaderes, el de dueños 
de estancias, obrajes de añil, ingenios de azúcar y moli- 
nos de trigo. 

Nuevos gravámenes estaban ya establecidos sobre los 
productos del país; y los impuestos pesaban además, no 
sólo sobre las profesiones y oficios, sino hasta sobre los 
empleos, todo con la mira de satisfacer las necesidades do- 
mésticas en materia de administración pública y á la vez 
ayudar al gobierno de España en los apuros de dinero en 
que frecuentemente se hallaba: de ahí la decadencia que 
iba experimentándose en todo. 

Solamente en lo que toca á la industria pecuaria se 
notaba adelanto extraordinario en San Salvador, Guate- 
mala, Honduras y Nicaragua; pero la carne se vendía en 
aquel tiempo á muy bajo precio: muchas veces se mataban 
las reses únicamente para aprovechar los cueros, que se 
mandaban á España. Hacendado hubo que, en una feria 
en la villa de Petapa, vendió seis mil cabezas de ganado á 
diez y ocho reales cada una. 

El uso del papel sellado se mandó introducir por real 
cédula de 1638, para que en él se extendiesen los contra- 



DE LA AMERICA CENTRAL 67 

tos, autos, escrituras, etc., etc., bajo pena de nulidad, 
multas y aun castigos corporales en caso de reincidencia. 

La miseria de la ciudad de Guatemala y de las varias 
provincias en general, abrumadas con el peso de los gra- 
vámenes, sirvió de fundamento á la representación eleva- 
da al rey para que se aplazase el cumplimiento de la cé- 
dula sobre papel sellado; pero las gestiones hechas con tal 
motivo fueron inútiles. • 

En 1659 se experimentó un violento terremoto en la 
ciudad de San Salvador, causando en ella y en los pueblos 
inmediatos los más lastimosos estragos. Con el propósito 
de reconstruir la iglesia parroquial de la ciudad dicha y 
socorrer á los infelices que más habían sufrido por conse- 
cuencia de la catástrofe, reunió el alcalde mayor unos mil 
pesos de donativo entre la gente acomodada del lugar, y 
solicitó que por algún tiempo se eximiese á los vecinos 
del pago de alcabalas. 

Parece llegada la ocasión de hacer notar que si los con- 
quistadores, en su mayor parte, se habían mostrado duros 
y hasta crueles con los indios, y si muchos de los colonos, 
sobre todo en los primeros años que siguieron á la con- 
quista, observaron una conducta análoga, obligando á 
los infelices nativos á penosos trabajos, los demás españo- 
les los trataban suavemente y se afanaban pn civilizarlos 
y enseñarles á vestirse, á construir sus casas, tejer, fabricar 
sombreros y jabón, hacer pan, cultivar el trigo, etc., etc. 
Los misioneros que entre los indios se establecían para 
continuar la conquista pacífica, se señalaban por el inte- 
rés con que les trasmitían conocimientos útiles. 

Lqs españoles extendieron con extraordinaria activi- 
dad, en esta como en las demás porciones del nuevo mun- 
do sujetas á la corona de Castilla, el (uiltivo de los vege- 
tales europeos, y propagaron, con especies traídas de Es- 
paña, los caballos, bueyes, cerdos y demás animales útiles, 
antes desconocidos en este continente. 

Los repartimientos de indígenas para las faenas cam- 
pestres estaban permitidos; mas para reglamentarlos con- 
venientemente, evitando vejaciones á los naturales, comí- 



68 ESTUDIO HISTÓRICO 



sionó la audiencia en Marzo de 1680 al oidor licenciado 
Chacón Abarca, para que redactara unas ordenanzas; en 
éstas se señalaba un real diario á los trabajadores, se exi- 
mía de esas tareas á los enfermos, se nombraban jueces 
repartidores, etc., etc. 

En el mismo año 1680, se publicó la Recopilación de 
Indias, redactada para el buen gobierno de las colonias 
españolas del nuevo níundo, y que encierra algunas leyes 
especiales para el reino de Guatemala. 

Muchos acuerdos de la audiencia, en los años corridos 
desde 1694 hasta 1696, demuestran el desprestigio en que 
la autoridad había venido cayendo, no sólo en la capital 
del reino de Guatemala, sino también en las provincias 
en general. 

En aquel tiempo ocurrió un tumulto en Ahuachapán, 
síntoma del malestar y del desconcierto que prevalecían 
en estas colonias de Centro-América. Antes se había ex- 
perimentado una rebelión en las minas del Corpus, en 
donde estaba de alcalde mayor Juan Alonso Cordero. 

Tampoco los oidores se manejaban en aquel entonces 
con la probidad necesaria: el presidente Sr. Berrospe los 
apercibió en cierta ocasión por dejar en los libros de acuer- 
dos algunos espacios en blanco con la mira de cometer 
fraudes: la audiencia estaba además dividida en bandos 
contrarios. 

En el año 1697 se lamentó un motín promovido por 
pardos del barrio de San Jerónimo; y en el de 98, el albo- 
roto de la ciudad de Granada contra el gobernador de la 
provincia. 

Las familias de la alta clase social de la ciudad de Gua- 
temala y de otros puntos del reino, se encontraban en des- 
acuerdo entre sí por luchas de intereses. 

La capital llevaba una vida trabajosa por la escasez de 
recursos de sus vecinos, que no contaban más que con las 
ganancias de un limitado comercio: las casas y fincas de 
campo estaban gravadas con fuertes sumas que recono- 
cían á los conventos, principalmente á los de monjas. Hubo ' 
ocasión en que el ayuntamiento, compuesto antes de su- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 



69 



jetos acaudalados, no contase más que con tres regidores 
desprovistos de medios para vivir: las alcaldías municipa- 
les, que en lo general habían estado provistas en caballe- 
ros distinguidos, ya no eran solicitadas, y costaba trabajo 
encontrar personas que se prestasen á servirlas. 




VI. 



Sitnacíón de las cosas en el siglo XVIII. 



SUMARIO. 

Adixdmatración de estas provincias. — Recompensas acordadas á los bu» 
nos servicios. — Costa-Rica y el puerto de Caldera. — Cultivo del algo- 
dón. — Tejidos. — Gremios y ordenanzas. — Las artes. — Imprenta de Ve- 
lasco y publicación que en ella se hizo en 1723. — Informe del Sr. Na- 
varro sobre estas provincias. — Inundación de Petapa. — Expulsión de los 
jesuitas. — El sistema de alcabalas. — Síntomas de trastornos. — Fuerza 
armada. — Útiles de guen-a. — Tropa veterana. — Milicias. — Ruina de la 
ciudad capital en 1773. — Ten-emoto de 1717. — Escuelas.— Colegios. — 
Universidades. — Legado de cuarenta mil pesos hecho por el Sr. Fran- 
cos. — Cátedras en Comayagua. — Hombres doctos y obras compuestas 
por ellos, — El edificio del ayuntamiento en la ciudad de Guatemala. — 
Otros hombros sabios. — Sociedad Económica de Amigos de Guatemala. 

Para garantizar en lo posible la buena administración 
de estos países en sus varios ramos, se nombraron por al- 
gún tiempo visitadores que investigasen la conducta de 
los presidentes de la audiencia; y ésta por su lado, desig- 
naba de cuando en cuando un oidor para recorrer las pro- 
vincias, estudiar sus necesidades, entender en negocios 
de justicia é informar á aquel alto cuerpo en orden á to- 
dos los puntos que exigieran atención más preferente. Por 
otra parte, el gobierno de España, para estimular los ser- 
vicios meritorios en los funcionarios, los premiaba con 
ascensos y aun con títulos de Castilla. En los primeros 
años del siglo XVIII estuvo en la ciudad de Guatemala, 
en calidad de visitador, el señor Osorio, oidor de México, 
que vído para restablecer la tranquilidad alterada por la 
conducta del juez pesquisidor, licenciado Ü. Francisco Gó- 
mez de la Madriz. 

La provincia de Costa-Rica, aunque compuesta de tie- 



72 ESTUDIO HISTÓRICO 



rras fértiles, permaneció en gran pobreza en los primeros 
años del siglo XVIII, á causa de la falta de actividad en 
que estaba el comercio por resultado de la clausura de los 
puertos, debida al temor que infundían los piratas. Sin em- 
bargo, en 1734 fué rehabilitado el puerto de Caldera para 
el tráfico mercantil de cabotaje con los demás del reino de 
Guatemala y con los de Nueva-España; y esta medida fa- 
voreció un tanto los intereses de aquella provincia, per- 
mitiéndole entrar en un periodo menos angustioso en lo 
que toca á su existencia económica. 

Uno de los ramos que se cultivaban en Guatemala era 
el algodón, que producía considerables cosechas y propor- 
cionaba ocupación útil á los muchos tejedores que fabri- 
caban las telas para los vestidos de la generalidad y sobre 
todo de la clase menesterosa, que no podía comprar los gé- 
neros de lana y lino procedentes de Europa. 

La institución de los gremios de artes y oficios existió 
en las provincias del reino de Guatemala en los siglos XVI 
y XVII, reglamentada lo mismo que en el viejo mundo, y 
se sabe que aún subsistía á principios del siglo XVIII, aun- 
que ya por entonces sus ordenanzas se habían anticuado, 
gobernándose esos cuerpos después por tradiciones y cos- 
tumbres. En el año 1624 expidió el gobernador general, 
conde de la Gomera, despacho de maestro artesano á un 
individuo, para que éste examinase á los oficiales del ramo 
que ejercía y extendiese títulos á los que estimara idóneos; 
así se comprueba la intervención que en el particular to- 
maba á veces el gobierno del reino, y que se consideraba 
desdorosa para los gremios, que gozaban de ciertos fueros. 
Al hacer mérito de las ordenanzas de esa institución , co- 
rresponde recordar que ya había dictado algunas desde el 
principio de la colonia el conquistador D. Pedro de Alva- 
rado, dirigidas á favorecer á los indios, sostener el culto 
católico, explotar las minas, etc., etc. 

En Febrero de 1712 se concedió permiso al capitán 
Hoscoso para fabricar paños y panillas: en 1729 exporta- 
ron algunas naves por Sonsonate, ó sea Acajutla, alqui- 
trán, brea, añily tejidos de algodón ó cotines de la fábrica 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 73 

deD. Francisco Andoaneg-ui: en 1730 salió por el mismo 
puerto un cargamento de añil, palo Brasil y otras made- 
ras, tabaco en polvo, jarcia, lona, cotin y mantas del país, 
con destino al Perú. 

Si en esas tareas acreditaban habilidad los habitantes 
del reino de Guatemala, no era menor la que poseían para 
la fabricación de fortepianos y órganos , así como para 
otros ramos de las artes. 

En 1723 no existía en la capital más imprenta que la del 
bachiller Velasco: en ella se imprimió entonces un largo 
escrito, en el que, entre otras cosas, se dice que la ciudad 
tuvo en su fundación un crecido número de ilustres fami- 
lias españolas, las que por desgracia habían disminuido 
mucho, no obstante la fertilidad de la tierra y su aptitud 
para producir los más variados frutos : estaban ya extin- 
guidas las familias de Mendoza, Rojas, Cárdenas, Monroy, 
Acuña, Aguilar, Mazariegos, Medinilla, etc., etc. 

Añade el impreso dicho que las gentes de la ciudad se 
sostenían con gran trabajo en su mayor parte, y que hasta 
las de la alta clase social se ocupaban en los amasijos y 
en otras penosas tareas para ganarse la subsistencia: que 
los padres de familia, movidos del propósito de librar á sus 
hijos é hijas de la miseria, los mandaban á los monaste- 
rios; pero que también en los claustros se sentía la falta 
de recursos. 

El autor de la publicación referida lamenta la escasez 
de matrimonios y el menosprecio en que había caído la 
moral, y se queja del abandono en la educación de los ni- 
ños y niñas. 

En Mayo de 1745 dirigió desde la ciudad de Guatema- 
la al ministerio d,e la Guerra de España un importante in- 
forme sobre la situación de estos países, el oficial de in- 
genieros D. Luis Diez Navarro, que estaba acá como ins- 
pector del reino, y que lo había recorrido para estudiar sus 
necesidades y proponer los medios de satisfacerlas. 

Estas provincias guardaban en lo general un estado 
poco satisfactorio, según los términos del informe men- 
cionado. 



74 ESTUDIO HISTÓRICO 



El Sr. Diez Navarro indicaba la conveniencia de forti- 
ficar el puerto de Omoa, en vez del de Trujillo, por estar 
aquél á menos distancia de la capital y de la provincia de 
San Salvador, y por ser el más seguro, limpio y recogido 
de toda la costa de Honduras y ofrecer mayor seguridad 
para las embarcaciones. 

La alcaldía mayor de Tegucigalpa (continuamos refi- 
riéndonos al dicho de aquel funcionario) era importante 
por sus minerales de plata y oro; pero en su jurisdicción 
no había muchos españoles, y en su mayor parte eran con- 
trabandistas los que la poblaban. 

La provincia de Matagalpa ó Chontales se encontraba 
habitada por indios de mala índole, que muchas veces se 
habían insurreccionado contra los corregidores. 

En la ciudad de Granada se contaban más de ochocien- 
tos vecinos, la mayor parte de origen español. El Sr. Diez 
Navarro proponía que se fortificara también esa población. 

En la provincia de Nicaragua no existía otro castillo 
que el del río de San Juan; por lo que varias veces la ha- 
bían invadido y saqueado los piratas. 

La villa llamada entonces de Nicaragua, á doce leguas 
de Granada, estaba poblada por españoles y mestizos, que 
traficaban en cacao, artículo que se producía abundante- 
mente por allá. 

En cuanto á la provincia de Costa-Rica, dice el Sr. Na- 
varro que la encontró bastante atrasada; que su capital, 
la ciudad de Cartago, contaba con los muchos frutos co- 
sechados en los feraces campos de las inmediaciones: que 
los indios de Boruca no reconocían dependencia del go- 
bernador de Cartago, ni pagaban tributo, y no obedecían 
más que al cura párroco, que era un religioso franciscano; 
que la temperatura de los valles de Matina era húmeda, 
cálida y malsana, por lo que habían muerto tantos em- 
pleados y trabajadores del fuerte de aquel lugar; y que la 
falta de comercio activo y la escasez de gente impedían la 
prosperidad de la provincia en general. 

En 9 de Octubre de 1762 tuvo lugar la ruina de Peta- 
pa, que conviene recordar por tratarse de una población 



DE LA AMERICA CENTRAL 



que había adquirido cierto desarrollo, contando ya enton- 
ces con un número de habitantes que pasaba de cinco mil, 
españoles muchos de ellos. Una inundación debida á tres 
torrentes desprendidos de la rotura de un cerro inmediato, 
después de un temporal espantoso, produjo el cataclismo 
de que se habla; los árboles y la arena arrastrados por la 
fuerza del agua inundaron las calles y casas, destruyén- 
dose muchas de estas últimas y pereciendo considerables 
intereses: murieron unas ochenta personas. 

Un suceso de importancia ocurrió en el año 1767, cual 
es la expulsión de los padres Jesuítas de la ciudad de Gua- 
temala, en virtud de la ley expedida por el monarca D. Car- 
los III para extinguir la Compañía de Jesús en España y 
sus colonias. El número de religiosos existentes de esa co- 
munidad en la capital dicha, era de doce á catorce, figu- 
rando entre ellos dos ó tres guatemaltecos; los demás eran 
mexicanos y de otros países. Tenían á su cargo el colegio de 
San Borja, de que era rector en aquellos díasel padre Rafael 
Landivar, natural de Guatemala, maestro en artes, que es- 
cribió una obra de mérito sobre historia natural de México 
y de este país. Otro de los individuos notables de la Com- 
pañía, que salió expulso con sus compañeros, fué el padre 
José Ignacio Vallejo, natural de Guadalajara, distinguido 
por su saber y virtudes. 

El presidente Sr. Salazar y Herrera se quejaba en la 
segunda mitad del siglo XVIII, de lo espinoso que era el 
ejercicio del gobierno con el sistema de alcabalas que es- 
taba adoptado y con el estanco de tabaco, pólvora, naipes 
y aguardientes. 

La administración de las alcabalas y el estanco de los 
ramos dichos causaban tal desagrado á los habitantes, que 
se temían movimientos sediciosos en aquel entonces; y 
fué preciso, para evitar robos y otros escándalos, asegurar 
el palacio y las reales arcas, en las que existían crecidas 
sumas. Circulaban papeles ofensivos á la autoridad y anó- 
nimos que denunciaban la irritación de los ánimos. 

En tal virtud, se bajó el precio del tabaco, sin que se 
calmaran los espíritus; y continuando la inquietud, se 



76 ESTUDIO HISTÓRICO 



dictaron otras providencias, siendo la principal el aumen- 
to de doscientos dragones para mantener el orden y los 
fueros de la justicia. El pueblo pedía la extinción de los 
estancos y se quejaba de pobreza. 

Situación tan difícil se hacía también sentir en las pro- 
vincias de Nicaragua y Honduras, como lo acredita un 
memorial de los vecinos de la isla de Ometepe, y otro de 
los de la ciudad de Gracias; este último contenía concep- 
tos un tanto enérgicos. 

No sólo para sostener el orden en el interior, sino para 
rechazar á los corsarios y piratas, se habían establecido 
milicias en muchas poblaciones, dotándose además de ar- 
tillería las fortalezas y otras plazas. 

En la ciudad de Guatemala se contaba con un regular 
número de fusiles y otros útiles de guerra, lo mismo que 
en San Felipe del Golfo, en Omoa, Granada, Acoyapa, 
castillos del río de San Juan y del Peten, Sonsonate, etc. 

En cuanto á la tropa veterana, era muy escaso su nú- 
mero; pero la había en Nicaragua, Honduras, etc. Las mi- 
licias estaban medianamente organizadas en todo el reino. 

Cuando en 1773 ocurrió la ruina de la ciudad capital, 
el presidente señor mariscal Mayorga, al participar á Espa- 
ña tan triste suceso, se quejaba de no tener más que cua- 
renta y ocho dragones para custodiar los caudales del rey 
y los intereses de los particulares, y dice que los soldados 
de la milicia estaban ocupados en atender á sus casas y 
familias. 

Andando el tiempo, llegó á poseerse en la capital un 
batallón fijo de infantería y un escuadrón de caballería, y 
vinieron de España jefes, ayudantes y tambores. En 1778, 
el inspector general D. Matías de Gal vez, pudo ir forman- 
do cuerpos de una y otra arma en Chiquimula, Santa Ana, 
Tegucigalpa, Comayagua, Cartago y otras poblaciones 
importantes. 

Hablando del terremoto, dice el Sr. Mayorga que es- 
taban muy deterioradas ó arruinadas las casas, iglesias, 
cárceles y conventos, y que habían ocurrido muertes y 
otros sucesos desgraciados; y luego añadía: «Este aconte- 




DE LA AMÉRICA CENTRAL 77 

cimiento ha aflig-ido mi espíritu con los clamores de un nu- 
meroso pueblo de cerca de sesenta mil almas; y desde lue- 
go me persuado será necesario situar estos habitantes en 
otra parte, y desamparar esta ciudad, hermosa á mi in- 
greso y hoy espectácalo de conmiseración.» 

El terremoto á que se refiere en esas palabras el maris- 
cal Sr. Mayorga, es el llamado de Santa Marta, que acaeció 
en Julio de 1773, y que fué causa de grandes pérdidas y 
d-e la traslación de la ciudad capital al valle de la Ermita, 
en que hoy se encuentra. 

Mas no es ese el único terremoto ocurrido en el si- 
glo XVIII, en la principal población del país: ya en 1717 
se había experimentado otro, por consecuencia del cual 
sufrieron graves daños los edificios y casas particulares. 

No puede decirse con exactitud que las ciencias y las 
letras floreciesen en estas colonias, ni que la primera en- 
señanza se señalara con una suma regular de beneficios; 
pero ya desde el siglo XYII, había colegios y universidad 
en la ciudad capital, y más adelante se estableció también 
un colegio en León de Nicaragua, pues la universidad 
leonesa no fué organizada sino en 1812: tampoco faltaba 
uno ú otro plantel de primeras letras; á fines del siglo XVIIl 
se fundaron en la capital dos escuelas, con cuarenta mil 
pesos legados para su sostén por el benéfico arzobispo se- 
ñor Francos y Monroy. En aquellos tiempos ya existían 
desde muy atrás cátedras de gramática castellana y lati- 
na en la ciudad de Comayagua, establecidas en virtud de 
real cédula. 

Notábase alguna afición por los estudios, y hubo unos 
cuantos que sobresalieron en varios ramos del saber: á 
principios del siglo XVIII, compuso una obra sobre mate- 
máticas D. Juan Jacinto Garrido, y poco tiempo después 
otra sobre astronomía D. Juan José de Padilla: en 1735 
escribió un tratado de aritmética y otro de trigonometría 
D. Joaquín Calderón de la Barca. 

A mediados del mismo siglo floreció el doctor en me- 
dicina y cirugía I). Manuel Avales, que bien merece un re- 
cuerdo por su ilustración, extraordinaria para aquella épo- 



78 ESTUDIO HISTÓRICO 



ca en este país; inventó varios instrumentos quirúrgicos, 
é hizo la transfusión de la sangre en dos perros, que vi- 
vieron después del experimento. 

Como ingeniero civil, se distinguió D. Juan José Gon- 
zález Batres, á quien se debe el plano y la dirección del 
palacio municipal de la capital de estas provincias, que 
sobrevivió á la ruina de 1773 y que aún existe hoy intacto 
y destinado á su objeto en la hermosa plaza mayor de la 
ciudad de la Antigua. 

Al enumerar los hombres doctos, exige la justicia re- 
cordar al teólogo y poeta fray Matías Córdova, al padre 
Goicoechea de Costa-Rica, filósofo notable y de ideas avan- 
zadas para su época, y al doctor médico D. José de Flo- 
res, que figuraron á fines de aquella centuria. 

En cuanto á los sabios Larreynaga, de Nicaragua; Za- 
mora, de Costa-Rica; Valle, de Honduras; Menéndez del 
Salvador, y Molina, de Guatemala; sus nombres han pasa- 
do á la posteridad, ceñidos con el lauro de gloria que su- 
pieron ganarse por sus talentos, puestos al servicio de la 
patria: aunque nacidos en el siglo XVIII^ cupo al XIX la 
buena suerte de disfrutar de la luz que en los horizontes 
del país proyectara tan lucida pléyade de centro-america- 
nos beneméritos. 

Cuando estaba ya para terminar la centuria á que se 
contrae este capítulo, establecióse en la ciudad capital, 
con el nombre de Sociedad Económica de Amigos, un ins- 
tituto que debía alentar el progreso material bajo diver- 
sos aspectos: en cédula de 21 de Octubre de 1795 aprobó 
el rey de España ese establecimiento y los estatutos y or- 
denanzas para su régimen: la iniciativa de tan valiosa me- 
jora nació del ministro de la audiencia D. Jacobo de Villa- 
Urrutia, natural de Santo Domingo, que vino á Guatemala 
en 1794. 

Además de la protección á la agricultura y á la indus- 
tria en general, se propuso la Sociedad Económica favore- 
cer el desarrollo de las nobles artes, y fundó en su mismo 
edificio escuelas de dibujo, pintura, escultura y arquitec- 
tura, á las que desde luego acudieron muchos jóvenes. 



DE LA AMERICA CENTRAL 



79 



En la sesión pública celebrada el 9 de Julio de 1797, dio 
cuenta el secretario Sr. Retes, de los trabajos ya ejecu- 
tados, enumerando el plantío de árboles de cacao, las di- 
ligencias hechas para el cultivo de la morera y adquisi- 
ción de la seda, la situación y progresos de la escuela de 
hilados, los premios ofrecidos para perfeccionar la fabri- 
cación de muselinas, pañetes y cotonías del país, los cur- 
tidos de las tenerías, etc., etc. 

En Junio de 1799 había 77 alumnos en la clase de di- 
bujo que costeaba la Sociedad Económica; y en Julio sub- 
siguiente se encomendó al entonces bachiller D. Miguel 
Larreynaga el desempeño de la cátedra de matemáticas de 
la misma corporación. 

El Sr. D. José Cecilio del Valle, el Sr. D. José Antonio 
Larrazábal, el padre Goicoechea, fray Matías Córdova, 
el Sr. Larreynaga y otros centro-americanos patriotas to- 
maron especial interés en el sostén y progreso de ese ins- 
tituto, el que, desde los albores de su existencia, estimuló 
el adelanto económico de un modo digno de verdadero 
aplauso. 




VIL 



Período corrido de 1801 á 1821, 
y proclamación de la Independencia. 



SUMARIO. 

La vitalidad del país. — La industria. — El adelanto intelectual. — Rivali- 
dades entre españoles y criollos. — El capitán gon^eral Sr. Domas y Valle. 
Decadencia del régimen colonial. — El capitán general Sr. Saravia. — 
Adelantos materiales en la ciudad capital. — Situación de las aráfcs del 
fisco. — Ambición de gobierno propio en el país. — Vigilancia de las auto- 
ridades. — Impresos extranjeros. — Descontento de los criollos. — La auto- 
nomía de los Estados Unidos de América y la Revolución francesa, en 
sus relaciones con la causa de la libertad centroamericana. — Sucesos 
ocurridos en la Península en 1808, en sus relaciones con la misma causa. 
Movimientos acaecidos en San Salvador, León y Granada. — Prisión de 
Córdova y proceso de Barrundia. — Actitud pacifica de Costa-Rica. — El 
capitán general Sr. Bustamante; sus procederes despóticos, ó influencia 
de la guerra de México y de la América del Sur en favor de la autonomía 
del reino de Guatemala. — Restablecimiento de la Constitución e.^pañola 
de 1812. — La cochinilla. — Muerte del padre doctor Goicoechea. — La ca- 
tedral do Guatemala y el puente de Tegucigalpa. — Terremoto ©n San 
Salvador. — Mejoras materiales en Costa-Rica. — El Sr. Urrutia y sus acha 
ques en la sahid. — El brigadier Sr. Gainza. — Progresos del partido in- 
dependiente. — Separación de Chiapas y su adhesión al Plan de Ifl^aala. — 
Convocatoria do una junta general do funoionaños y corporacioneM. — 
Entusiasmo popular. — Se proclama la Independencia. — Snlon dol pal» 
los* individuos que no aprueban la emancipación. — Reflexiones. 

Lleg"ó el año de 1801, y encontró tranquilo y pacifico 
al reino de Guatemala, entregado al paulatino desarrollo 
de sus elementos de prosperidad: el país empezaba á ad- 
quirir algún vigor en su modo de ser económico y ú echar 
en olvido la miseria en que antes se hallara y el infortunio 
sufrido por diversas causas. 

6 



82 ESTUDIO HISTÓRICO 



Crecía en todos el deseo de mejorar de condición: la in- 
dustria ofrecía mayor suma de frutos; y las ciencias y las 
letras aumentaban el número de sus adeptos: el adelanto 
intelectual contaba con un valioso apoyo, cual era la in- 
troducción de obras de filosofía, historia y derecho públi- 
co, en cuyas pág-inas aprendían los hijos de estas provin- 
cias á pensar sobre los derechos del hombre y de la socie- 
dad, y alimentaban su natural propensión á separarse de 
España: la vida de la inteligencia comenzaba á penetrar, 
aunque de un modo tímido y clandestino y como por in- 
filtraciones irregulares; pero bosquejaba la fisonomía tris- 
te de las colonias y trazaba el inventario exacto de las 
ideas que debían llevarse á la práctica, de las exigencias 
del siglo y de los medios más propios para satisfacerlas en 
un sentido amplio y genuinamente liberal. 

Muy antiguos eran los celos entre los españoles penin- 
sulares y los criollos: los primeros venían á ocupar los 
principales destinos, mientras que los segundos, por ricos 
y ameritados que fuesen, tan sólo podían aspirar á grados 
en las milicias, cruces de órdenes españolas y cargos con- 
cejiles. 

Así se ve que los criollos notables por los bienes de la 
fortuna y por la instrucción y aptitudes que poseían, no 
pasaban de ser individuos del ayuntamiento y rectores ó 
catedráticos de la universidad; siendo muy raro que á uno 
ú otro, por especial gracia, se nombrase para un empleo 
de corregidor ó de alcalde mayor: los funcionarios venían 
generalmente de España; y si los jurisconsultos ilustres 
Larreynaga, Zamora y Valle tuvieron la honra de ocupar 
puestos en lo judicial, hay que decir que la excepción con- 
firma la regla, pero no la destruye. 

En Enero de 1801 estaba como capitán general el señor 
D. José Domas y Valle, jefe de escuadra, que, por los acha- 
ques de la vejez, pues contaba ya cien años cumplidos, 
no podía retener en sus trémulas manos las riendas del 
gobierno. 

El Sr. Domas, en su ancianidad, parecía llamado á per- 
sonificar la agonía en que entraba la dominación ibérica 



DE LA AMÍRICA CENTRAL 83 

en estas tierras. Aquella organización política estaba en 
su decadencia: hallábanse embarazadas en su ejercicio al- 
gunas funciones vitales: todo iba á desaparecer para dar 
lugar á una renovación completa: el divorcio era favore- 
cido por multitud de circunstancias que aumentaban la 
descomposición que invadía al cuerpo colonial, para que 
el edificio perdiese su base y se desplomara envuelto en 
los pliegues de la bandera que por tres siglos le había pres- 
tado su sombra protectora: la caída era inevitable, des- 
ahuciado ya el gastado régimen; pero por fortuna no sería 
precedida de sacrificios cruentos, ni dejaría recuerdos luc- 
tuosos. 

En Julio del mismo año de 1801 se separó del mando 
el anciano Sr. Domas, y le reemplazó el mariscal Sr. Gon- 
zález Saravia, jefe que no carecía de energía ni de talento 
administrativo, y que abundaba en celo por los intereses 
de la corona. 

La ciudad capital del reino de Guatemala, trasladada 
al valle de la Ermita después de la ruina de que ya se ha 
hecho mérito, iba ensanchándose y embelleciéndose de un 
modo extraordinario: construíanse espléndidos acueduc. 
tos, magníficos edificios públicos y espaciosas y cómodas 
casas particulares, qiie acreditan abundancia de recursos 
en el país. Sin embargo, la situación de las arcas del reino 
en estas provincias no era muy desahogada; y, para ayu- 
dar al pago de la lista militar y civil, venían anualmente 
de México cien mil pesos. 

Conforme avanzaba el siglo, crecía también la afición 
á la libertad y al gobierno propio: hablábase en todos los 
círculos sociales de sacudir la tutela española, si bien mu- 
chos de los que así opinaban no eran estimulados más que 
por el deseo de excluir de los empleos á los nacidos en la 
Península y disfrutar ellos solos de las ventajas de la ad- 
ministración, sin respicencia á principios políticos ni á 
formas de gobierno. 

Observando el capitán general y demás autoridades de 
las provincias las tendencias que en ese sentido tomaban 
cuerpo por todos lados, redoblaban la vigilancia é impe- 



84 ESTUDIO HISTÓRICO 



dían en lo posible la introducción de los impresos del ex- 
tranjero que pudieran socavar las bases del régimen co- 
lonial. Pero los criollos, en número considerable, é influ- 
yentes por la fuerza misma de las cosas^ daban pruebas de 
un descontento profundo y ahondaban el abismo entre 
ellos y los peninsulares; empeñándose con afán en burlar 
el celo de la autoridad pública; y como la justicia tiene 
tal fuerza de expansión que desafia los manejos más dies- 
tros del poder y el espionaje más sutil, no era dado^ opo- 
ner diques al torrente de los sentimientos é ideas. 

Lo mismo que en México, Colombia y el Perú, penetra- 
ron en el reino de Guatemala las aspiraciones á la indepen- 
dencia, favorecidas por la emancipación política de los 
Estados Unidos de América y por el prestigio de los prin- 
cipios que á la faz del mundo proclamara la Revolución 
francesa: el influjo de esos principios iluminaba estas po- 
sesiones españolas y transformaba la conciencia general; 
habla sonado la hora de cambios radicales y profundos, 
que no podían menos de aceptar los centro-americanos 
para fundar una nueva sociedad política y civil. 

Esas ideas plantaban en nuestro suelo gérmenes de 
maravillosa fecundidad, cuyo libre desarrollo no podía 
aplazarse mucho, y avasallaban los espíritus, haciendo ilu- 
sorias las medidas más enérgicas de la capitanía general. 

Los sucesos ocurridos en la Península en 1808, ayuda- 
ron á la obra de la libertad hispano-americana, por el 
eclipse que en Castilla sobrevino á la monarquía legítima 
de los Borbones, de quien todo emanaba; y aunque tales 
acontecimientos no produjeran en el reino de Guatemala 
la violenta explosión sentida poco después en México, está 
fuera de duda que ejercieron poderoso ascendiente en las 
colonias centro-americanas y determinaron á muchos á 
hacer tentativas encaminadas al ideal perseguido. 

En 1811 forjóse en San Salvador una conspiración, en 
la que tomaron parte los curas Delgado y Aguilar y don 
Manuel José Arce; y aunque ningún efecto positivo pro- 
dujo, como tampoco lo produjeron los movimientos de 
León y Granada en aquel mismo año, ni la nueva cons- 



DE íiA AMERICA CENTRAL 85, 

piración de San Salvador en 1814, no por eso dejaban las 
autoridades españolas de percibir los signos que por todas 
partes se manifestaban en el sentido de la autonomía: el 
combustible acumulado podía ocasionar una conflagra- 
ción general. 

En la ciudad de Guatemala se procesó y redujo á pri- 
sión en 1811 al licenciado D. José Francisco Córdova, 
por sus enérgicas manifestaciones en el sentido de la in- 
dependencia: el Sr. D. José Francisco Barrundia fué tam- 
bién sometido á juicio en 1813 por la parte activa que 
tomara en las juntas revolucionarias de Belén, y tuvo que 
permanecer oculto hasta 1818: estos patriotas, lo mismo 
que el doctor D. Pedro Molina, el padre Delgado, D. Ma- 
riano de Aycinena y otros sujetos de las varias clases so- 
ciales, fueron de los más entusiastas por conseguir la se- 
paración de España. 

Pero si el deseo de llegar á ese resultado se advertía en 
San Salvador, Granada, Guatemala y otras poblaciones 
del reino, hay que decir que Cartago, Heredia y San José 
de Costa-Rica se mostraban fieles al gobierno español y 
no parecían simpatizar con los revolucionarios de las otras 
provincias hermanas. • 

En 1811 había dejado el mando el mariscal Sr. Gonzá- 
lez Saravia, ascendido ya á teniente general, ocupando su 
puesto el general Bustamante y Guerra; mas aunque el 
terror que con su conducta infundiera este ultimo funcio- 
nario, fuese calculada para amedrentar á los amigos de la 
emancipación, no por eso languidecían las aspiraciones 
por la libertad; acentuábanse más bien y se extendían por 
todos lados, contribuyendo á ello las luchas emprendidas 
en México y Sud-América por los ilustres patriotas Hidal- 
go y Morelos, Bolívar, San Martin y tantos otros héroes 
legendarios de la grandiosa epopeya liispano-americaua. 
También produjo más tarde buenos efectos en el sentido 
dicho el restablecimiento de la liberal Constitución espa- 
ñola de 1812; restablecimiento que en 1820, en que se hizo, 
dio origen á la formación de dos poderosos partidos, el 
independiente y el opositor. 



86' ESTUDIO HISTÓRICO 



Interrumpimos por un instante la narración de los su- 
cesos políticos para hablar de otras cosas. 

En el período administrativo del general Sr. Busta- 
mante, principió á tratarse del cultivo de la grana ó co- 
chinilla. La Sociedad Económica, llena de ansia de pro- 
greso, pidió la semilla á Oaxaca; y el ilustrado socio de 
ese instituto, doctor Larrazábal, demostró particular in- 
terés por la introducción de ese ramo de la industria. 

El 2 de Julio de 1814, murió el ilustre padre Groicoe-^ 
chea, tan querido por sus virtudes, su profundo saber y 
sus servicios á la causa del adelanto: al Sr. Valle tocó la 
honra de pronunciar en la Sociedad Económica el elogio 
fúnebre de aquel notable sacerdote, que dejó de existir á 
la edad de setenta y nueve años. 

La magnífica iglesia catedral de Guatemala se estre- 
nó en 1815; y en 1817 fué construido el hermoso puente 
de Tegucigalpa sobre el Río Grande: obras ambas de in- 
disputable mérito, cada una en su línea, y que son recuer- 
dos vivos de generaciones que pasaron y reclaman el res- 
peto de la posteridad agradecida. 

En 1815 sobrevino en la ciudad de San Salvador un 
nuéVo terremoto, que fué causa de graves daños en los 
edificios, y quebrantos en los intereses. 

Por ese tiempo comenzó á frecuentarse el puerto de 
Puntarenas de Costa-Rica, y un poco después á navegarse 
el Sarapiquí. En los últimos años del régimen colonial 
fué emprendido en aquella porción del país el cultivo del 
café, con semilla pedida á la Habana por el gobernador 
español Sr. Acosta. 

Desde 1818 había tenido lugar el retiro del enérgico 
capitán general Sr. Bustamante, á quien sustituyó en las 
difíciles tareas del gobierno el teniente general Sr. Urru- 
tia, cuya debilidad de carácter y achaques en la salud 
tenían que contribuir al desarrollo de los planes de los re- 
volucionarios, favorecidos por la libertad de imprenta, que 
en 1820 se pusiera en práctica para precipitar los sucesos. 

El nuevo capitán general Sr. ürrutia abundaba en de- 
seos de cumplir su deber conservando intacto en sus ma- 



DE I^ AMÍaiOA CENTRAL 87 

nos el legado de la dominación española en estas tierras; 
pero por su edad avanzada y la timidez de su espíritu, 
cooperó, sin quererlo, á la solución del ideal acariciado 
por los patriotas y entrevisto desde muchos años antes en 
América y España por los hombres reflexivos: tenía que 
realizarse una ley de la naturaleza, emancipándose los 
hijos, que ya estaban en aptitud de formar nuevas fami- 
lias, sin sujeción á la tutela en que antes se hallaran. 

La diputación provincial de Guatemala, con vista de 
la nulidad del Sr. Urrutia para el ejercicio del mando, le 
oblig-ó en Marzo de 1821 á delegarlo en el brigadier don 
Gavino Gainza, recientemente llegado de España con la 
investidura de inspector general. 

Este jefe, aunque contase con los gobernadores de las 
provincias y con alguna fuerza armada, no menos que 
con el gran partido españolista encabezado por el Sr. Valle, 
se abstuvo de tomar medidas para contener el desborde 
de los sucesos: bien comprendía que, estando México se- 
parado de España, sería infructuoso todo paso que aquí 
se dirigiese á impedir la realización de la independencia 
nacional. Los guatemaltecos amigos de la libertad no des- 
cansaban en la tarea de allegarse partidarios, y algunos 
recogían firmas públicamente en apoyo de su causa, sin 
que del palacio del gobierno emanase una orden para mo- 
lestar á ninguno de los disidentes. 

El 13 de Setiembre de 1821 se supo que Chiapas, pro- 
vincia del reino de Guatemala, se había adherido al Plan 
de Iguala de los independientes de México. Entonces se 
percibieron en el país los vivos rayos de luz que despedía 
la nueva nación mexicana; los guatemaltecos halagaron 
á Gainza ofreciéndole el mando de Centro-América libre 
y soberana, y le instaron para que convocase una reunión 
general de funcionarios y corporaciones, á fin de resolver 
en esa junta lo que más conviniera á los intereses pú- 
blicos. 

Aceptado ese pensamiento, que era también el voto de 
la diputación provincial, compuesta del doctor D. José 
Matías Delgado, ü. Mariano üeltranena y otros sujetos 



ESTUDIO HISTÓRICO 



de posición elevada, se hizo la convocatoria, celebrándose 
la junta dicha en la mañana del 15 en el palacio del go- 
bierno, bajo la presidencia del mismo Sr. Gainza y asis- 
tiendo los jefes militares, los jefes de oficinas y rentas, etc. 
Tomaron la palabra todos los que quisieron expresar 
sus opiniones, peninsulares é hijos del país: algunos de 
los empleados se pronunciaron en favor de la emancipa- 
ción y otros en contra: el auditor general de guerra, señor 
Valle, dijo que era justo el deseo de los centro-americanos 
que aspiraban á la autonomía, pero que la declaratoria 
debía aplazarse para cuando se recibiesen los votos de las 
provincias. 

La mayoría estuvo por la proclamación inmediata; y 
como un gentío inmenso, atraído por la novedad, la pi- 
diese á gritos, el brigadier español Sr. Gainza se decidió 
en igual sentido; prestó el juramento en manos del alcal- 
de, y continuó en el ejercicio de la autoridad suprema: el 
Sr. Valle redactó el acta de independencia; y la diputación 
provincial, que se aumentó luego con otros sujetos, asu- 
mió el carácter de junta provisional consultiva. 

Los empleados, españoles ó americanos, que no opina- 
ban por el transcendental paso que acababa de darse, so- 
licitaron pasaportes para restituirse á España, y les fue- 
ron expedidos, lo mismo que á los individuos particulares 
que prefirieron salir del país. 

Así terminó en la parte central del nuevo mundo la 
dominación española, iniciada tres siglos antes por ani- 
mosos capitanes y extinguida en las débiles manos del 
brigadier peninsular D. Gavino Gainza. 

La España trajo á estas comarcas la cultura europea, 
transformando el modo de ser existente antes de la con- 
quista, é inoculando en él principios desconocidos hasta 
entonces en estos territorios. 

Sus agentes en la administración colonial no estaban 
exentos de defectos, ni dejaron, muchos de ellos al menos, 
de cometer graves faltas y aun lastimosos abusos, debidos 
principalmente al espíritu de codicia que los animara. Pero 
el gobiern'o de la metrópoli se afanaba por la buena admi- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 89 

nistración de las provincias, aunque no siempre alcanza- 
sen sus esfuerzos á prevenir males y evitar desgracias. 

Las numerosas colonias del nuevo mundo robaban ca- 
lor y vida á la Península, lejos de ayudar á su robustez y 
prosperidad; y si estos países ganaron con la indepen- 
dencia, como no podía menos de suceder, también ganó 
con ello la España, la que, libre de los cuidados del go- 
bierno en la América continental, y no confiando ya en las 
remesas de oro procedentes de estas tierras, pudo consa- 
grar en el interior su atención al desarrollo de su energía 
y de sus fuerzas vitales, para ir en busca de los venturo- 
sos destinos á que tiene pleno derecho. 

Mucho sufrió la España en tiempos atrás por causa del 
despotismo y de la Inquisición ; pero también sus vastas 
posesiones en lejanas tierras la agotaron en vez de forta- 
lecerla; arrebatábanle sus más vigorosos y emprendedo- 
res hijos, y los que no salían de la madre patria contaban 
con los ricos productos metálicos que conducían los ga- 
leones periódicamente. ¡Cuántos de aquellos indolentes 
peninsulares no veían del cargamento de esos buques más 
que el óbolo que les era distribuido á la puerta de un mo- 
nasterio! 




VIII. 



Presidentes de la audiencia, 
gobernadores del reino j capitanes generales. 



Detalles históricos relacionados con esos funcionarios* 

El licenciado Alonso de Maldonado fué el primer pre- 
sidente de la audiencia, mas no gobernador, por si solo, 
del reino de Guatemala; seg-iín las ordenanzas de Agosto 
de 1543, que se dieron para la fundación de aquel alto 
cuerpo, á éste correspondia la administración de las pro- 
vincias. 

Después del Sr. Maldonado, ocupó el puesto en 1548 el 
licenciado Alonso López de Cerrato , que fué un defensor 
de los indios y enemigo de los abusos de los conquista- 
dores. 

Fué el tercer presidente de la audiencia el doctor An- 
tonio Rodríguez de Quesada, que había sido juez de resi- 
dencia de su antecesor. 

4." Licenciado Juan Núñez de Landecho, en 1559; 
desempeñando esas funciones, se le nombró gobernador 
en cédula de 16 de Setiembre de 1560, por la que se le en- 
comendó á él solo la gobernación del reino. 

5,° Licenciado Francisco Briceño, en cuyo tiempo se 
suprimió la audiencia, la que fué trasladada á Panamá, 
quedando él con el Gobierno de las provincias de Ghiapas, 
Soconuzco, Verapaz y (Guatemala (con San Salvador); su 
Jurisdicción se extendía hasta la línea que, partiendo del 
río Ulúa, pasa por Gracias y termina en la bahía de Fon- 
seca. 



92 ESTUDIO HISTÓRICO 



6.® Doctor Antonio González. En su tiempo se resta- 
bleció la audiencia, en 1570, con jurisdicción en las pro- 
vincias antes mencionadas, y en el resto de Honduras y 
en Nicaragua hasta Cartago. 

7.^ Doctor Pedro de Villalobos, en 1573. Ya en aquel 
entonces existia el cargo de relator de la audiencia, y lo 
desempeñaba el licenciado Pedro Navarro. 

8.** Licenciado García Valverde , 1578. Ese presidente 
dio instrucciones á los oidores para que en la visita de 
cárceles averiguasen si los presos eran bien tratados y si 
tenían camas para dormir. El presidente tenía voto en ma- 
terias de justicia. 

9.° Licenciado Pedro Mayen de Rueda, en 1588. En ese 
tiempo se daba ya á los vocales de la audiencia, en los 
acuerdos de justicia y gobierno, el tratamiento de seño- 
res, mas no el de don, si no lo tenían como hidalgos. En 
1592, se construyó el famoso puente de «Los Esclavos» so- 
bre el río del mismo nombre; descansa en once arcos y 
mide 128 varas de largo por 18 de ancho; la obra es toda 
de piedra canteada. 

10.^ Doctor Francisco de Sandé, en 1594. Cuando se 
separó del mando, entró como presidente el Sr. Abaunza, 
que era el oidor más antiguo , encargándose del gobier- 
no del reino la audiencia , según estaba prevenido por 
la* ley. 

11.^ Doctor Alonso Criado de Castilla, en 1598. En ese 
tiempo se aumentó la audiencia con otra plaza de oidor. 

12.'' Antonio de Peraza y Ayala, conde de la Gomera, 
en 1611. No siendo letrado, no se le concedió voto ni in- 
tervención en materia de justicia. 

13.*^ Doctor Diego de Acuña, comendador de Hornos en 
la orden de Alcántara, 1627. Dícese que fué un buen go- 
bernador. 

14.*' Alvaro de Quiñones Osorio, caballero de la orden 
de Santiago, 1634. Juarros manifiesta que, por haber el 
Sr. Osorio fundado la villa de San Vicente, se le dio el tí- 
tulo de marqués de Lorenzana. 

15.° Licenciado Diego de Avendaño, en 1642. Cuéntase 



DE LA AMÉRICA CENTEIAL ^S 

de él que se negó á recibir los obsequios que varias veces 
le fuerou hechos. Por fallecimiento del Sr. Avendaño, 
ocurrido en Agosto de 1650, le reemplazó, aunque indebi- 
damente, el oidor decano licenciado Antonio de Lara Mo- 
grovejo. 

16.° Fernando de Altamarinoy Velasco, conde de San- 
tiago Calimaya, en 1654. Felipe IV le trata de pariente 
suyo en cédula expedida á 25 de Diciembre de 1657. Díce- 
se que en aquel tiempo ocurrieron desavenencias entre las 
familias más visibles de la ciudad de Guatemala, prolon- 
gándose por muchos años esa falta de concierto. En aquel 
tiempo floreció en la capital de Guatemala el muy virtuoso 
fray Pedro de San José de Betancourt, natural de la isla 
de Tenerife, y cuya memoria es siempre respetada. 

17.° General Martín Carlos de Meneos , caballero de la 
orden de Santiago, etc., etc.; llegado á la ciudad de Gua- 
temala el 6 de Enero de 1659. Fué el primer presidente 
militar, y prestó buenos servicios, conduciéndose siempre 
con moderación y tino; suplió cantidades de su peculio 
para asuntos de interés público. 

18.** Sebastián Alvarez Alfonso, señor de la casa de Cal- 
das; á su energía y celo se debió la construcción de la se- 
gunda iglesia catedral de la ciudad de Guatemala , de la 
que aún existe una parte restaurada en la Antigua. Nom- 
brado visitador suyo en 1670 el señor obispo de la diócesis 
de Guatemala, doctor D. Juan de Santo-Matía, tomó este 
prelado posesión de los cargos de presidente de la audien- 
cia, gobernador y capitán general. 

19.0 General de artillería Fernando Francisco de Esco- 
bedo; vino en Febrero de 1672; pasó á Nicaragua y orde- 
nó que allá se fabricara el castillo de Concepción, concluí- 
do el año de 75 y que después tomó el nombre del rio 
San Juan. 
. 20.'' Licenciado Juan Miguel de Augurto y Alaba, de la 
orden de Alcántara: era oidor en México, de donde vino á 
continuar la visita del Sr. Escobedo; concluida la cual, 
siguió el mismo Alaba con el gobierno de estas provincias, 
habiéndole precedido en la visita el licenciado D. Lope de 



94 ESTUDIO HISTÓRICO 



Sierra Osorio, quien también estuvo acá en aquel enton- 
ces como gobernador, presidente y capitán general. 

21.° Don Enrique Henríquez de Guzmán, del consejo de 
guerra y de la junta de Indias y armadas: tomó posesión 
de la presidencia en el año 1684. Reedificó y reglamentó 
el hospital de San Juan de Dios , in virtiendo en esa obra 
cinco mil pesos de su propio peculio y más de mil proce- 
dentes de limosnas. 

22.° D. Jacinto de Barrios Leal, general de artillería; 
vino en el año 1688. Separado de sus cargos en el de 1691, 
le reemplazó su visitador el licenciado D. Fernando López 
Urcino; pero tres años después volvió á ocupar su puesto 
el Sr. Leal, y emprendió, aunque sin resultado favorable, 
la conquista del Peten y Lacandón. Murió en Guatemala, 
y le sucedió interinamente el oidor licenciado D. José de 
Scals. 

23.° D. Gabriel Sánchez de Berrospe, posesionado de la 
presidencia del reino el 25 de Marzo de 1696. Cuando re- 
gresó á España, hizo el viaje por Chiapas, ejerciendo el 
gobierno hasta llegar á los últimos confines del país. En 
el periodo del Sr. Berrospe se efectuó al fin la conquista 
del Peten, y se estableció allí un presidio. 

24.° El doctor D. Alonso de Ceballos y Villagutierre, 
presbítero; había sido presidente de Guadalajara, de donde 
fué trasladado al reino de Guatemala, de cuyo gobierno 
tomó posesión en 14 de Marzo de 1702. Murió el 27 de Oc- 
tubre de 1703; y le reemplazó accidentalmente el oidor de- 
cano licenciado D. Juan Jerónimo Duardo. 

25.° D. Toribio José de Cosío y Campo, marqués de 
Torre-Campo, que tomó posesión de la presidencia en 30 
de Agosto de 1706. Por aquel tiempo, es decir, algunos 
años después, fué excomulgado por el obispo de Nicara- 
gua, señor Garret, el corregidor del Realejo D. José Po- 
veda. 

26.° D. Francisco Rodríguez de Rivas, maestre de cam- 
po de los reales ejércitos, que había sido corregidor de 
Riobamba en Quito, y entró á ejercer su cargo en Guate- 
mala en Octubre de 1716. En 1717, la ciudad capital del 



DE LA AMÉRICA CENTRAL ^95 

reino sufrió mucho por consecuencia de temblores de tie- 
rra, y el Sr. Rivas gastó fuertes sumas de su peculio en 
reedificar varios templos. Sirvió la presidencia con acierto. 

27.** D. Antonio Pedro de Echevers y Su visa, de la or- 
den de Calatrava, gentil hombre de cámara de S. M., y 
señor de la Llave-Dorada, á quien su predecesor dio pose- 
sión del mando el 2 de Diciembre de 1724. En ese periodo 
administrativo ocurrieron desavenencias en la capital y 
en las provincias: en la de Nicaragua se habian formula- 
do quejas de los indios y aun del cabildo de Granada con- 
tra el gobernador de aquella sección del país, D. Antonio 
Poveda. El presidente Sr. Echevers levantó á su costa el 
magnifico templo de Santa Clara , cuya sólida construc- 
ción se admira hoy en la ciudad de la Antigua. 

28." D. Pedro de Rivera y Villalón, mariscal de campo 
de los reales ejércitos. El Sr. Villalón hizo muchos bienes 
al país, entre otros el restablecimiento de la escuela que 
antes había existido eu el colegio de San Buenaventura. 
Asegúrase que en ninguna época se había visto mejor ad- 
ministrada ni más bien provista de fondos la real hacien- 
da, ni tan en corriente los pagos de los empleados, mer- 
ced al celo del Sr. Villalón, quien gobernó el reino en paz 
y de un modo muy satisfactorio. 

29." El licenciado D.Tomás de Rivera y Santa Cruz, 
natural de la ciudad de Lima, del consejo de S. M. Se po- 
sesionó de la presidencia en Octubre de 1742. No se con- 
dujo bien en el gobierno; hiciéronsele muchos y graves 
cargos, por los que fué destituido, y pasó de alcalde del 
crimen á la ciudad de México en 1748. 

30." D. José de Araujo y Río, ejerció el gobierno de 
Guatemala desde Setiembre de 1748 hasta 1751, en que se 
trasladó al Perú; antes de ser presidente de (ruatemala, lo 
había sido del reino de Quito, con cuya audiencia tuvo al- 
gunas contestaciones, que motivaron su sepfiración de 
aquel país y su venida al nuestro. 

31." El Sr. D. José Vázquez Priego Montaos y Sotoma- 
yor, de la orden de Santiago, teniente general de los rea- 
les ejércitos; tomó posesión en 17 de Enero de 1752; fué el 



96 ESTUDIO HISTÓRICO 



cuarto presidente militar, y el primero de graduación tan 
alta en este pais. Él comenzó la fábrica del castillo de 
Omoa, en donde murió en Junio de 1753, sustituyéndole 
interinamente el decano de la audiencia, licenciado Don 
Juan de Velarde y Cienfueg-os, caballero también de la 
orden de Santiago. 

32.° D. Alonso de Arcos y Moreno, mariscal de campo 
de los reales ejércitos, caballero igualmente de la orden 
de Santiago. Posesionado del mando el 17 de Octubre 
de 1754, lo ejerció hasta su muerte, ocurrida dos años des- 
pués, y acababa de morir cuando llegó á Guatemala el real 
nombramiento de teniente general con que se le agraciaba. 
Recayó entonces el gobierno en la audiencia, y por segun- 
da vez la presidencia y capitanía general en el decano 
Sr. Velarde. 

33.° D. Alonso Fernández de Heredia, mariscal de cam- 
po, que había servido las gobernaciones de Nicaragua, 
Comayagua, Florida y Yucatán; tomó posesión del mando 
de 14 de Junio de 1761. Donó cuatro mil pesos de su pe- 
culio para la fábrica de la iglesia de la Merced, que hoy 
existe restaurada en la ciudad de la Antigua ; y murió en 
este país en Marzo de 1772, aunque desde algunos años 
antes se había separado del gobierno. 

34.'' D. Pedro de Salazar y Herrera Natera y Mendoza, 
caballero de la orden de Montesa, capitán de granaderos 
de reales guardias españolas y mariscal de campo de los 
reales ejércitos; tomó posesión del gobierno del reino de 
Guatemala en 3 de Diciembre de 1765. Publicó en Enero 
del año subsiguiente un bando sobre el uso de las armas, 
permitiendo á los españoles portar espada de cinco cuar- 
tas. En ese mismo año dispuso estancar el tabaco, en vir- 
tud de real cédula; y representó á la corte la necesidad de 
establecer acá un cuerpo de tropas regularizadas, para 
hacer resp^etar la autoridad y contener á las gentes dentro 
de los límites de la obediencia, favoreciendo el cumpli- 
miento de las providencias que se dictasen. Murió en Gua- 
temala en 1771, de resultas de una enfermedad que con- 
trajo en la visita que hizo al castillo de Omoa. Sucedióle 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 97 

interinamente, por ministerio de la ley, el oidor decano 
Sr. González Bastillo. 

3b.'' D. Martín de Mayorga, mariscal de campo, vino en 
Junio de 1773, y en Julio subsiguiente, el día de Santa 
Marta, se arruinó la ciudad capital por consecuencia de 
violentos temblores de tierra. El Sr. Mayorga, de acuerdo 
con el dictamen de muchos funcionarios y vecinos nota- 
bles, dispuso que la nueva capital se edificara en el valle 
de la Ermita, donde hoy se encuentra: la población que se 
arruinó entonces contaba unos sesenta mil habitantes, 
muchos de los cuales emigraron á España, á México, á 
San Salvador, á Nicaragua y á otros puntos. En 1779 pasó 
como virrey á México el Sr. Mayorga. 

36.° D. Matías de Gálvez, teniente general del ejército 
y caballero español distinguido; tomó posesión del go- 
bierno en 1779, recibiendo el bastón de manos del Sr. Ma- 
yorga. El Sr. Gálvez, con fuerzas del país, atacó á los in- 
gleses, que se habían apoderado de la isla de Roatán, y 
consiguió desalojarlos. En premio de sus servicios fué pro- 
movido al cargo de virrey de México en 1783. 

37." D. José de Estachería, brigadier, que ejerció dig- 
namente el mando hasta 1789, en que regresó á España. 
En ese período administrativo se hizo el estreno de la gran 
fuente que existe en la plaza mayor de la ciudad de Gua- 
temala. 

38." D. Bernardo Troncoso Martínez del Rincón, te- 
niente general; llegó á la ciudad de Guatemala el 31 de 
Diciembre de 1789; su período faé tranquilo y duró hasta 
1794. Él estableció el coliseo, para que se diesen dos ó tres 
comedias por semana, áfin de suavizar las costumbres del 
pueblo bajo de la capital, propenso á los delitos de sangre 
y á la embriaguez. 

39.° 1). José Domas y Talle, jefe de escuadra, vino 
en 1794, y gobernó hasta Julio de 1801, muriendo en la 
ciudad de Guatemala en 1802, á la edad de ciento dos 
años. 

40.° D. Antonio González Mollinedo y Saravia, maris- 
cal de campo, que gobernó desde ISOl hasta 1811; dando 



98 ESTUDIO HISTÓRICO 



pruebas de rectitud de ánimo y enérgico carácter. Era un 
militar distinguido, que había ganado varias condecora- 
ciones y poseía en la corte valiosos apoyos. En 1811 pasó 
á México con el empleo de teniente general, á tomar el 
mando en jefe de las fuerzas españolas que operaban con- 
tra las del partido independiente; y murió con valor en la 
ciudad de Oaxaca, fusilado por sus enemigos, en cuyas 
manos había caído. 

41.** D. José de Bustamante y Guerra, teniente general 
de la armada que gobernó desde 1811 hasta 1818; fué un 
funcionario activo en la persecución de los que ya traba- 
jaban por la independencia centro-americana. 

42." D. Carlos de Urrutia y Montoya, teniente general. 
Por su edad avanzada y falta de salud era incapaz de ejer- 
cer el gobierno en circunstancias tan difíciles, y delegó 
el mando en 1820, en el brigadier D. Gavino Gainza, que 
acababa de llegar de España. El Sr. Gainza siguió con el 
mando, en representación del rey de España, hasta el 15 de 
Setiembre de 1821 , en que se proclamó la Independencia, 
cuya acta fué suscrita por ese mismo funcionario (1). 



(1) El comenzar este catálogo por el Sr. Maldonado, es debido á que él 
fué el primer presidente de la audiencia, la que se estableció en su tiempo; 
pero el primer gobernador fué D. Pedro de Alvarado, á quien siguieron, en 
el ejercicio del mando: Doña Beatriz de ]^ Cueva, su viuda; el obispo Sr. Ma- 
rroquín y el licenciado D. Francisco de la Cueva. 




IX. 



GobeiTiadores de las Provincias (1). 



PORMENORES HISTÓRICOS RELATIVOS A ESOS FUNCIONARIOS. 



COSTA. RICA. 

Año 1540.— Diego Ghitiérrez. 

1560.— Francisco Vázquez. 

1562.— Juan Vázquez de Coronado, que contribuyó á 
la conquista y pacificación de Costa Rica y descubrió mi- 
nas y lavaderos de oro en el rio de la Estrella, invirtiendo 
patrióticamente crecidas sumas de su peculio en objetos 
de público interés. 

1569. — Pero Afán de Rivera, contra cuya autoridad 
ocurrió en 1570 un motín y deserción de soldados espa- 
ñoles: uno de éstos, Vicente del Castillo, fué aborcado, y 
otros condenados á diversas penas. El gobernador Afán de 
Rivera se condujo de un modo arbitrario en el proceso 
contra aquellos infelices; por lo que se expidió la real pro- 
visión en que se le decía: que vos el dicho nuestro (jolerna- 
dor no guardábades la orden del derecho en algunos casos 
de justicia^ 7ii procediades juridicamciLíe, etc., etc. 

1574.— El capitán Alonso de Anguciana de Gamboa, 
de quien dice el arzobispo Sr. García Peláez, lo que sigue: 



(1) El catálog-o de gobernadoros do las provincias 80 ha ampliado \ cotn- 
plotado en lo posible, con nombres y dntos que no existen en la sección que 
á esto particular consug'ró el arzobispo Sr. Oaroíu rduo/ vu sus «Memorias». 



100 ESTUDIO HISTÓRICO 



«Hizo muchas jornadas, conquistas y poblaciones de 
las ciudades de Cartago, Esparza y Austria: mudó y re- 
dujo á policía otros pueblos de indios en Suerre, Garavito 
y otros, y descubrió las minas de oro y cobre de esta pro- 
vincia, en que g-astó más de veinte mil pesos de doña Inés 
Cerrato, su mujer, hija del doctor Juan López Cerrato, her- 
mano del licenciado Cerrato, presidente de esta audiencia.» 
(Informe de 22 de Marzo de 1627.) Alcedo dice: «Dieron al 
país los españoles el nombre de Costa Rica por el mucho 
oro y plata que encierra en sus minas; de la que llaman 
Tismgaly se ha sacado poco menos riqueza que del cerro 
de Potosí en el Perú. El rey llamó antes Castilla de oro á 
lo que Colón en su principio había nombrado Ciamba.-p 

1576.— Die^o de Artieda Cherinos. Fijósele como lí- 
mites de su g-obernación, por el Norte, desde las bocas del 
Desag'uadero hasta los confines de Veragua por la mar, y 
por el Sur desde los confines de Nicarag-ua, por la parte 
de Nicoya, derecho á los valles de Chiriquí, hasta la pro- 
vincia de Veragua, en línea recta de mar á mar. Aunque 
Diego de Artieda haya sido nombrado gobernador de Cos- 
ta Rica á fines de 1573, es seguro que no se posesionó del 
cargo antes de 1576; pues no hay duda de que en 1574 
y 1575 desempeñaba la gobernación el capitán Alonso de 
Anguciana. 

1593. — D. Fernando de la Cueva, gobernador de Costa 
Rica y alcalde mayor de Nicoya. 

1602. — D. Gonzalo Vázquez de Coronado, adelantado 
de Costa Rica. Nombró á Alonso Guaxardo de Hoces corre- 
gidor y juez congregador de los naturales de los pueblos 
de Curriravá, Ystarii y Adcerrí, recomendándole civilizar 
y favorecerá las gentes sujetas á su jurisdicción. 

1605. — D. Juan de Ocón y Trillo, que sirvió con par- 
ticular celo el cargo de gobernador, y en cuyo tiempo em- 
prendió el maestre de campo D. Diego de Soxl) la conquis- 
ta de la Talamanca, haciendo D. Juan de Ocón y Trillo 
por algunos años los gastos de esa empresa. 

1612. — El adelantado D. Gonzalo Vázquez de Coronado, 
por segunda vez. 



DE LA AMERICA CENTRAL 101 

1615. — D. Juan de Medrano y Mendoza. Se le llevó preso 
á Guatemala, de orden de la audiencia, por varias faltas, 
entre otras por incursiones hechas en lugares de indios 
sin justificar la necesidad ante aquel alto cuerpo. 

1622.— D. Alonso de Guzmán y Casilla. Redujo y paci- 
ficó gran número de indígenas, que se habían rebelado 
contra los españoles. 

1634.~Capitán frey D. Juan del Chauz, caballero del 
hábito de San Juan. Mandó al sargento mayor García Ra- 
miro Corajo á expedicionar contra los indios Votos; y aun- 
que éste no consiguió reducirlos á poblado, pudo retirar 
de las montañas mucha de la gente indígena nombrada 
Aremayba, haciendo bautizar á esos infieles y sometiéndo- 
los á una existencia regular. 

1637.— D. Gregorio de Sandoval, del Consejo de Gue- 
rra de S. M. en los Estados de Flandes. En su tiempo se 
efectuó la pacificación y reducción de los indios Votos, 
sublevados desde años atrás, y se verificó el descubri- 
miento de los puertos del río Cutris y del Jorí, llamado en- 
tonces este último Siripiqui entre la gente de mar. La pro- 
vincia de Costa-Rica era muy pobre en aquella época, y 
estaba ya del todo interrumpido el tráfico por el puerto de 
Suerre y en gran parte por el de Matina, con menoscabo 
del desarrollo de la naciente colonia. El capitán Jerónimo 
de Retes prestó un concurso eficaz en la reducción de los 
indios citados y en el descubrimiento de los puertos de 
los ríos Cutris y Jorí. El gobernador D. Gregorio de San- 
doval dio espléndidas pruebas de patriotismo gastando su 
sueldo en la mejora de condición de los aborígenes, en la 
apertura del camino para Matina y en la reconstrucción 
de los edificios de Cartago, que estaban arruinados por un 
terremoto. 

1647. — D. Juan de Chávez. En ese período administra- 
tivo se hace mención de nombramientos de corregidores 
para Turrialba, Pacaca y Chirripo; para este último lugar 
fué designado, como corregidor, el alférez D. Gil de Alva- 
rado, descendiente en línea recta del adelantado D. Pedro 
de Alvarado. En ese tiempo se pacificó y pobló Boruca. 



1 02 ESTUDIO HISTÓRICO 



D. Andrés Arias, nombrado por el rey para el g-obieroo 
de Costa Rica, aunque no se indica el año. 

1660. — D. Rodrig-o Arias Maldonado, á quien en 1662 
tuvieron sitiado los indios de la Tierra Adentro, cuando 
pretendía reconquistarlos. 

1666. — D. Juan Fernández de Salinas y Cerda, maestre 
de campo, gobernador y adelantado de la provincia. 

1669. — D. Juan López de la Flor, en cuyo período los 
ingleses invadieron la provincia, causando graves daños. 
El Sr. López salió con gente á atacar á los invasores. 

1677. — D. Juan Francisco Sáenz, quien solicitó la cons- 
trucción de dos torres en el puerto de Matina para defensa 
del país contra los corsarios. 

1681. — D. Miguel Gómez de Lara, quien reprodujo la 
solicitud del Sr. Sáenz, y logró establecer guarnición en 
Matina. 

1692.— D. Manuel de Bustamante y Vivero, que tomó 
empeño en sostener la fuerza armada para poner la pro- 
vincia al abrigo de los piratas. 

1704. — D. Francisco Bruno Serrano de Reina: se le acu- 
só por causa del comercio que algunos vecinos de la pro- 
vincia hacían con extranjeros. 

1709. — D. Lorenzo Antonio de Granda yBalvín. Entró 
á Talamanca en 1710, con unos doscientos soldados, á 
castigar á los indios por la sublevación del año anterior, 
de la que habían sido víctimas dos religiosas; prendió allí 
más de quinientos de esos indígenas, los condujo amarra- 
dos hasta Cartago y los repartió entre los soldados expe- 
dicionarios. 

1718.— D. Diego de la Haya Fernández. 

1730. — D. Francisco Valde-Rama. 

1740. — D. Juan Gemmir y Lleonart, que escribió una 
relación geográfica de la provincia. 

1746.— D. Francisco Fernández de la Pastora, maestre 
de campo, encargado del gobierno político, aunque sujeto 
en lo militar al gobernador de Nicaragua. 

1748, — D. Luis Diez Navarro, brigadier de los reales 
ejércitos. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 103 

1759. — D. Manuel Soler, capitán de caballería. 
1773. — D. José Joaquín de Nava. 
1779.— D. José Ferie. 

1780. — D. Juan Fernández Bobadilla, teniente coronel. 
1782.— D. Juan Flores. 
1785.— D. José Terci. 

1819. — El Sr. Acosta, que se interesó en el fomento de 
la industria agrícola. 
1820.— D. Juan Cañas. 



Pedrarias Dávila. 

Licenciado Francisco Castañeda. 

1536. — Rodrigo de Contreras. 

1560. — Licenciado Ortiz, que había sido el primer fiscal 
que hubo en la audiencia. 

Agustín de Hinojosa, que había sido alcalde mayor de 
Sonsonate. 

1575. — Francisco del Valle Marroquín, sobrino del obis- 
po Sr. Marroquín; vecino y regidor de Guatemala y su 
procurador en España. 

1586.— Diego de Artieda Cherinos. 

1589. — D. Carlos de Arellano, que había sido alcalde 
ordinario de la ciudad de Guatemala, y á quien se atribu- 
yeron desacatos contra un oidor. 

1592. — Bartolomé Lences. 

1594.— Bernardino de Obando, á cuyo período y al de 
su sucesor corresponde la construcción de la fortaleza del 
Desaguadero. 
^ 1603.— Alonso Lara de Córdova, capitán. 

•Fernando Casco, maestre de campo. Fué uno de los as- 
cendientes de la familia guatemalteca de González Batres, 
que dio varios rectores y catedráticos á la universidad de 
Ciuatemala en la época del coloniaje. 



104 ESTUDIO HISTÓRICO 



1622. — Cristóbal de Villagrán, capitán. 
Alonso Lazo, capitán. 
1623.— D. Santiag'O de Figueroa. 
1625.— Lázaro de Albisiía, capitán. 
1627.— Juan de Agüero, capitán. 
1630.— D. Francisco de Asagra y Vargas. 
1634. — Licenciado D. Pedro de Velasco. 
1641. — D. Juan de Bracamonte. 
1660.— Capitán D. Diego de Castro. 
1667. — D. Juan de Salinas y Cerda, adelantado de Cos- 
ta Rica y caballero de la orden de Calatrava: él construyó 
el fuerte de San Carlos, por cuya causa tuvo que sufrir 
profundos disgustos. 

1669.— D. Antonio Temiño Dávila, caballero de la orden 
de Calatrava. 

1681.— D. Antonio Coello. 

1692. — Maestre de campo D. Gabriel Rodríguez Bravo 
de Hojos: en acuerdo de Abril del año subsiguiente apa- 
rece preso y culpado en la rebelión de los indios de Sébaco. 
1696.— D. Pedro Jerónimo Luis de Colmenares: en 
acuerdo de 11 de Diciembre de 98 se encuentra contra él 
y los capitulares de Granada un apercibimiento por des- 
órdenes en una elección de alcaldes. 

1705.— D. Miguel de Camargo: en el mismo año se le 
confinó á Granada por diferencias que tuvo con vecinos 
de Segovia. 

1706.— Comisario general D. José Calvo de Lara. 
D. Sebastián de Aransivia y Sasí. 
1722.— D. Antonio Poveda, de quien se quejaron los 
indios y que fué muerto en un movimiento sedicioso. 
1728.— D. Tomás Duque de Estrada. 
1730.— D. Bartolomé González Fitoria. 
1744.- D. José Lacayo. 

1747.— D. Alonso Fernández de Heredia, que más ade- 
lante fué capitán general del reino y uno de los más be- 
néficos. 

Coronel D. Pantaleón Ibáñez. 

1765.— Capitán D. Melchor Vidal de'Lorca y Villena. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 105 



1766.— D. Domingo Cabello. 

1780. — Teniente coronel D. Manuel de Quiroa. En ese 
año se bendijo y estrenó la espaciosa y sólida ig-lesia ca- 
tedral de León de Nicaragua. 

1783. — D. José de Estachería, que poco después fué 
presidente y gobernador del reino. 

1789.— D. Juan de Ayza. 

1811. — Brigadier D. José Salvador. 

1812.— El obispo D. fray Nicolás García Jerez. 

1820.— Teniente coronel D. Miguel González Saravia. 



HONDURAS. 

1525.— Hernando de Saavedra, pariente de Cortés y 
nombrado por este último cuando desde México vino á 
Honduras á castigar á Cristóbal de Olid. Después de ejer- 
cer Saavedra por algún tiempo el gobierno de la provin- 
cia, fué encarcelado por su sucesor Salcedo, y enviado final- 
mente á Santo Domingo con dos regidores y algunos ve- 
cinos de Trujillo, que era entonces la capital de Honduras. 

1528.— Diego López de Salcedo, nombrado por la audien- 
cia de Santo Domingo: se condujo mal, cometiendo abusos 
de toda clase é ingiriéndose en la administración de Ni- 
caragua; murió en 1530, envenenado, según opinión de 
algunos. 

1530.— Andrés de Cereceda, á quien anticipadamente 
había nombrado Salcedo para ejercer la gobernación, 
mientras el rey la proveía en propiedad. Juntamente con 
Cereceda tomó parte en el gobierno Vasco de Herrera, de- 
signado al efecto por el cabildo. Este último pereció vícti- 
ma de un asesinato, y le rcemplaz.ó Diego Méiuiez como 
conjunto en la gobernación encomendada al referido Ce- 
receda. Méndez fué condenado á muerte al cabo de treinta 
y siete días de desempeñar sus funciones, y se le ejecutó 
como usurpador de la autoridad. 



106 ESTUDIO HISTÓRICO 



1531. — Diego de Albítez, que vino de Castilla con la 
investidura de gobernador, y murió por consecuencia de 
una enfermedad á los cinco días de estar en posesión del 
mando, dejando poder á Cereceda para sustituirle, mien- 
tras en España se nombraba persona que le sucediese. 

1536.— El conquistador D. Pedro de Alvarado, en quien 
renunció la gobernación de Honduras Andrés de Cereceda. 

1536. — El adelantado D. Francisco de Montejo, nom- 
brado por el rey y que se estableció en la ciudad de Gra- 
cias, recientemente fundada para servir de capital de la 
provincia. 

D. Diego de Herrera, que fué después general de la 
armada del Sur contra Drake. 

1589. — Rodrigo Ponce de León, capitulado más tarde 
en Guatemala. 

Alonso de Contreras Guevara, nieto del presidente li- 
cenciado Cerrato y gobernador que había sido de Veragua 
y antes alcalde ordinario de la ciudad de Santiago de los 
Caballeros de Guatemala y corregidor de su valle. 

1598. — Jerónimo Sánchez. 

1602. — D. Jorge de Alvarado, nieto de D. Jorge de Al- 
varado, hermano del adelantado D. Pedro del mismo ape- 
llido. En acuerdo de 24 de Enero del mismo año, se le dio 
orden de remitir presos á España á Pedro del Conde, al 
capitán Jeremías y á otros extranjeros perdidos en tierra 
de Honduras. 

Capitán Pedro de Castro, á quien se acusó de haber 
dicho que el rey no tenía en buena conciencia las colonias 
del nuevo mundo; por lo que fué á Honduras como visita- 
dor suyo Martín de Zelaya. 

1610— D. Juan Guerra de Ayala, á quien el obispo de 
la diócesis, Sr. de Andrada, promovió un juicio por haber- 
le tenido preso: con ese motivo fué también el Sr. Ayala 
reducido á prisión, en la que permaneció mucho tiempo. 

1621. — Capitán Juan de Miranda: prestó auxilios á los 
misioneros que por la costa penetraron en la Taguzgalpa. 

1627.— Capitán D. Pedro del Rosal. 

1632.— Francisco Martínez de Riva Montan Santander: 



DE LA AMÉRICA CEXTRAL 107 

en 18 de Mayo del mismo año acordó la audiencia que 
fuera preso ala ciudad de Guatemala, por haber pronun- 
ciado palabras de desacato contra la misma audiencia: 
también dispuso apercibirlo á propósito del modo como 
trataba al obispo diocesano y á los oficiales reales. 

1640. — D. Francisco de Avila y Lug-o, acusado y pena- 
do por tratar con portugueses enemigos del rey de Es- 
paña. 

D. Alonso de Silva Salazar. 

1644. — D. Melchor Alonso Tamayo. Dícese de este fun- 
cionario, que después de retirar de Comayagua las fuer- 
zas que de San Salvador y San Miguel iban en socorro de 
Trujillo, fué ese puerto atacado por los enemigos, defen- 
diéndolo el vecindario, en cuyas manos quedó el botín de 
guerra. 

1647.— Maestre de campo Baltasar de la Cruz. 

1650. — Juan de Suasa. 

1668.— Sargento mayor Juan Márquez Cabrera, de quien 
se dice haber concurrido al reconocimiento del fuerte de 
San Carlos. 

1676. — D. Francisco de Castro Ayala, á quien en 26 de 
Febrero del propio año ordenó la audiencia que pasase en 
persona á Puerto-Caballos, y que con el auxilio del inge- 
niero D. Diego de Ocampo, hiciera una plataforma para 
la defensa del lugar. 

1679.— D. Lorenzo Ramírez de Guzmán, capitán de los 
reales ejércitos. 

1690.— D. Sancho Ordóñez. 

1698.— D. Antonio de Ayala, que tomó residencia á su 
antecesor. 

1703.— El maestre de campo I). Antonio Monfort, que 
fué apercibido por el presidente Ceballos en auto de 22 de 
Setiembre del propio año. En aquel tiempo comenzó á cons- 
truirse la iglesia catedral de Comayagua, que es bastante 
buena. 

D. Diego de Arguelles. 

1717.— D. Enrique Ilockman: apercibido por comer- 
ciar con oneinigos, y fugó de la provincia y reino. 



108 ESTUDIO HISTÓRICO 



Oidor, licenciado D. José Rodesiio. 

1730— D. Manuel Castilla y Portugal. 

1742.— D. Francisco de Parga. 

1745.— D. Tomás Hermenegildo de Arana. 

1747.— Coronel D. Juan de Vera. 

1748. — D. Diego de Tablada: sirvió interinamente el 
cargo al morir su antecesor. 

D. José Saenz Bahamonde. 

Teniente coronel D. Bartolomé Pérez Quijano. 

1775.— Subteniente D. Agustín Pérez Quijano, hijo del 
teniente coronel que antecede. 

1780.— Barón de Riperdá, brigadier de caballería de 
los reales ejércitos. 

1781.— D. Francisco Aybar, sargento mayor de mi- 
licias. 

1782.— El Sr. de Quesada, brigadier de infantería de 
los reales ejércitos (1). 

1790.— El Sr. García Conde, gobernador intendente. 

1810 — Doctor D. Carlos Castañón. 

1812.— D. José María Pinol y Muñoz, gobernador in- 
terino; era natural de la ciudad de Guatemala. En Octu- 
bre de ese año se juró en Honduras la liberal Constitución 
política de la Monarquía española. 

1815.— Brigadier D. Juan Antonio de Tornos. En ese 
tiempo se nombró alcalde mayor de Tegucigalpa al te- 
niente coronel D. Simón Gutiérrez, que estaba en Chiqui- 
mula como comandante de las milicias. La parroquia de 
Tegucigalpa, según el censo que en aquel año se hizo, 
contaba con ocho mil setenta y nn feligreses. 

1816. — Coronel D. Ramón Anguiano: vino á desempe- 
ñar la gobernación de Honduras en reemplazo del coro- 



(1) Del brigadier Quesada, que fué gobernador de Honduras, es nieto el 
ilustre capitán general español D. Jenaro de Quesada, marqués de Mirava- 
lles, grande de España de primera clase, senador vitalicio y ministro de la 
Guerra desde el 18 de Enero del presente año (1884): este capitán general 
constituye hoy una de las más altas personalidades de su patria, no sólo en 
el ejército, sino también en las esferas de la política. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 109 



nel de ingenieros D. Mariano Carrillo de Albornoz y Ar- 
cher, quien después de aceptado el cargo, lo dimitió, para 
continuar haciendo su carrera en España. En 1816 repro- 
dujeron los principales funcionarios de Comayagua, aun- 
que sin éxito, la solicitud iniciada desde 1806, sobre la 
traslación de la capital de Honduras á Tegucigalpa; soli- 
citud que se apoyaba en lo sano y fresco del clima de esta 
última villa y en otras favorables circunstancias, pues 
Comayagua, como lugar insalubre, iba despoblándose vi- 
siblemente de año en año. 

1819. — Coronel D. José Gregorio Tinoco de Contreras, 
condecorado con la cruz de Zaragoza y del Segundo Ejér- 
cito. Fué el último gobernador español; y cuando se hizo 
la Independencia en 1821, ya se le había promovido al em- 
pleo de brigadier. 



SA.N SALVADOR. 

Alonso de Nava, que había sido alcalde mayor en esta 
misma provincia. 

Lucas Pinto. 

1589.— Diego de Paz, liijo de Alvaro de Paz, armador 
de navios, y que en Honduras había desempeñado cargos 
de justicia y hacienda. 

1593. — Pedro Girón de Alvarado. 

1603. -D. Juan Guiral. 

1614.— D. Andrés Orantes. 

1619— D. Pedro Farfán de los Godos. 

1625.— D. Pedro de Aguilar Lazo de la Vega, caballero 
de la orden de Calatrava. En una pieza oficial del año 1631, 
consta que ese funcionario sofocó, con tropas reunidas 
por él, el motíQ promovido por los negros, que dieron 
muerte á D. Diego de Oceguera. El Sr. Lazo de la Vega 
recogió más de once mil pesos destinados como donativo 



lio ESTUDIO HISTÓRICO 



al rey, y resguardó las costas de la provincia amenazadas 
de los corsarios. 

1626.— D. Pedro de Torres. 
D. Juan Sarmiento Valde-Rama. 
1646. — D. Antonio Justiniano Chavarri, caballero de 
la orden de Santiago, natural de Guatemala. 
-1650.— D. José Portal. 

1667.— D. Pedro de Zaraballes, que atendió y festejó 
en San Salvador al presidente Alvarez en su tránsito para 
Nicaragua. 

1678.— D. Juan de Miranda, apercibido por no cumplir 
las disposiciones de la audiencia. 

1679. — D. Diego de Gamarra Balcárcel, caballero de la 
orden de Santiago. En un documento oficial de Enero de 
aquel año, se ve que la alcaldía mayor de San Salvador es- 
taba dotada con quinientos pesos de oro y la gobernación 
de Soconuzco con seiscientos. En el primer cuarto del 
siglo XVIII, la alcaldía mayor de Sonsonate tenía asigna- 
dos seiscientos pesos de oro, la de Suchitepequez setecien- 
tos, la de Verapaz setecientos setenta y siete y la de Chia- 
pas ochocientos; las de Quezaltenango, Totonicapán, So- 
lóla, Atitlán y Escuintla, doscientos pesos de oro cada una. 

1695. — El alférez mayor D. José Calvo de Lara, que 
contribuyó para la conquista del Peten con setenta ca- 
ballos, once bestias mulares y doscientos pesos de dona- 
tivo, remitidos por él al presidente Sr. Barrios al disponer 
ese jefe la jornada al Lacandón. 

1697.— D. Bartolomé Gálvez Corral. 

D. Manuel Carlos de Meneos. 

1704. — D. Juan de Bustamante, maestre de campo. 

1710.— p. Francisco Chacón Medina y Sal azar, capitu- 
lado por quejas de San Miguel y San Vicente. 

1714.— D. Francisco Rodríguez Franco. 

1719.— D. Pedro Dolarea. 

1720.— D. José Llanes, coronel, que recusó al presi- 
dente Sr. Rivas y fué multado en mil pesos. 

1721.— D. Pedro Dolarea por segunda vez. 

D. Esteban de la Ramendi, que recaudó en los pueblos 



DE LA AMERICA CENTRAL 111 

de SU jurisdicción quince mil pesos como donativo para 
el rey. 

1722. — D. Francisco Rodríguez Franco. 

1730.— D. Pedro de Echevers. 

1744. — D. Manuel Gálvez Corral. 

1763. — D. Francisco Ig-nacio Chamorro. 

1787.— D. Jpsé Ortíz de la Peña, gobernador inten- 
dente. 

1811. — D. Antonio Gutiérrez de UUoa, que fué depuesto 
por efecto de una conspiración tramada por los primeros 
promotores de la Independencia. 

Coronel D. José de Aycinenay D. José María Peinado, 
regidores del ayuntamiento de Guatemala, que sucesiva- 
mente ejercieron el gobierno en San Salvador, después de 
sofocada la rebelión de que acaba de hacerse mérito. 

Doctor D. Pedro Barriere, que en 1821 ejercía interi- 
namente el mando en calidad de teniente letrado, y que 
en 21 de Setiembre del mismo año, firmó el acta de Inde- 
pendencia levantada en la ciudad de San Salvador. 




X. 



Período qne principia con la proclamación 
de la Independencia y se extiende liasta la actualidad. 



SUMARIO. 

Entusiasmo despertado por la declaración de la Independencia. — Reflexio- 
nes sobre la suerte que ha cabido á la América Central desde que se se- 
paró de España. — Oposición de ideas entre los hombres públicos. — Esca- 
sez de elementos para entablar el gobierno propio. — Acta de Indepen- 
dencia de San Salvador. — Conducta de los gobernadores de Nicaragua y 
Honduras; juramento del Plan de Iguala en esas provincias y escisiones 
ocun-idas en ellas. — Envío de trojia.s guatemaltecas y salvadoreñas á 
Tegucigalpa y Gracias. — Conducta de Costa Rica. — Nombramiento de 
personas que alli ejerciesen el mando. — Junta consultiva de San Salva- 
dor, gobierno del doctor Delgado y otros sucosos on esa provincia. — 
Comunicación del emperador Iturbide al brigadier Gainza; pasos que por 
consecuencia de ella se dieron y anexión á México. — Resistencia hecha 
á la anexión por algunos pueblos. — Prlmex'as lucha») domésticas. — Rup- 
tura de la buena armonia entro San Salvador y Guatemala. — Expedición 
del coronel Arzú. — Disturbios en Nicaragua. — Llegada de Filisola con 
la división do México. — El brigadier Gainza se retira del mando. — Cam- 
paña de San Salvador y ocupación do la plaza de esa ciudad. — Convoca- 
toria de un congreso centro-americano y declaratoria de independencia 
absoluta. — Duración de la dominación mexicana. — Acontecimientos de 
Costa Rica. — Nombramiento de Arce para ejercer el poder ejecutivo. — 
Regreso de Filisola á México. — Rebelión do Torres Ariza. — Renuncia de 
los individuo»! nombrado» como suplentes del Sr. Arce en el mando, y 
nombramiento do sucesores. — Influencia do San Salvador en 1* coa* pú- 
blica. — La tranqiiilidad y el orden minados por diversas c4iU8Mi, —Riva- 
lidades entro San Salvador y Guatomala. — .\nHr(iuia en Nicaragua. — 
Bases do la Constitución fotloral. — Libertad do enclavo». — Congresos par- 
ticulares de los varios Estados y bus tareas logÍHlativa«. — Diüoluoión del 
pacto federal. — Fraccionamiento y guerras civiles. — Penspectiva do 
unión. — Los filibusteros on Nicaragua. — Pactos do amistad intima.— 
Adelanto material y moral. — Instituciones. — El orden y el progreso en 
«US varios ramos. — La educación popular. — Caminos y forrooanrile».— 
Agricultura, ganadería y minería. — Impulso del adelanto intelectual. — 
Terremotos. — Reflexiones sobro la prosperitlad y el ¡nflxijo do las virtadoa 
cívicas. 

8 



114 ESTUDIO HISTÓRICO 



Proclamada la Independencia en la ciudad de Guate- 
mala, la gran mayoría de aquella populosa capital, sin 
distinción de clases sociales, se llenó de júbilo ante la pers- 
pectiva de felicidad sin límites que se creía encontrar en 
tan transcendental suceso; y lo mismo, masó menos, ocu- 
rrió en las otras poblaciones del territorio de Centro-Amé- 
rica, tan pronto como á ellas llegaron los correos con la 
noticia de la declaratoria que radicalmente venía á cam- 
biar la forma del gobierno. Todo respiraba en aquellos días 
un aire de fiesta universal, como si un mundo desconocido 
se presentara á las miradas ávidas de los ciudadanos, y el 
ideal de los filósofos se encarnase en la futura política del 
país: era ese un bello episodio de la vida pública en que el 
entusiasmo acompañaba la declaración de hermosas doc- 
trinas y en que la esperanza saludaba las promesas de di- 
cha perpetua acariciadas por el patriotismo más noble y 
levantado. 

Centro-América, mecida en imágenes vaporosas y en 
esos rumores gratos que son el lote de las almas puras, 
entraba en el ejercicio pleno de su soberanía, desligada ya 
de la nación española, de la que le separa una inmensa 
distancia material, y de quien no era posible continuase 
recibiendo reglas de conducta, ni funcionarios y emplea- 
dos para ejecutarlas. Sin embargo, los transportes de la 
popular alegría debían tener su término, para consagrar 
la atención á las labores del nuevo sistema adoptado , dis- 
curriendo los medios de fundarlo de una manera propia y 
sólida y perseguir los propósitos generosos de libertad y 
adelanto en todos sentidos. 

Difícil era la tarea, no tanto por los escasos elementos 
con que se contaba, cuanto por la diversidad de pareceres 
que iban en breve á dividir el país en bandos opuestos y 
plantar la semilla de los desastres. 

La América Central, unida y compacta, regida por ins- 
tituciones republicanas, cimentada en los sanos principios 
democráticos; he ahí el dorado ensueño de los buenos ciu- 
dadanos, de los amigos del orden y de la justicia, de los 
que apetecían para la nueva nación un porvenir lisonje- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 115 

ro; tal era la ambición legitima de los que aspiraban á 
que entre los centro-americanos reinase la fraternidad y 
que ésta se tradujese en instituciones fecundas y en leyes 
sabias. 

La suerte había dispuesto las cosas de muy diverso 
modo: tenían que sobrevenir rupturas y desastres: era me- 
nester pasar de la desgraciada anexión mexicana, al débil 
federalismo, y del federalismo al doloroso fraccionamiento 
actual. La expansión soñadora de muchos nobles espíritus 
incapaces de divisar escollos en el campo de la libertad 
divina, debía ser cruelmente amargada por la mano de 
hielo de la realidad horrible al sucederse las tinieblas de la 
noche á la risueña y suave luz que todo lo inundaba en 
los principios de la transfiguración que se obtuvo en Se- 
tiembre de 1821. Pero después de tantos cambios, y por 
encima de la anarquía y de las ruinas, debía conservarse 
vivo, por dicha, el sentimiento de la fraternidad común, 
que ha de traer al fin la vuelta de la unidad, con todas las 
sublimes virtudes que nacen de la democracia; virtudes de 
que en más de sesenta años que llevamos de gobierno pro- 
pio, no han dejado de dar hermosas pruebas algunos ciu- 
dadanos beneméritos, señalados por la mano de la histo- 
ria á la admiración y al aplauso de las generaciones fu- 
turas. 

Y aunque muchos de los promotores de la autonomía 
centro-americana tuviesen el dolor de asistir a las san- 
grientas escenas ocurridas bajo el régimen federal y aun 
algún tiempo después, es seguro que jamás soñaron que 
la moral pública siguiese sufriendo tan rudos golpes, ni 
que tardáramos tanto en alcanzar el ansiado período de la 
madurez política, en que ya no se deploran caídas ver- 
gonzosas, ni se hacen amargos sacrificios para fundar la 
libertad y llegar á la solución de los ideales republicanos 
y democráticos. Es que, muy á menudo, la razón no ha te- 
nido más que una influencia relativamente débil en nues- 
tro país, y muchas veces se ha visto prevalecer la pasión 
ó el sentimiento. Y no hay que equivocarnos: el sentimien- 
to sabe muy bien usurpar el lenguaje de la razón, buscar 



116 ESTUDIO HISTÓRICO 



pruebas y aducir motivos, más ó menos plausibles al pa- 
recer; de ahí, lucha sorda ó abierta, según las circunstan- 
cias, sin que existiese un pararrayo para apartar de nues- 
tras cabezas el golpe de la electricidad acumulada en la 
atmósfera. 

Al separarnos de España aparecieron en la escena pú- 
blica muchos ciudadanos animados de los más puros de- 
seos y llenos de desinterés; pero no todos estaban acordes 
en lo que toca á los principios que hubiesen de dar forma 
á la constitución de la patria. Por otro lado, era muy es- 
caso el número de los verdaderos estadistas y el de los que 
poseyeran aptitud suficiente para el servicio de los empleos 
en general; y lo que más tenía que entorpecer el creci- 
miento de la joven nación en el sentido republicano, era 
la educación poco liberal recibida por los habitantes del 
reino de Guatemala en la época del coloniaje: sin costum- 
bres ni antecedentes, el nuevo sistema carecía de raíces 
en el pasado. 

Al llegar á la ciudad de San Salvador el acta de Inde- 
pendencia firmada en Guatemala y comunicada á todas 
las provincias con la convocatoria para la elección de re- 
presentantes al congreso nacional, se reunieron, junto 
con los individuos del ayuntamiento, el intendente espa- 
ñol Sr. Barriere, los jefes militares, el cura rector y vi- 
cario y multitud de personas atraídas por la importancia 
de la noticia. El entusiasmo fué extraordinario: el jefe que 
presidía el acto, prestó en manos del primer alcalde el ju- 
ramento de fidelidad al nuevo modo de ser político, y se 
firmó el acta por el mismo jefe Sr. Barriere, por el alcalde 
Sr. García Valdeavellano y por los demás concejales, auto- 
rizándola el secretario D. Pedro Miguel López. 

Desgraciadamente, al recibirse en Nicaragua y Hon- 
duras la convocatoria dicha, los gobernadores intenden- 
tes de esas provincias, coronel Saravia y brigadier Ti- 
noco, ya estaban desde algunos meses antes en des- 
acuerdo con el brigadier Gainza, y estimando favorable 
la coyuntura para romper los vínculos de obediencia que 
con ese último jefe les ligaran, reunieron respectivamente 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 117 

las diputaciones provinciales en León y Comayag-ua, 
acordándose jurar el Plan de Iguala, incorporar al impe- 
rio mexicano ambas porciones de Centro-América, y que 
ninguna de éstas concurriese al congreso que en la ciu- 
dad de Guatemala debía reunirse. 

No obstante, en Nicaragua y Honduras había escisio- 
nes, pues Granada se negó á seguir la suerte del resto de 
la provincia, y convino en mandar sus diputados á Gua- 
temala: igual conducta observaron en territorio hondure- 
no los partidos de Tegucigalpa y Gracias y los puertos de 
Omoa y Trujillo. 

El gobernante señor brigadier Gainza no pudo lograr, 
por medio de notas y oficios, que Saravia y Tinoco cam- 
biasen de actitud, y mandó colocar tropas guatemaltecas 
y salvadoreñas en Tegucigalpa y Gracias, pues el jefe 
hondureno había movido las suyas sobre esos puntos, si 
bien evitaba siempre el llegar á las manos. 

Costa Rica, desoyendo las sugestiones del coronel Sa- 
ravia y de otros personajes de León en el sentido de la 
unión á México, secundó el grito de Independencia de Es- 
paña, pero sin adherirse al acta de Guatemala, ni á la de 
la ciudad capital de Nicaragua; declaróse neutral, para go- 
bernarse por sí sola, hasta que el curso de los aconteci- 
mientos le trazase la senda que debiera seguir. Sin em- 
bargo, se dio por separada de León, á quien había estado 
sujeta en materia de hacienda y en los negocios eclesiás- 
ticos. 

El gobernador español de Costa Rica, D. Juan Cañas, 
dejó el mando, y se encargaron del gobierno D. Manuel 
Peralta, i). Rafael Osejo y D. Hermenegihlo Rouilla: seña- 
lóse para asiento de la autoridad suprema la ciudad de 
Cartago; y bnjo ose orden de cosas, los costarricenses que- 
daron tranquilos por entonces, sin conmoverse por las 
desavenencias acaecidas en las demás provincias. 

En San Salvador se intentó establecer una junta con- 
sultiva, por empeño de D. Manuel José Arce y de otras 
personas notables, que estaban de acuerdo con ol padre 
doctor Delgado, salvadoreño, vocal de la junta de Guate- 



118 ESTUDIO HISTÓRICO 



mala: ésta consideró entonces oportuno que pasara á San 
Salvador á arreglar las cosas el mismo doctor Delgado , 
por cuanto el jefe político Sr. Barriere resistía la idea re- 
lacionada con la creación de esa junta, y tenía presos á 
muchos de los promotores de la reforma y con ellos al 
Sr. Arce. 

Usando de sus facultades el doctor Delgado, puso en 
libertad á los presos, y se encargó del mando de la pro- 
vincia, quedando asi restablecido el orden: mas como se 
creyese justo satisfacer los deseos de los que opinaban por 
el establecimiento de la junta salvadoreña, se dispuso or- 
ganizar ese cuerpo consultivo. 

Tal era la situación de las cosas á fines de Noviembre 
de 1821, cuando el brigadier Gainza recibió un oficio que 
llevaba la fecha del 19 de Octubre, y que desde México le 
dirigía el general Iturbide para manifestarle que venían 
fuerzas mexicanas á sostener la independencia de estas 
provincias, é indicando á la vez las ventajas que Centro- 
América reportaría de la incorporación á México, por no 
serle posible el constituirse en pueblo independiente y so- 
berano. 

Con vi^ta de esa comunicación y del desorden que rei- 
naba en estos países, dispuso la junta provisional que la 
nota de Iturbide fuese transcrita á los pueblos, y que cada 
uno de éstos, en ayuntamiento abierto, votara en el sen- 
tido que quisiese, aceptando ó rechazando la unión á Mé- 
xico: esa nota debía ir acompañada, como en efecto lo fué, 
de una extensa circular, que firmó el brigadier Gainza y 
redactó el licenciado Valle, y en la que se presentaba el 
asunto bajo todos sus aspectos. 

Individuos del ayuntamiento mismo tomaron á su cargo 
en la ciudad de Guatemala el ir de casa en casa, para re- 
coger los votos de todos los jefes de familia: los funciona- 
rios y corporaciones dieron los suyos en pliego cerrado, 
después de discutir la cuestión con la amplitud del caso. 

Hízose el escrutinio el 5 de Enero de 1822 por la junta 
provisional, y resultó que la mayoría de los pueblos se 
pronunciaba por la incorporación inmediata al imperio 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 119 

mexicano: unos pocos m^anifestaron que se conformarían 
con el dictamen de la junta dicha, y otros opinaban por 
ag'uardar hasta que se reuniera el congreso: en este últi- 
mo sentido votaron las poblaciones de la provincia de San 
Salvador, menos Santa Ana y San Miguel, que optaban 
por unirse á México desde luego: el doctor Delgado, jefe 
de San Salvador, negaba á la junta provisional de Guate- 
mala y al brigadier Gainza la facultad de desentenderse 
de lo prescrito en el acta de emancipación de 15 de Se- 
tiembre de 1821. 

En mérito de lo expuesto, y sin atender al voto de los 
pueblos que rechazaban la idea de formar con México una 
sola nacionalidad, declaróse que las varias provincias del 
antiguo reino de Guatemala quedaban sujetas al imperio 
de Iturbide. 

Gainza siguió ejerciendo el gobierno, pero sin ser obe- 
decido de San Salvador, ni de los jefes de Nicaragua y 
Honduras. 

Mas como Santa Ana y San Miguel, que en aquel asun- 
to capital estaban en desacuerdo con San Salvador, inten- 
taran separarse de esa provincia, el jefe salvadoreño doc- 
tor Delgado, envió tropas á Santa Ana, de donde ya se 
había pedido auxilio al brigadier Gainza. 

D. Manuel José Arce, comandante de las fuerzas des- 
tinadas por el gobierno de San Salvador á operar sobre la 
disidente Santa Ana, ocupó esa población; pasó después 
á Ahuachapán, derrotando en seguida en la hacienda del 
Espinal las tropas de Sonsonate, que por orden de Gainza 
protegían la actitud de Santa Ana. 

No fué ya posible evitar un rompimiento entre San Sal- 
vador y Guatemala; y el brigadier Gainza, que se conside- 
raba subordinado al gobierno de México, mandó sobre San 
Salvador una división de mil hombres, á las órdenes del 
coronel 1). Manuel de Arzú, jefe distinguido por su ins- 
trucción militar y valor á toda prueba, y que había hecho 
su carrera de artillero en España, de donde viniera algu- 
nos años antes á prestar sus servicios en este país. 

Pero el coronel Arzú se demoró mucho en el camino, 



120 ESTUDIO HISTÓRICO 



por esperar la artillería de Sonsonate; y aunque, haciendo 
un rodeo por el volcán con tan pesado tren, pudo penetrar 
en la ciudad de San Salvador, sus soldados se le desban- 
daron y huyeron después de alg'unas horas de refriega 
sostenida en las calles de la población misma. 

Entretanto ocurrían hostilidades entre León y Grana- 
da por idéntica causa: el coronel de milicias D. Crisanto 
Sacasa apoyaba á los granadinos; el coronel Saravia era 
el jefe de los leoneses: desgracias sin número fueron el re- 
sultado de tales escisiones en territorio nicaragüense. 

El general Filísola, mandado por Iturbide con la divi- 
sión de que antes se ha hecho mérito, entró en la ciudad 
de Guatemala el 12 de Junio de 1822, con unos seiscientos 
hombres, en su mayor parte chiapanecos, pues casi toda 
la tropa salida de la capital de México se le había deserta- 
do en el camino. 

De conformidad con las órdenes del emperador Itur- 
bide, el brigadier Gainzahizo entrega del mando al ge- 
neral Filísola y se retiró á México. 

Filísola, amigo de la paz y bien animado en favor de 
los pueblos centro-americanos, dirigió sus miras á evitar 
sacrificios para conseguir la sumisión de San Salvador, 
entablando al efecto correspondencia con el doctor Del- 
gado y el Sr. Arce; mas como nada consiguiese por ese 
medio, y como Iturbide se negara á convenir en que un 
congreso formado de diputados salvadoreños resolviera el 
asunto, tuvo el general mexicano que apelar al empleo de 
las armas: abrióse la campaña con la ocupación de Santa 
Ana en el mes de Noviembre; dirigía las operaciones per- 
sonalmente Filísola, habiendo dejado el mando en Guate- 
mala á su segundo el coronel Codallos. 

Filísola contaba con una división de dos mil hombres, 
en su mayor parte procedentes de Guatemala, Santa Ana, 
Sonsonate, San Miguel y Honduras: el ejército de San Sal- 
vador era un tanto superior en número, y estaba igual- 
mente bien armado, sin faltarle una regular dotación de 
artillería. 

Después de algunos ligeros encuentros y ataques par- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 121 

cíales entre las fuerzas imperialistas y las salvadoreñas, 
dispúsose en San Salvador que se retirase el ejército que 
defendía la ciudad y que ésta quedase indefensa. En tal 
virtud, salieron las tropas con su jefe inmediato el coro- 
nel Cañas; y una comisión municipal se presentó á Filí- 
sola á participarle lo que ocurría. Entonces el g-eneral 
mexicano ocupó el 9 de Febrero de 1823 la población, res- 
petando las vidas y propiedades y tratando á todos con la 
caballerosidad que le era propia: escribió al doctor Del- 
gado y al Sr. Arce para que volvieran á la ciudad; pero 
ninguno de ellos quiso acudir al llamamiento. 

El abandono de la plaza de San Salvador vino á econo- 
mizar nuevos sacrificios y permitió que toda la provin- 
cia quedase sometida al imperio de Iturbide: encargóse 
del mando de ella el coronel D. Felipe Codallos; y Filísola 
regresó á Guatemala á principios de Marzo subsiguiente, 
aunque instruido ya del cambio que ocurría en México por 
consecuencia de la revolución de Casa Mata, causante de 
la caída del imperio. 

Los progresos de aquella revolución sugirieron á Filí- 
sola, cuando ya estaba en Guatemala, la generosa idea de 
expedir un decreto convocando un congreso centro-ameri- 
cano, para que ese alto cuerpo, en ejercicio de sus dere- 
chos soberanos, resolviera lo que más conforme estimase 
con los intereses públicos: providencia semejante hace 
honor á Filísola, pues por su medio restituía á la América 
Central la autonomía que él había contribuido á arreba- 
tarle como agente de Iturbide. 

Reunido el congreso el 24 de Junio de 1823, con repre- 
sentantes de los varios Estados, menos de Chiapas, el mis- 
mo Filísola hizo la apertura de las sesiones, continuando 
este jefe en ejercicio del poder ejecutivo mientras se or- 
ganizaba el nuevo gobierno. 

Pocos días después tomó el congreso el título de Asam- 
blea Nacional Con.stituyente, y emitió con fecha de 1." de 
Julio un importante decreto, que se mira hoy en Centro- 
América como la genuina y solemne acta de emancipa- 
ción absoluta: redactó ese documento el representante li- 



122 ESTUDIO HISTÓRICO 



cenciado D. José Francisco Córdova, y llévalas firmas de 
ciudadanos ilustres de los varios partidos políticos, apa- 
reciendo, entre ellas las de los Sres. Delgado, Molina, Dié- 
g*uez, Estrada, Beltranena, Menéndez, Barrundia, Cañas, 
Flores, Castilla, Gálvez, Jiménez, Villacorta, etc., etc. 

Ese notable decreto se funda en sólidas razones de de- 
recho público universal, que no podían menos de invocar- 
se para justificar una declaratoria de tamaña magnitud. 

La dominación mexicana tuvo muy precaria existencia 
en estos países; apenas pudo durar unos quince meses, y 
esto sólo en Guatemala, San Salvador y Honduras. Nica- 
ragua estuvo entretanto devorada por la anarquía; y Cos- 
ta Rica continuó manejándose como antes, en razón de la 
distancia que la separaba del centro de las luchas políticas. 

Escritores autorizados creen que, si se hubiera soste- 
nido en México el trono de Iturbide, se habrían sometido 
á él todas las secciones centro-americanas, no obstante la 
falta de simpatía con que ese régimen tropezara en varios 
puntos, señaladamente en San Salvador. 

Hay que advertir, que en los momentos mismoe en que 
el general D. Vicente Filísola, inspirándose en los dicta- 
dos de su corazón noble y de su alma elevada, emitía el 
decreto de convocatoria para la reunión del congreso de 
que se ha hecho mérito, estalló en Costa Rica una conspi- 
ración, y proclamaron el imperio las ciudades de Heredia 
y Cartago, ignorándose en esa provincia el desarrollo de 
los sucesos y el término de la anexión mexicana. 

Los que en las ciudades dichas no aprobaron el movi- 
miento, se reunieron en San José y Alajuela, poblaciones 
que eran adversas á los imperialistas y que se levantaron 
en masa contra estos últimos. El 5 de Abril se libró batalla 
entre los de San José y los de Cartago, en el llano de «Las 
Lagunas» de Ochomogo: la acción no fué muy sangrien- 
ta, pues no pasó de veintiuno el número de los muertos: 
la victoria favoreció á los de Alajuela y San José; y desde 
entonces quedó trasladado á esa última ciudad el asiento 
del gobierno supremo. 

Volvemos á ocuparnos de la convención nacional que 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 123 

sesionaba en la ciudad de Guatemala, para decir que nom- 
bró para ejercer el poder ejecutivo al salvadoreño D. Ma- 
nuel José Arce; mas como éste estuviese ausente del país, 
fueron desig-nados, como suplentes, para mientras regre- 
saba aquel ciudadano, los doctores D. Antonio de Larra- 
zábal y D. Pedro Molina y D. Juan Vicente Vijlacorta, sal- 
vadoreño este último: el Sr. Larrazábal hizo dimisión del 
cargo, y se le sustituyó con D. Antonio Rivera Cabezas. 
Este fué el primer gobierno nacional centro-americano, 
es decir, el primer poder ejecutivo, y reasumió el mando 
de las armas. 

Filisola regresó á México con sus fuerzas, dejando en 
la América Central recuerdos gratos por su liberal com- 
portamiento con estos pueblos, á quienes devolvió la fa- 
cultad de constituirse, tan pronto como se creyera sin auto- 
ridad bastante para continuar administrándolos á nombre 
del gobierno mexicano. 

Pero la semilla de los trastornos estaba ya plantada en 
nuestro suelo; tenía que seguir derramándose la sangre 
en contiendas entre hermanos; amargos frutos debía pro- 
ducir el turbulento genio del mal. 

El 14 de Setiembre presenció la ciudad de Guatemala 
un espectáculo verdaderamente escandaloso, por efecto 
de una sublevación militar, que el gobierno hubiera po- 
dido impedir, pues no se le ocultaban las maquinaciones 
en tal sentido urdidas: la guarnición no recibía con pun- 
tualidad su paga; y el ambicioso sargento mayor Ariza 
Torres, explotando el descontento de la tropa, trabajó por 
seducirla, para ver de conseguir el mando del cuerpo lla- 
mado el Fijo. 

Una salva en la madrugada de aquel día anunció á la 
población el criminal pronunciamiento; Ariza hizo saber 
al poder ejecutivo que tomaba el mando militar, obligado 
por las fuerzas de la guarnición, y que ésta le había con- 
ferido además el título de brigadier. 

Reunióse sin pérdida de tiempo la asamblea y con ella 
los individuos del poder ejecutivo; tratóse el asunto en 
sesión p/iblica, y los representantes reprobaron con ener- 



124 ESTUDIO HISTÓRICO 



gía el indigno proceder de Ariza Torres; multitud de per- 
sonas particulares que acudieron al local de la asamblea, 
se manifestaron en sentido idéntico. 

Al saber Ariza que se le apellidaba traidor y criminal 
y que se reunían patriotas para oponérsele, destacó algu- 
nas guerrillas, las que dispersaron á aquéllos, causándoles 
algunos muertos y heridos. Atacó después el edificio del 
congreso, del que huyeron los miembros del poder ejecu- 
tivo y los diputados en su mayor parte; pero el presidente 
de la asamblea, al saber que las guerrillas cometían exce- 
sos en la ciudad, entró en arreglos con Ariza Torres; ofre- 
cióle que el gobierno le reconocería en el puesto que am- 
bicionaba; y efectivamente, por la tarde prestó el rebelde 
el juramento en el salón del poder ejecutivo. 

El 4 de Octubre la asamblea se declaró en sesión per- 
manente; admitió las renuncias de los ciudadanos que 
ejercían el mando, y eligió, para reemplazarlos, al mismo 
D. Manuel José Arce, al licenciado D. José Cecilio del Valle, 
y á D. Tomás 0-horan: para suplir á Arce y á Valle, que es- 
taban ausentes del país, se nombró á D. José Santiago Milla 
y á D. José Francisco Barrundia; pero este último, que 
era uno de los miembros más conspicuos del partido libe- 
ral, no aceptó el cargo, y en su lugar fué designado por 
la asamblea el salvadoreño D. Juan Vicente Villacorta, 
que ya antes había participado del poder. 

El Estado del Salvador, notable por la densidad de sus 
habitantes, por su riqueza y por el carácter altivo de sus 
hijos, había venido adquiriendo influjo en Centro-Amé- 
rica desde la resistencia que opuso con las armas en la 
mano al imperio de México: no debe, pues, parecer extra- 
ño que un hijo de esa tierra, el doctor Delgado, presidiese 
en Guatemala la convención nacional, ni que otro de sus 
hijos, el Sr. Arce, fuese elegido para ejercer el poder su- 
premo; si bien estos sujetos, lo mismo que el diputado 
doctor Menéndez y otros varios salvadoreños que figura- 
ban en el teatro de la política, reuniesen no pocos títulos 
para participar activamente en la dirección de los desti- 
nos del país. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 126 

Hemos mencionado el pronunciamiento de Torres Ari- 
za con el propósito de hacer Ter que la tranquilidad y el 
orden estaban minados por la ambición de algunos y por 
otras varias causas que seria largo exponer. 

Ese pronunciamiento de cuartel determinó al gobierno 
á pedir auxilio de tropas á San Salvador, Quezaltenango 
y Chiquimula: de ahí nuevas complicaciones que oscure- 
cían el horizonte de la patria y dificultaban el triunfo de 
la regularidad. 

Incidentes en mala hora ocurridos robustecieron entre 
San Salvador y Guatemala las rivalidades nacidas de las 
recientes luchas del imperio: por otra parte, Nicaragua 
estaba devorada por la anarquía; y todo hacía temer que 
el infortunio sometiese á más rudas pruebas á estos pue- 
blos al asomar apenas á la vida pública con un gobierno 
propio. 

La asamblea, deseosa de conjurar. los males que ame- 
nazaban, se apresuró á emitir las bases de una Constitu- 
ción política, popular, representativa, federal, para la Re- 
pública de Centro-América: tan importante paso se dio en 
Diciembre de 1823. 

En Abril de 1824 declara la asamblea que son libres 
los esclavos de uno y otro sexo existentes, en cualquier 
punto del territorio centro-americano. El número de los 
individuos sujetos á la esclavitud no era considerable: el 
licenciado D. Felipe Molina, en su Bosquejo de Costa Kica, 
dice que apenas serían unos mil, sirvientes domésticos en 
su mayoría, y que de ellos habría unos cincuenta en terri- 
torio costarricense; pero el doctor 1). José Mariano Méndez 
manifiesta, en un documento escrito por él en 1821, que 
la cifra de los esclavos no llegaba á doscientos, pues los 
del puerto de Omoa y costa del Norte de Honduras, de pro- 
piedad de la real hacienda, habían sido declarados libres 
en las Cortes de España en 1812. 

La moción de tan importante decreto fué debida al ge- 
neroso diputado doctor D. Simeón Caúas, quien en aquella 
oportunidad dirigió á la asamblea un sentido discurso en 
apoyo de su propósito benéfico, y manifestó que cedía lo 



126 ESTUDIO HISTÓRICO 



que las cajas matrices le adeudaban por dietas y otros cré- 
ditos, á fin de dar así principio á la reunión de fondos para 
indemnizar á los dueños de esclavos. 

Los diputados D. J. Francisco Barrundia y doctor don 
Mariano Gálvez, que algunos días antes de aquella fecha 
habían ya iniciado la idea de libertad de siervos, robuste- 
cieron con enérgica palabra la moción del Sr. Cañas, y la 
cámara la adoptó por votación de todos sus individuos. 

El 5 de Marzo del mismo año 1824 se instaló el primer 
congreso constituyente del Estado del Salvador; en 6 de 
Mayo el primer congreso de Costa Rica; en 28 de Agosto 
la primera asamblea constituyente de Honduras, y en 15 
de Setiembre el primer congreso constituyente de Guate- 
mala. 

El 30 de Enero de 1825 se instaló la primera legislatura- 
ordinaria del Estado del Salvador; en 10 de Abril el primer 
congreso constituyente del Estado de Nicaragua, y en 14 
del mismo Abril la primera legislatura ordinaria de Costa 
Rica. 

De esos altos cuerpos emanaron los primeros códigos 
políticos de las varias secciones centro-americanas: en 
ellos tuvieron origen las leyes que al principio se dieron 
para fijar su respectiva organización, pues la Carta cons- 
titutiva de la República federal de Centro- América estaba 
decretada desde el 22 de Noviembre de 1824. 

Pero el federalismo no tuvo larga vida en esta mal pre- 
parada tierra, en la que durante aquel período, y aun por 
intervalos después de él, se han recogido los envenenados 
frutos del desorden y de la irregularidad. El aliento pa- 
triótico del general Morazán, los talentos de D. José Fran- 
cisco Barrundia y el esfuerzo constante del general Caba- 
nas y de otros centro-americanos distinguidos, no basta- 
ron á inocular en el régimen federal los principios vitales 
que reclamaba para afirmarse y hacer la ventura pública. 
A mediados de 1838 se disolvió el lazo del federalismo, 
siendo el Estado del Salvador el último que se separara y 
aceptase el inevitable fraccionamiento. 

Conviene ahora retroceder para dar cabida á algunas 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 127 

breves explicaciones y detalles sobre las contiendas que 
se iniciaron en 1826, y que llegaron á inspirar el temor de 
que la América Central no detuviese su cansada planta en 
el camino de los desaciertos escandalosos. 

Causas que, como ya se dijo, seria largo enumerar y 
cuyo análisis no entra en el plan de esta obra, originaron 
discordias terribles é hicieron desconfiar del porvenir de 
la patria, principalmente en los años corridos desde 1826 
hasta 1829. D. Manuel José Arce, salvadoreño distinguido, 
entró á ejercer el mando supremo de la República federal 
centro-americana en Abril de 1825; y muy poco después 
comenzaron á surgir desavenencias entre ese funcionario 
y el partido liberal que había triunfado en las elecciones 
que le elevaron al poder. Al hablar de los trastornos de 
aquella época, debe decirse que algunos extranjeros de 
más ó menos importancia tomaron activa participación en 
las disensiones de estos países, afectando por los públicos 
intereses un cariño que no siempre se puede suponer en 
los que acaban de llegar en busca de posición y honores. 
Por otra parte, el empeño del padre doctor D. Matías Del- 
gado por separar en lo eclesiástico el Estado del Salvador 
de la diócesis de Guatemala, empeño desaprobado por el 
metropolitano de la misma Guatemala y por la Santa Sede, 
contribuyó á encender la guerra civil, que ahondó las di- 
visiones entre salvadoreños y guatemaltecos: el padre Del- 
gado se posesionó de su pretendida mitra el 24 de Abril 
de 1825; y el 25 de Setiembre de 1829 derogó la legislatura 
del Salvador el decreto en que indebidamente se había 
mandado darle posesión de la dignidad episcopal. 

El Estado de Costa Rica, conviene advertirlo, se man- 
tenía en paz; aunque no faltó uno ü otro incidente que 
turbase allí el reposo en aquel tiempo. En Enero de 1826, 
estalló en Alhajuela una conspiración urdida por el es- 
pañol D. José Zamora, para someter de nuevo aquella por- 
ción de la República federal al dominio de España; el ilu- 
so caudillo fué fusilado, imponiéndose el ostracismo á diez 
y siete de sus principales cómplices. Más adelante, en Se- 
tiembre de 1835, se pronuncian y arman Cartago, Heredia 



128 ESTUDIO HISTÓRICO 



y AlLajuela, desconociendo los poderes constitucionales 
del Estado; pero las fuerzas del gobierno, que residía en 
San José, rechazan á los disidentes en el primer ataque, y 
los derrotan al fin en 14 y 28 de Octubre. Otra subleva- 
ción, efectuada en Mayo de 1838 y promovida por el licen- 
ciado D. Braulio Carrillo, dio por resultado que se desti- 
tuyese del mando supremo al licenciado D. Manuel Agui- 
lar, reemplazando á este último el mismo Sr. Carrillo. 

Como se ve, Costa Rica se mantenía en lo general en 
calma: no así Nicaragua, en donde la anarquía más espan- 
tosa produjo en algunos años sus tristes efectos. En Fe- 
brero de 1827 se disuelve en Granada la legislatura, por 
consecuencia de una sedición de que fué autor el vicejefe 
del Estado D. Juan Arguello; á este suceso siguen otros 
muy deplorables, continuando la agitación hasta Abril 
de 1830, en que por entonces se restablece la paz: el am- 
bicioso coronel D. Cleto Ordóñez tuvo no poca parte en las 
discordias ocurridas en este período y aun en otros que 
habían sobrevenido anteriormente. 

Volviendo ahora al Salvador, corresponde decir que, 
alegando el gobierno de esa sección de Centro-América la 
necesidad de restablecer las autoridades del Estado de 
Guatemala, disueltas en Octubre de 1826, mandó fuerzas 
á las órdenes del coronel D. Ruperto Trigueros y de los 
franceses Raoul y Saget á invadir el territorio guatemal- 
teco y ocupar la capital , á la que se aproximaron hasta 
una legua de distancia, situándose en la villa de Guada- 
lupe; allí se las rechazó; y replegadas á Arrazola, fueron 
completamente batidas el 23 de Marzo de 1827, por dos mil 
guatemaltecos que dirigía en persona el presidente de la 
república D. Manuel José Arce; los derrotados se volvie- 
ron en desorden al territorio salvadoreño. 

También en Honduras ocurrían entonces disturbios: el 
coronel D, Justo Milla, con fuerzas federales guatemalte- 
cas, ocupó, en virtud de capitulación, la plaza de Coma- 
yagua, después de un sitio que se había prolongado por 
espacio de treinta y seis días: este hecho acaeció el 10 de 
Mayo de 1827, quedando asi sometido el Estado á la auto- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 129 

ridad del Presidente de la República de Centro-América. 
Y para concluir con lo que á Honduras concierne en ese 
periodo, hay que añadir que el 28 de Setiembre de aquel 
año fueron batidas en Sabana Grande por el mismo coro- 
nel Milla- las tropas del Salvador mandadas á aquel país; 
pero mes y medio después, es decir el 10 de Noviembre, 
fué completamente derrotado ese jefe, en las inmediacio- 
nes del cerro de la Trinidad, por el teniente coronel D. Re- 
mig^io Díaz, que acaudillaba una sección de tropas nica- 
ragüenses y salvadoreñas. — D. Francisco Morazán, á quien 
en gran parte se debió ese triunfo, se hizo entonces cargo 
del gobierno de Honduras como consejero más antiguo, y 
comenzó á levantar las fuerzas con que más tarde había 
de apoyar eficazmente al Salvador en la campaña contra 
Guatemala. 

En represalias de la invasión del territorio guatemal- 
teco, efectuada por el ejército salvadoreño á las órdenes del 
coronel Trigueros, el presidente Arce se dirigió con dos 
mil hombres de Guatemala á la ciudad de San Salvador: 
la atacó por la difícil fortificación de Milingo el 18 de Mayo 
de 1827; siendo rechazado al cabo de cinco horas de terri- 
ble refriega, y regresando con gran pérdida á la capital de 
Guatemala. 

Sin embargo, después de ese desastre no terminó la 
guerra entre los dos pueblos hermanos y vecinos: el bri- 
gadier guatemalteco 1). Manuel de Arzú y Nájera, que ya 
en 1822 había estratégicamente penetrado hasta la piara 
de San Salvador, y que á tanta altura puso en 1824 su nom- 
bre en Nicaragua, sosteniéndose por más de tres meses 
dentro de la ciudad de León, atacada con bizarría por las 
fuerzas del coronel Sacasa y del oficial colombiano D. Juan 
José Salas; ese mismo brigadier Arzú obtiene en Chalchua- 
pa, el 1.° de Marzo de 1828, un completo triunfo sobre las 
fuerzas salvadoreñas que en ese lugar acaudillaba el coro- 
nel Merino. Esta función de armas fué la más sangrienta 
entre las que se verificaron en los años corridos de 182<> 
á 1829. 

El 13 de Abril de 1828 se dio la acción de Quelepa, en 

9 



130 ESTUDIO HISTÓRICO 



que fué batida una división salvadoreña por el coronel 
¿. Vicente Doming-uez, jefe de una sección de tropas gua- 
temaltecas que ocupaban el departamento de San Miguel; 
asi quedó ese departamento enteramente sometido al go- 
bierno federal. 

La batalla de Gualcho, en que comenzó á figurar como 
general D. Francisco Morazán, fué muy reñida, y se dio 
el 6 de Julio de 1828, á las orillas del Lempa, entre hon- 
durenos y guatemaltecos, mandados estos últimos por el 
coronel Domínguez: el éxito fué favorable á Morazán, 
caudillo de las tropas de Honduras, y ejerció decisivo in- 
flujo en la campaña de aquel año y del subsiguiente. 

Tras el fracaso experimentado en Gualcho por los gua- 
temaltecos, vino la capitulación en cuya virtud se rindió el 
coronel D. Manuel Montúfar en el pueblo de Mexicanos 
el 20 de Setiembre, y luego el 9 de Octubre la rendición 
del teniente coronel D. Antonio de Aycinena en San An- 
tonio; asi quedó libre de tropas de Guatemala el territorio 
salvadoreño desde Octubre de 1828. 

Acreditado ya por su talento militar el hondureno 
D. Francisco Morazán, organizó una fuerza de más de dos 
mil hombres del Salvador y Honduras, á la que se dio la 
denominación de Ejército aliado protector de Id ley; y con 
esa división, bien equipada, se dirigió á poner sitio á la 
plaza de Guatemala. El primer ataque contra esa plaza se 
efectuó el 5 de Febrero de 1829, por el lado de la Garita 
del Golfo, de donde después de un fuerte tiroteo, se recha- 
zó al invasor. 

Las tropas guatemaltecas de la capital hicieron una 
salida el 18 del mismo Febrero, y derrotaron en Mixco una 
gruesa columna del general Morazán; pero el 6 de Marzo 
subsiguiente, en que realizaron una nueva salida, sufrie- 
ron un gran descalabro en el pueblo de San Miguelito, y 
en seguida otro más adverso aún en el llano de las Charcas 
el 15 del propio mes de Marzo. 

Al ñn, agotados los recursos de los guatemaltecos, al 
cabo de más de dos meses de asedio y de algunos días de 
rudo combate en las calles de la ciudad, se rindió al gene- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 131 

ral Morazán la plaza el 12 de Abril de 1829, en virtud de 
una capitulación; con lo que terminó entonces aquella de- 
sastrosa guerra. 

El general Morazán se quedó ejerciendo la dictadura, 
hasta que el 25 de Junio de 1829 se hizo cargo de la presi- 
dencia de la República centro-americana D. José Francis- 
co Barrundia, en concepto de senador más antiguo. He- 
chas las elecciones, fué favorecido con la mayoría de vo- 
tos el mismo general Morazán, quien se posesionó del po- 
der en Setiembre de 1830, separándose el Sr. Barrundia del 
provisorio que había ejercido. 

Empero más adelante se alteró la tranquilidad en Cen- 
tro-América: el 14 de Marzo de 1832 se dio la acción de 
Jocoro, en el departamento de San Miguel, entre una di- 
visión salvadoreña y las tropas que de Nicaragua y Hon- 
duras traía el presidente de la República, general D. Fran- 
cisco Morazán, quien obtuvo allí una nueva victoria. 

Continuaba la lucha entre conservadores y liberales, y 
el 26 de Marzo de 1832 se verificó el combate de Jaytique, 
en el que murió el bizarro hondureno coronel Gutiérrez, 
ocupando á principios de Abril subsiguiente el coronel don 
Vicente Domínguez con sus tropas la capital de Honduras, 
á pesar de la derrota que éste último había sufrido en Jay- 
tique: el coronel Domínguez peleaba en defensa del parti- 
do conservador. Al hablar de los sucesos de ese año, hay 
que añadir que el presidente de Centro- América, general 
Morazán, penetró á viva fuerza en la plaza de San Salvador 
el 28 del mismo mes de Marzo. 

En 5 de Mayo de 1832 fueron destruidos en Opoteca 
los últimos restos de la facción que en territorio hondure- 
no acaudillaba el coronel D. Vicente Domínguez; éste fué 
capturado pocos días después y se le fusiló en Comayagua 
el 14 de Setiembre del referido año 1832. No por eso con- 
cluyeron las discordias: en Agosto de 1838, el general gua- 
temalteco D. Rafael Carrera, que había encabezado un le- 
vantamiento en territorio de (íuatemala en apoyo del par- 
tido conservador caído, derrotó con las fuerza? de Mita, 
en los llanos de Jalapa, las tropas del coronel Bonilla: el 



132 ESTUDIO HISTÓRICO 



mismo general Carrera, con más de dos mil hombres, des- 
hizo en 6 de Setiembre subsiguiente en las inmediaciones 
de Petapa, otra sección de las tropas del gobierno; pero en 
la madrugada del 11 del mismo Setiembre sufrió ese cau- 
dillo una derrota en Villa Nueva, en donde fué sorprendi- 
do por 900 hombres de la guarnición de Guatemala, man- 
dados por el general D. Carlos Salazar. 

Carrera, animoso siempre, se rehizo de ese desastre; 
penetró con sus huestes hasta la ciudad de Santa Ana del 
Salvador, sin encontrar resistencias, volvió á Chiquimuli- 
11a, sufriendo un nuevo descalabro, que el 4 de Noviembre 
le causó el coronel Carballo, y depuso las armas en virtud 
de los tratados llamados del Rinconcito^ reconociendo al 
gobierno y quedando con el carácter de comandante de 
armas del distrito de Mita. Pero en 24 de Marzo de 1839 se 
pronuncia el general Carrera con su ejército en el pueblo 
de Mataquescuintla; y en la madrugada del 13 de Abril del 
mismo año se posesiona, sin resistencia, de la plaza de 
Guatemala; triunfando así la causa del bando conservador 
en ese país. 

. El 6 del propio Abril de 1839 habla ocurrido la batalla 
que se llama del Espíritu Santo, á orillas del Lempa, en- 
tre las fuerzas aliadas de Honduras y Nicaragua y las del 
Estado del Salvador, las primeras á las órdenes del gene- 
ral hondureno D. Francisco Ferrera, conservador, y las 
últimas al mando del general Morazán, á quien favoreció 
en esa ocasión la victoria. 

En Honduras luchaba por la causa liberal y de la unión 
centro-americana el brigadier D. Trinidad Cabanas: este 
jefe, á la cabeza de una sección de tropas federales pene- 
tró hasta la capital del Estado, tomándola después de al- 
gunos triunfos el 28 de Agosto de 1839, y el 6 de Setiem- 
bre subsiguiente derrotó en Cuesta Qrande una división 
de tropas de Honduras, y se apoderó de la ciudad de Te- 
gucigalpa. 

Entretanto el general D. Francisco Morazán había 
terminado su segundo período constitucional como pre- 
sidente de la República centro-americana desde el 1.° de 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 133 

Febrero de 1839; y en esa fecha debe definitivamente es- 
timarse disuelto el pacto federal de 1824. Encontrábase 
ese jefe ejerciendo el gobierno del Salvador cuando algu- 
nos barrios de la capital de ese Estado se pronunciaron 
contra él, el 16 de Setiembre de 1839; pero Morazán, que 
estaba fuera de la ciudad, regresó á ella con prontitud, 
recobrándola el 18 del propio mes, y el 25, á la cabeza de 
seiscientos salvadoreños, hizo sufrir una completa derrota 
en San Pedro Perulapán á las tropas de Honduras y Ni- 
caragua, conducidas por el general Ferrera, que servia á 
la causa del partido conservador. 

El 13 de Noviembre de 1839 alcanza un nuevo triunfo 
en la Soledad el general Cabanas, y se apodera por segun- 
da vez de Tegucigalpa: Cabanas luchaba en defensa de la 
causa liberal y de la federación. Pero la suerte tenía pre- 
paradas infidelidades terribles á ese valiente jefe, y éste 
sufrió el 31 de Enero de 1840, en la hacienda del Potrero, 
una completa derrota, con la que terminó su incursión en 
territorio de Honduras. 

El general D. Rafael Carrera, bien reputado por su de- 
nuedo y firme carácter, rechazó el 19 de Marzo de 1840, 
de la ciudad de Guatemala, al ex-presidente Morazán, que 
la había atacado y ocupado desde el día anterior con fuer- 
zas salvadoreñas. 

Por consecuencia de ese desastre emigra de la Amé- 
rica Central el general Morazán, y se dirige al Perü, con 
su amigo el general Saravia, guatemalteco verdadera- 
mente ilustre: sin embargo, vuelve á Costa Rica algún 
tiempo después; apodérase del mando de ese Estado; y, al 
cabo de cinco meses, insurreccionadas contra su autoridad 
varias poblaciones costarricenses, muere fusilado en la 
ciudad de San José en Setiembre de 1842, no sin haberse 
antes batido con los insurrectos por espacio de ochenta y 
ocho horas. 

No es la división en que hoy viven estos países una ley 
de la naturaleza entre miembros de una misma familia, 
que crecieron bajo un solo techo como herederos de igual 
porvenir. Sin embargo, bajo ese modo de ser, que sólo es 



134 ESTUDIO HISTÓRICO 



signo de debilidad y que no atrae respeto ni consideracio- 
nes de parte de los demás pueblos, se mantienen desde 
hace más de cuarenta años, y en ese lapso de tiempo no 
han faltado luchas desastrosas, como las de 1851 y 1863 
entre salvadoreños y guatemaltecos, las de Honduras con 
Guatemala en 1854 y 1855, y otras cuantas de sección á 
sección, fuera de las muchas que pueden llamarse domés- 
ticas, sostenidas por los bandos opuestos en el interior de 
cada Estado, y por cuyo medio no siempre se han perse- 
guido fines sanos y laudables. Cosecha amarga se ha re- 
cogido del desorden por causa de ambiciones odiosas y per- 
sonales competencias, ahogándose á menudo los impulsos 
más nobles del corazón y pisoteándose los más bellos prin- 
cipios por un criminal amor al mando. 

Empero no deja de escucharse ya con simpatía la voz 
del deber, que nos llama á más juiciosa conducta y ámás 
sensatos procederes; ya, por intervalos se percibe también 
el eco dulce y armonioso del patriotismo, que recuerda á 
los hijos de Centro-América los vínculos santos que al ñn 
han de agruparlos bajo una bandera bendecida y bajo una 
sola ley; y aunque algunos afirmen que la unión es un 
problema de un orden enteramente moral, un ideal que 
se resiste á tomar cuerpo y que no encuentra sanción en 
nuestra organización política y civil, se advierte por for- 
tuna lo contrario cuando ocurren sucesos que amenazan 
la integridad ó la honra de algún Estado por peligros que 
vienen de fuera. 

Compruébase esa verdad en la invasión efectuada por 
los filibusteros del Norte en 1855 en territorio de Nicara- 
gua: los invasores en mala hora nos juzgaron en postra- 
ción completa, creyendo encontrar en la ciudad de Gra- 
nada, que sin dificultad ocuparon, un portillo abierto á 
su ambición criminal y á su repugnante codicia: el des- 
concierto en que estaban los nicaragüenses por el desen- 
freno de las pasiones políticas dio margen á la irrupción 
de esos aventureros, capitaneados por Guillermo Walker. 
Pero la fraternidad hizo resonar su potente voz en los cinco 
Estados, y éstos se apercibieron á la pelea en defensa del 



DE LA A31ÉRICA CENTRAL 135 

agredido y de los intereses comunes: todos lucharon con 
bravura, confundidos en el mismo campo, siendo los cos- 
tarricenses, los salvadoreños y los guatemaltecos los que 
más eficazmente contribuyeran á tan gloriosa cruzada; si 
bien á los hijos de Costa Rica cupo la honra de acudir los 
primeros al lugar del peligro, y recoger en él muy pre- 
ciados laureles. 

Aunque separadas en lo politico las cinco secciones 
centro-americanas, no es posible desconocer las tenden- 
cias que las animan en el sentido de la unidad, la que tar- 
de ó temprano llegará á realizarse, para garantir la paz 
en estos países y promover eficazmente la ventura de sus 
hijos. A facilitar la consecución de tan nobles fines se di- 
rigen los pactos de amistad íntima concluidos entre algu- 
nos de estos Estados: de la observancia fiel de esos con- 
venios se aguarda la asimilación de los intereses comunes 
y el advenimiento de la transformación apetecida. Pero si 
las virtudes que engendra el amor á la patria se hacen sen- 
tir en la América Central, su influjo precioso aumentará 
la fuerza de cohesión que debe unir sus diversas partes; 
fuerza que, á la verdad, no puede ser el resultado del pla- 
tonismo, ni de arengas y discursos, sino el fruto de tra- 
bajos serios que, á la sombra de la paz, activen la solución 
del magno problema centro-americano. 

En medio del fraccionamiento en que vivimos des- 
de 1838, y á despecho de las contiendas que antes y des- 
pués de esa fecha han ensangrentado el suelo de la patria 
común, los gérmenes de la prosperidad moral y material 
han alcanzado algún desarrollo. 

En general se trabaja en los cinco Estados por perfec- 
cionar las instituciones políticas, poniéndolas de acuerdo 
con los principios liberales y democráticos: escasa vida 
han tenido en su mayor parte las leyes fundamentales que 
sucesivamente se han venido emitiendo, si bien la que hoy 
rige en Nicaragua, y cuya reformase indica ya por algu- 
nos como de forzosa necesidad, lleva largos años de estar 
en vigor. 

Centro-América, desde 1821, ha sufrido no poco por 



136 ESTUDIO HISTÓRICO 



causa de las guerras y de los desaciertos; pero no ofrece 
una historia tan triste que excluya adelantos positivos en 
los ramos todos: y si la paz hubiera sido más estable, la 
moral pública y la privada habrían florecido en más alto 
grado y producido mejores frutos. 

Afortunadamente, el modo de ser de Centro- América 
se conforma cada día más con las exigencias del progreso 
y del orden: la in^rucción pública, base necesaria para 
las instituciones democráticas, se difunde con empeño 
afanoso, apoyada en la enseñanza teórica y práctica de la 
moral, sin la que no hay educación política posible, y la 
felicidad de los pueblos es ilusoria, como cimentada en 
movediza arena. 

Resultado lisonjero del terreno que ganan las aspira- 
ciones por la civilización, es la solicitud patriótica con que 
se trabaja en los caminos y se construyen las vías férreas: 
ya se lleva á la práctica en Guatemala el pensamiento gran- 
dioso de proseguir el ferrocarril que unirá el Atlántico con 
el Pacífico, en un trayecto inmenso y accidentado: el Sal- 
vador y Nicaragua tampoco cesan en la tarea de tender 
rieles y adquirir locomotoras; y Costa Rica sostiene las con- 
quistas hechas en este punto y aun procura aumentarlas. 
La agricultura, la ganadería y la minería se desarro- 
llan y florecen; así la existencia económica adquiere la 
robustez necesaria para impulsar el adelanto intelectual, 
pues los pueblos pobres no están en aptitud de obtener 
triunfos científicos y literarios, careciendo de medios para 
pagar al maestro de escuela y fundar bibliotecas y pe- 
riódicos. 

Pero en la pintura rápida que hacemos de la actuali- 
dad centro-americana, menester es señalar con un ligero 
rasgo la perniciosa influencia que ea nuestra mejora ejer- 
cen los fenómenos volcánicos. La ciudad de San Salvador, 
importante por más de un concepto, ha tenido que incli- 
nar repetidas veces la frente bajo el peso enorme del infor- 
tunio, por causa de violentos terremotos: los de 1839, 1854 
y 1873 son los principales ocurridos en esa localidad y que 
han causado ruinas completas, en el período que llevamos 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 137 

de existencia propia. Desastroso también fué para Cartago, 
ciudad notable de Costa Rica, el temblor de tierra de 1841, 
que tan justa alarma ocasionó en aquel país amigo de la 
paz y del trabajo, y que es el que de mayor tranquilidad 
ha disfrutado en Centro-América desde 1S21. 

. Si la probidad y la industria siguen propagándose sin 
tregua en estas hermosas comarcas, la cultura derramará 
en ellas sus beneficios, depurando las costumbres, gene- 
ralizando el bienestar; en una palabfa, asegurando el 
gradual desarrollo de los intereses morales y materiales. 
No deben echar en olvido los centro-americanos que la 
práctica de las virtudes cívicas es más indispensable aún 
á la civilización que la inmensa suma de actividad que da 
por resultado la riqueza de las naciones. 




ADVERTENCIA. 



Las páginas que preceden contienen lo que 
propiamente puede considerarse como el resumen 
de la historia patria: los capítulos que siguen, y 
comienzan con el relativo al comercio y la agri- 
cultura, son más bien una ampliación de algunas 
materias importantes, que bien merecen ser tra- 
tadas de un modo un tanto extenso y filosófico, 
y constituyen, la parte segunda de la obra, digna 
de la reñexión atenta de los jóvenes que asisten 
á los colegios é institutos. 

Todo lo que antecede, y forma, por decirlo 
así, la primera parte del Estudio histórico de ¡a 
América Central, corresponde más bien á los pro- 
gramas de las escuelas de educación popular, para 
niños y niñas, que no se encuentran aún en esta- 
tado de comprender ciertas cosas, superiores sin 
duda al escaso desarrollo de sus facultades men- 
tales. 



EL COMERCIO Y LA AGRICULTURA. 



SUMARIO. 

Ideas generales «obre agricultura y comercio y sobre el modo de rroraover 
el progreso de uno y de otro ramo. — Conducta que en Centro- América 
se observa en el particular. — Escuelas parala enseñanza agronómica, — 
Importación y exportación en el Salvador. — Desarrollo de la agricultu- 
ra. — Principios económicos del tiempo del coloniaje. — Estado de las co- 
sas antes de la conquista española. — Industria de los antiguos indios y 
su tráfico mercantil. — El cacao. — Libertad de comercio entre las colo- 
nias. — Tráfico con extranjeros. — Monopolio colonial. — El régimen de las 
prohibiciones en Francia, — Comunicación interoceánica por el territorio 
de Centro-América. — Tránsito por el rio San Juan — Apertura de la ba- 
rra del rio Michatoya. — Venida de africanos para las tareas del campo. — 
Impuesto sobre el cacao; sus productos enlzalco y en otras localidades. — 
Las minas, la moneda y la casa do acuñaciones. — Los indios y los plan- 
tios de viñas y olivares, de morera y do árbol del lino. — El comercio en 
Nicaragua y Costa-Rica; las fortalezas para defenderlo de los corsarios. — 
La zarzaparrilla y otros productos. — La cochinilla y el café. — Re- 
flexiones. 

No es posible describir las operaciones del co- 
mercio sin mencionar, al menos de una manera su- 
maria, el estado de la agricultura que las alimenta, 
lo mismo que las medidas de la autoridad que las 
animan ó entorpecen. Por otra parte, la historia del 
comercio se confunde casi, bajo ciertos aspectos, oou 
la historia de la civilización entera. 

Dícese que el comercio no florece sino en tanto 
que, como en tiempo (M rey Salomón, cada cual des- 
cansa tranquilo bajo su vid y su higuera; es decir, 



142 ESTUDIO HISTÓRICO 



que los trabajos del hombre, por cuyo medio vive y 
crece el tráfico mercantil, suponen una condición 
fundamental: la seguridad. 

Esa seguridad nace del buen orden del Estado. 
Pero para que prosperen los intereses económicos,' 
que engendran la riqueza, necesítase además, en 
nuestros países, de las medidas protectoras de la au- 
toridad pública, sin que esa protección ahogue la li- 
bertad individual. 

En Centro -América se observa hoy generalmen- 
te una conducta muy conforme con las necesidades 
del progreso de la industria agrícola: estímulos de 
toda clase se decretan y ponen en práctica para al- 
canzar el objeto, fuera de los conocimientos especia- 
les que se comienza á impartir en las escuelas: en 
Guatemala cuenta ya algunos años de existencia el 
colegio de agricultura, destinado á formar agróno- 
mos y mayordomos entendidos, que puedan dirigir 
plantaciones con arreglo á los procedimientos moder- 
nos, sin mezcla de empirismo ni de rutina. En Mea- 
ragua se ha realizado la creación de un instituto agro- 
nómico; y en el Salvador se han establecido las jun- 
tas y comisiones de agricultura, que, relacionadas 
íntimamente con la Central que existe en San Sal- 
vador, derraman sus beneficios por todo el país, pro- 
moviendo los adelantos en esa industria, que es para 
nosotros la industria madre. Las hojas periódicas 
contribuyen también á tan importante fin, divulgan- 
do noticias útiles: la Bevista quincenal ^ que ve la luz 
pública desde hace algún tiempo, órgano de la Junta 



DE LA AMÉRICA CENTRAL li'i 



Central referida, cumple su consigna honrosa de un 
modo satisfactorio. 

El valor de los frutos exportados por puertos 
salvadoreños en el año económico de 1883, fué de 
cinco millones ochocientos mil pesos largos, figuran- 
do en primer término el café, en segundo el añil, en 
tercero los productos minerales, etc., etc. El valor de 
la importación en el mismo año, fué de dos millones 
cuatrocientos mil y pico de pesos. 

En las varias secciones de la América Central 
se desarrollan de un modo lisonjero los intereses 
agronómicos y mercantiles, facilitando ese progreso, 
no sólo la paz, el orden y la justicia, que en mayor 
ó menor grado imperan en estos países, sino también 
los muelles colocados en los puertos y las carreteras 
y ferrocarriles que por todas partes se construyen en 
nuestro territorio. 

No era posible que allá en los tiempos del colo- 
niaje español se avanzara bajo esos aspectos de un 
modo muy rápido: los principios económicos que en- 
tonces regían en el viejo mundo embarazaban el ade- 
lanto; y no sería justo culpar á España por el siste- 
ma restrictivo que aquí estableciera, si se atiende ú 
que esc sistema traía su origen de los vicios propios 
del atraso do la época. 

Y si esto era así cuando en nuestro país se sen- 
tía la influencia benéfica de la cultura europea, com- 
préndese demasiado cuál sería el estado do las cosas 
antes de la conquista efectuada por los españoles, 
cuando la raza indígena dominaba en absoluto en 



144 ESTUDIO HISTÓRICO 



estas comarcas. Sin embargo, los antiguos pueblos 
centro-americanos tenían su agricultura, industria y 
comercio; pues de otra suerte no habrían podido sub- 
sistir, ni hacer los progresos relativos que llegaron 
á alcanzar: cultivaban el algodón, el maíz y el frijol, 
lo mismo que el cacao, sirviéndose de este último 
para confeccionar una bebida reservada para la gen- 
te principal y para los militares que se distinguían 
en campana; también cultivaban con esmero el taba- 
co, y lo fumaban: Oviedo dice que en 1529 presenció 
una fiesta en Nicaragua, y que en ella vio que el ca- 
cique y los notables del pueblo hacían uso del taba- 
co para fumar. Tenían también los indios, además 
del maíz, del frijol y del cacao,, cebollas, plátanos, 
yucas, calabazas, garbanzos y patatas, fuera de otros 
artículos de alimentación, como las frutas, el pesca- 
do y las aves y animales que cazaban. 

No conocían el uso del hierro, y suplían ese va- 
cío con el cobre ligado con estaño, y con el pedernal 
fabricando con tales elementos los instrumentos ne- 
cesarios para la labranza. Asegura Bernal Díaz que, 
con las hachas y azuelas de pedernal y cobre, derri- 
baban en un instante los árboles. 

En cuanto á la industria de los antiguos pueblos 
centro-americanos, debemos decir que tejían el algo- 
dón y empleaban para los tintes la cochinilla y el 
añil, lo mismo que el caracolillo, que se encuentra 
en abundancia desde Nicoya hasta Panamá. En al- 
gunos lugares se dedicaban á la fabricación de vasos, 
jarros y otros utensilios de barro y loza. Con el oro 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 145 

y la plata, que recogían en los lavaderos, fabricaban 
alhajas, adornándolas con piedras preciosas. Tam- 
bién ejecutaban notables trabajos de plumas, espe- 
cialmente en la Yerapaz, donde se cría el hermoso 
quetzal. Utilizaban las plantas textiles para hacer 
esteras de colores varios, cestos, lazos, hamacas, etc. 
Con estos "artículos alimentaban su comercio, 
permutándolos ó vendiéndolos, y sirviéndose del ca- 
cao como moneda. Al mencionarse la expedición de 
Cortés á Honduras, hablan los antiguos cronistas de 
las ventas ó posadas de los indios, en donde paraban 
los que iban á las ferias. El tráfico se hacía, no sólo 
por los caminos de tierra, sino también por los ríos, 
lagos y esteros: las embarcaciones eran canoas con 
remo y velas. En las ciudades había mercados pú- 
blicos, y en ellos, además de los artículos menciona- 
dos, se vendían esclavos. 

El 30 de Julio de 1502 llegó el almirante don 
Cristóbal Colón á la Guanaba, primera tierra centro- 
americana descubierta por los españoles. Desembar- 
có en la isla D. Bartolomé Colón con otros de los 
expedicionarios, y vieron llegar una canoa grande, 
en la que había mujeres y niños y muchas mercade- 
rías: esa embarcación pertenecía á indios traficantes, 
y contenía hachas de cobre, cascabeles, armas de 
varias clases, vasijas de barro y mármol, sábanas y 
camisolas de algodón, cacao, maíz y además la bebi- 
da llamada chicha. 

Como queda referido, uno do los ramos de In 
agricultura á que antes de la conquista so dedicaban 

10 



146 ESTUDIO HISTÓRICO 



los indígenas, era el cacao, el que continuó des- 
pués ocupando un lugar importante; en el siglo XVI 
se ve que servía tanto para el consumo interior, 
como para enviarlo á las provincias de Nueva Espa- 
ña. El virrey de México, Sr. Yelasco, se creía auto- 
rizado para fijar el precio á que en aquel país debie- 
ra venderse el cacao procedente de Gentro- América, 
y estableció que fuese el de un real por ciento ochen- 
ta almendras. El ayuntamiento de Guatemala esti- 
mó muy bajo ese valúo, y dispuso en 1553 mandar 
un representante á México, á reclamar contra esa 
medida, por efecto de la cual se oponía obstáculos 
al comercio de estas provincias con aquellas. 

Para remediar ese mal y corregir otros abusos, 
se expidió, probablemente en aquel ano, la real cé- 
dula que prevenía que los abastos y demás comesti- 
bles se pudiesen llevar y traer, vender y comprar, 
con toda libertad, en las provincias de las Indias; 
disposición muy necesaria en todo tiempo y más en 
aquella época, en que el comercio de la América-Cen- 
tral con la metrópoli estaba reducido al que muy de 
tarde en tarde se efectuaba por medio de la flotilla 
que de España venía á los puertos del Norte de Hon- 
duras. 

Es bien sabido que el gobierno español, anima- 
do de un espíritu exclusivista, prohibió á mediados 
del siglo XYI, bajo severas penas, que en las colo- 
nias americanas se tratara y contratara con extran- 
jeros. Prohibición tan absurda, fué confirmada más 
tarde por otras leyes, mas no por eso se alcanzó el 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 147 

objeto apetecido por la metrópoli; no era posible im- 
pedir el tráfico mercantil con los países extranjeros; 
y al fin, el rey de España, cediendo al influjo de 
ideas menos mezquinas, tuvo que tolerarlo. Es que 
los gobiernos nunca son respetados y obedecidos 
cuando sus providencias se apartan de la verdad y 
la justicia: la mutua necesidad de los pueblos y el 
común beneficio de los cambios exigen siempre la li- 
bertad del comercio. 

Pero estos principios, que hoy son axiomas en el 
mundo culto, no dominaban en la legislación colo- 
nial de aquellos tiempos de atraso y de ignorancia, 
y sólo se buscaba que la metrópoli ejerciese el mo- 
nopolio de los frutos coloniales; privilegio mas apa- 
rente que real, según las palabras de un publicis- 
ta español, pues Francia, Inglaterra y Holanda re- 
portaban mayores ventajas del contrabando, que la 
España de su exclusivo tráfico. No nos atrevemos á 
justificar tan vicioso sistema, aunque merezcan dis- 
culpa los yerros de la época; pero perniítasenos ma- 
nifestar que Francia era en aquel entonces más se- 
vera en lo que concierne á prohibiciones ; de lo que 
se deduce que no sería justo atribuir á Carlos Y y 
á Felipe II, como algunos pretenden, < 1 (estableci- 
miento del sistema restrictivo. 

Algún tiempo después de la fundación do Coma- 
yagua, inició el adelantado de Ilonduras D. Fran- 
cisco de Montejo la idea de que el comercio do Es- 
paña con ol Perú, que se hacía por Nombre de Dios 
y Panamá, se efectuara por Puerto Caballos y algiin 



148 ESTUDIO HISTÓRICO 



otro puerto de nuestra costa del Sur, pensándose 
que no era tan grande la distancia entre el Atlánti- 
co y el Pacífico, por la parte de Honduras. La soli- 
citud quedó sin resultado, y más tarde volvió á pro- 
moverse. No es, pues, nueva la idea de establecer la 
comunicación interoceánica por el territorio centro 
americano: creíase en el siglo XVI, que las merca- 
derías procedentes de España con destino al Perú^ 
podían desembarcarse en Puerto Caballos, y de allí, 
pasando por Comayagua, ser transportadas por tierra 
hasta la bahía de Fonseca, de donde se conducirían 
por mar hasta el Callao. La provincia de Nicaragua, 
disgustada de semejante proyecto, que estimaba per- 
judicial á sus intereses comerciales, propuso que se 
verificase el tránsito por el río San Juan. La idea de 
D. Francisco de Montejo, gobernador de Honduras, 
volvió á agitarse á principios del siglo XVII, con 
motivo del descubrimiento del puerto de Santo To- 
más de Castilla, efectuado el 7 de Marzo de 1604, 
al que se había trasladado la gente que habitaba en 
Puerto Caballos. 

El ayuntamiento de Guatemala, lleno siempre 
de celo patriótico por el bien del país, solicitó á me- 
diados del siglo XVI, aunque sin éxito, que se vol- 
viese á abrir la barra del río Michatoya, donde se 
encontraba el puerto de Iztapam, sobre el mar Pací- 
fico, y por el cual se verificaba el tráfico mercantil 
de Guatemala con Panamá y los puertos del Sur de 
México. Esa barra había estado antes en corriente, 
permitiendo la entrada á pequeñas embarcaciones. 



DE LA AMERICA CENTRAL 149 

que remontaban ese río, al que se trataba de incor- 
porar las aguas del Guacalate. 

Los trabajos de la agricultura no podían ejecu- 
tarse cual corresponde sin los brazos necesarios: y 
como apenas se permitía emplear en ellos á los in- 
dios, pedía el ayuntamiento que se mandaran negros 
para esas tareas: la venida de esa clase de trabaja- 
dores estaba prohibida por varias reales cédulas; por 
lo que no se accedió á la solicitud hecha en 1570; y 
sin embargo, no dejaban de venir algunos individuos 
de raza africana de tiempo en tiempo. 

El fruto de más valor que entonces existía, era 
el cacao, cuyo producto había disminuido notable- 
mente; y como se le había fijado un impuesto para 
la extracción, se solicitaba que se aboliese el gra- 
vamen. 

El oidor García del Palacio visitó por el año 
1586 la provincia de los Izalcos, eji la que, según 
€l informe de aquel funcionario, se cosechaban en- 
tonces, y sólo en cuatro puntos de ella, más de cin- 
euenta mil cargas do cacao, cuyo precio se supone 
era de quinientos mil pesos en oro do minas. El mis- 
mo seüor del Palacio dice en el documento citado lo 
que sigue: «A la falda de un alto volcán (denomi- 
nado hoy d(? San Vicente) están cuatro lugares do 
indios, que llaman los Nunualcos, donde, de poco 
tiempo á esta parte, se beneficia y cría cacao abun- 
dantísimamentc, en tal cantidad quo, tanto por tan- 
to, excede á la provincia de los Izalcos. ^ 

Ya en el siglo XYII era menor la producción 



150 ESTUDIO HISTÓRICO 



del artículo; estimábasele en todo el reino de Gua- 
temala en unos trescientos mil pesos solamente ; pero 
el precio iba subiendo cada día. El de Soconuzco y 
el de la Costa Grande se han considerado siempre 
de superior calidad. 

El país fundaba grandes esperanzas en las mi- 
nas, cuya explotación se favorecía de varios modos. 
En la provincia de Honduras abundaban los mine- 
rales: el de oro, llamado del Corpus, en término mu- 
nicipal de Choluteca, era muy rico; pero la falta de 
brazos dificultaba los adelantos de esa industria. 

La escasez de moneda acunada para el pago de 
los trabajadores sugirió la idea de cortar las plan- 
chas de plata en hojas pequeñas, las que eran acep- 
tadas en las compras y ventas y recibidas por lo& 
jornaleros en pago de sus faenas. Esto pasaba en 
Honduras; mas la audiencia, buscando el remedio al 
mal, dispuso que la tesorería de Nicaragua remitiese 
á Tegúcigalpa moneda acunada, para cambiarla por 
las planchas de plata referidas. 

En Guatemala se carecía de moneda propia, y 
sólo circulaba la del Perú y IsTueva España; esto daba 
lugar á dificultades, que duraron por mucho tiempo. 
Al fin, llegó á establecerse la casa de acuñaciones, 
que empezó á funcionar en Marzo de 1733. 

Ocupándonos otra vez de los indios, nos corres- 
ponde agregar que estaba prohibido se les destinase 
á la plantación de vinas y olivares. El historiador 
D. José Milla, que trae estos y otros datos, mani- 
fiesta que esa providencia tenía un doble objeto: evi- 



DE LA A3ltRICA CENTRAL 151 

tar las vejaciones á los indígenas, ó impedir que se 
propagara el cultivo de frutos que pudiesen perjudi- 
car al consumo que aquí se hacía de los similares 
procedentes de España. A principios del siglo XVii 
se prohibió también en toda la América española la 
plantación de la morera y del árbol del lino. 

De mejor condición que Guatemala en punto á 
comercio, eran en aquel tiempo las provincias de 
Nicaragua y Costa Bica: contaban con el tráfico 
mercantil de Panamá y Portobelo, donde se efectua- 
ban animadas ferias cuando llegaban las naves de 
España. 

Para proteger el comercio y defender á los ha- 
bitantes, amenazados éstos y aquél por los corsarios 
ingleses y de otras naciones, que á menudo infesta- 
ban nuestras costas y aun penetraban al interior, se 
construyeron reductos y fortalezas en varias partes, 
como en el Golfo Dulce, en Trujillo, en Omoa, en 
la Talamanca y en el desaguadero de la laguna de 
Granada. 

Además del cacao producían estos países otros 
artículos que alimentaban el comercio, tales como la 
zarzaparrilla, el bálsamo, etc., fueni del añil, al que 
so consagra un capítulo especial en esta obra. El 
cultivo de la grana ó cochinilla, propagado en Gua- 
temala con semilla traída do México, no so introdujo 
de un modo formal, sino ya para terminar el régi- 
men de la colonia, y sus pingiles beneficios no se 
obtuvieron sino por poco tiempo y en una épooA no 
lejana de la nuestra , en el período ya del gobierno 



152 ESTUDIO HISTÓRICO 



republicano. La depreciación de tan valioso tinte 
hizo pensar en las plantaciones de café, que en es- 
tos últimos tiempos han enriquecido á varios países 
de la América Central; y si hoy ese fruto no retri- 
buye tan ampliamente á los que le consagran sus 
esfuerzos, debe creerse que siempre será un ramo 
más ó menos productivo para los hijos de Centro- 
América. Sin embargo, en el caso de que no llegue 
ya á brindarnos con los apetecibles rendimientos y 
sea necesario renunciar á su cultivo en vastas pro- 
porciones, sabremos reparar ese quebranto con el 
añil, el bálsamo, el hule, el cacao, el tabaco, la cana 
de azúcar y otros valiosos artículos cuya explotación 
merece ir ensanchándose. 

No embarazará nuestro comercio la falta de ca- 
minos y medios de transporte, pues contamos con 
vías de comunicación por todos lados, y con vapores 
y buques de vela que arriban á nuestros puertos del 
Sur y Norte y nos permiten traficar sin obstáculo 
con los demás países. 

Tan satisfactorio modo de ser contrasta sin duda 
con aquella remota época del coloniaje en que ape- 
nas comerciábamos da tarde en tarde con España, 
las Antillas, el Perú y México, y teníamos á veces 
que mandar nuestros frutos por tierra hasta Vera- 
cruz, para ser allá embarcados con destino á Cádiz, 
á costa de trabajos y sacrificios sinnúmero. 

jN"o menos notable es el progreso alcanzado en 
cuanto tiende á activar las operaciones comerciales. 
El establecimiento de los Bancos en Centro-América 



DE LA AMERICA CENTRAL 153 

ha venido á facilitar las transacciones, y á multipli- 
car los cambios. El primer Banco fué establecido en 
Costa Rica en 1859 por D. Crisanto Medina, argen- 
tino, á cuya iniciativa se debieron en Centro-Amé- 
rica varios adelantos materiales: estas instituciones 
se han aumentado en Costa Eica, en donde hoy exis- 
ten tres Bancos, el de la «Unión,» el «Anglo Costa- 
rricense» y el «IS^acional». — En Guatemala fundó 
D. J. Francisco Medina en 1877, el primer Banco 
Comercial, el «Internacional,» nombre que también 
dio al que fundó en el Salvador. En Guatemala fun- 
cionan también el Banco « Colombiano» en la capital, 
y el de «Occidente» en Quezaltenango. 




EL AÑIL, 



SUMARIO. 

Antigüedad de ese ramo de la industria agrícola, y necesidad de que no 
se le adultere. — Informe de la Audiencia sobre el tinte, y conocimiento 
que de él existia antes de la conquista española. — Tareas en que podía 
emplearse á los indígenas. — Negros esclavos. — Depredaciones de los pi- 
ratas. — Alcabala sobro el añil. — Familias que se ocupaban en esa in- 
dustria y poblaron la ciudad de San Vicente. — Los dueños de obn^es 
en 1604. — Valor de las cosechas en algunos años. — El montepío de co- 
secheros. — Sostenimiento del cultivo del jiquilite y producción del tin- 
te. — Rendimiento de éste en el Salvador en 1882. — Protección dispensa- 
da á esa industria. — Semilla mandada á Caracas. 

Podemos decir que desde tiempo inmemorial ha 
contado Centro- América con la riqueza, deducida de 
ese ramo de la industria agrícola, el que siempre 
debe figurar en nuestros cuadros comerciales , á pe- 
sar de la competencia que nos hagan los ingleses en 
la India: lo que importa es que nuestros añileros no 
adulteren el artículo con la mezcla de materias ex- 
trañas, y así obtendremos ventajas de su expendio 
en los mercados del exterior. 

En el lUtimo cuarto del siglo XVI informó la 
audiencia de Guatemala al rey de España, que loe 
españoles residentes en esta parte del nuevo unin- 
do habían aquí descubierto el añil, producto d(^ una 



156 ESTUDIO HISTÓRICO 



planta que crecía abundantemente en las tierras de 
temperatura cálida; y manifestaba con encarecimien- 
to la necesidad de explotar ese ramo, á cuyo efecto 
pedía se concediesen repartimientos de indios que 
se ocuparan en esos y otros trabajos. 

El historiador García Peláez dice que no es exac- 
to que el añil se hubiese descubierto por aquel tiem- 
po, pues hay datos de que los indios conocían desde 
antes de la conquista la propiedad tintórea de las 
hojas del jiquilite, y que hacían uso del tinte, aun- 
que preparándolo de un modo diverso del que des- 
pués emplearon los españoles. 

El rey de España, deseoso de evitar vejaciones 
á los infelices naturales, hizo una distinción en las 
tareas agronómicas, calificándolas de urgentes en 
mayor ó menor grado: en la primera categoría colo- 
caba las siembras de cereales y la crianza de los ga- 
nados, y permitía que en esas labores indispensables 
á la vida material se emplease á los indios: en la 
segunda clase, es decir, en las de menos urgencia, 
ponía el cultivo de las viñas y olivares, lo mismo 
que el del jiquilite, de que se extrae la materia tin- 
tórea llamada añil; y en estas iiltimas no se conce 
día permiso para ocuparlos, en razón del daño que 
ese trabajo les causaba, en sentir de la audiencia: el 
ayuntamiento de Guatemala hizo una representación 
contra taL providencia, afirmando ser exagerado lo 
que se decía respecto del mal que á los trabajadores 
se ocasionaba. 

Para suplir la falta de operarios en la elabora- 



DE LA AMERICA CENTRAL 157 

ción del añil, solicitó de la audiencia el ayuntamien- 
to, en el ano 1587, que se aumentase el número de 
negros esclavos traídos de fuera; pretensión que no 
fué escuchada, á pesar de que los concejales soste- 
nían con empeño la inmensa utilidad que á estas 
provincias traería la explotación de ese ramo, mucho 
más si se consideraba que los crecidos impuestos es- 
tablecidos eran un obstáculo insuperable para que 
se siguiera llevando el cacao de estas tierras á Nue- 
va España, ó sea México. 

Los antiguos cronistas refieren las hostilidades 
que á menudo efectuaban los piratas ingleses, fran- 
ceses y holandeses, en los puertos del Norte de Hon- 
duras, y dicen que en una de esas invasiones, á 
fines del siglo XYI, se llevaron de Puerto Caballos, 
hoy Puerto Cortés, una gran cantidad de añil, zar- 
zaparrilla, cueros, bálsamo, liquidámbar, cacao, vai- 
nilla y otros frutos de valor, que allí estaban en de- 
pósito, mientras llegaba la flotilla destinada á trans- 
portarlos á España. 

Adviértese que la industria agrícola iba desarro- 
llándose y alentando el comercio. 

En real cédula expedida en 1576 por Felipe II, 
se prevenía que en Guatemala se pagase la alcabala 
establecida en las leyes de Indias para los dominios 
de América. Según esas disposiciones, era forzoso 
cubrir á la real hacienda el dos por ciento sobro toda 
compra y venta, trueque ó cambio que se hiciose: de- 
bía, pues, pagarse por el añil. 

Con la producción de ese artículo está relaciona- 



158 ESTUDIO HISTÓRICO 



da la fundación de la ciudad de San Vicente de Lo- 
renzana^ que tuyo lugar en 1635: poblóse con unas 
cincuenta familias españolas, de las que en aquella 
comarca se dedicaban á la industria del añil, y á 
quienes, por orden del presidente Quiñones Osorio, 
habían obligado los alcaldes mayores de la provin- 
cia de San Salvador á que salieran de los pueblos de 
indígenas donde antes estaban establecidas, para evi- 
tar los abusos que con estos últimos cometían. 

En el año 1604 liabía en la ciudad de Guate- 
mala diez y ocho dueños de obrajes de añil, cuyas 
plantaciones existían en Guazacapán, en la costa de 
Escuintla y en Jalpatagua; habíalos también en cre- 
cido número en los distritos de San Miguel, San Vi- 
cente y Sonsonate. 

Hablando de esta industria el mariscal señor 
Mayorga, en consulta de 31 de Octubre de 1773, 
dice que el valor de las cosechas era por lo bajo de 
dos millones de pesos. En el año 1794, la exporta- 
ción fué de seiscientos cuarenta y un mil pesos; de 
un millón y trescientos sesenta y nueve mil en 1796; 
y ya en el año 1802 ascendió á un millón y nove- 
cientos veintiún mil pesos, según el informe de la 
contaduría del consulado de comercio. 

El montepío de cosecheros de añil, que tenía por 
objeto fomentar la producción del artículo, se había 
creado en 1782, con cien mil pesos, suplidos de la 
renta de tabacos. El regente Cerdán, en dictamen 
que formuló al comenzar el presente siglo, estima 
inútil y aun perjudicial el montepío, en razón de 



DE LA AMÉRICA CENTRAL J 50 

que no poseía fondos bastantes, y quedaban los cose- 
cheros en la necesidad de acudir á los individuos del 
comercio, quienes les negaban las habilitaciones por 
causa de la prelación en el crédito de que disfrutaba 
el montepío mencionado; hasta que, eludidos los re- 
glamentos, tomaron los comerciantes las deudas de 
los cosecheros y recobraron el cargo de las habilita- 
ciones. Sujetos ricos, como los lingo. Calera, Yiteri, 
Loucel y otros muchos, gozaban de los fondos del 
montepío; no se encontraban un solo poquitero: de 
suerte que el fomento era para el hacendado acauda- 
lado y el comerciante habilitador. 

Como se ve, era considerable la producción del 
añil en aquellos tiempos. Desde entonces ha seguido 
sosteniéndose más ó menos en Guatemala, Honduras, 
Mcaragua y el Salvador: en este último país es don- 
de mayor ensanche ha mantenido: en el año fiscal 
de 1882, la cantidad cosechada de ese fruto en te- 
rritorio salvadoreño, fué de pesos 1.295.550. 

Las leyes del Salvador favorecen á los añileros, 
eximiendo del servicio militar á los operarios que 
se ocupan en ciertas labores del beneficio del jiqui- 
lite. También en Guatemala se han dictado algunas 
procedencias para impulsar el desarrollo de eso ramo, 
que tanto contribuye á la prosperidad pública. 

De Centro- América so llevó la semilla á Caracas 
en 1777: el cultivo adquirió en breve tal ensanche 
en Venezuela, que en 1792 se exportó un millón 
de libras; pero desde 1810 empozó á decaer la pro- 
ducción, por causa de los fraudes cometidos por al 



160 



ESTUDIO HISTÓRICO 



gimos comerciantes y agricultores que adulteraban 
el artículo; fraudes de que debe huirse en el Salva- 
dor y demás secciones centro -americanas, para que 
el ramo mantenga su crédito en los mercados extran- 
jeros. 




LEGISLACIÓN Y TRIBUNALES. 



SUMARIO. 

Sistema de legislación de los antiguos aborígenes.^— Derecho público. — De- 
recho internacional. — Leyes penales del Quiche, Verapaz, Cuscatlán y 
Nicaragua. — Severídad de algunas de esas leyes. ^ — Prácticas de los in- 
dígenas, aprobadas por Felipe II. — El Fuero Juzgo y demás cuerpos de 
derecho del tiempo del coloninje. — La Audiencia de los confines; sus 
deberes; lugares en que estuvo funcionando. — Aplicación de la pena 
del fuego y de otras varias. — El tormento. — Defectuosa organización 
de la Audienftia. — La jurisdicción en primera instancia. — Los cabildos 
de indios. ^Escasa actividad de los tribunales en la época de la colo- 
nia. — Reflexiones. — Reformas introducidas en la nueva era que comen- 
zó en 1821. — Corte suprema de justicia de la República federal de Cen- 
tro-América. — Primer tribunal supremo del Salvador. — Primeros decre- 
tos sobre el sistema de jurados en el Salvador, Nicaragua y Gnatomala. 
— Nuevos códigop on los cinco Estados y, leyes especiales. — Beil^xiones. 

Si llevamos nuestras investigaciones hasta los 
pueblos más antiguos que ocupaban esto territorio, 
advertimos que, no obstante la rudeza de sus cos- 
tumbres y la falta de conocimiento exacto de los 
principios de justicia, tenían sus lej-es y sus autori- 
dades encargadas de .ejecutarlas, aun cuando el cri- 
terio que en la legislación prevaleciese fuera un re- 
flejo del estado de cultum relativa en que aquella 
sociedad se bailara en aquel entonces. 

Vicioso y deficiente era, pues, el sistema de le- 



162 ESTUDIO HISTÓRICO 



gislación de los aborígenes de la América Central; j 
si su derecho público presentaba algunos signos de 
adelanto en la organización del gobierno, no sucedía 
igual cosa con el internacional que practicaban: las 
diversas tribus que poblaban el país se hacían fre- 
cuentemente la guerra, sin causa justa, sin declara- 
toria previa y sin otro móvil que la ambición inmo- 
derada de ensanchar sus dominios: algunos de los 
rasgos de inhumanidad que allá en siglos pasados 
ofrecía el derecho de gentes en Europa, como lo ex- 
plica un notable publicista guatemalteco, se encon- 
traban también en el de estos países: destruíanse las 
ciudades tomadas por los vencedores, talábanse los 
campos y reducíase á la esclavitud á los prisioneros 
cuando no se les sacrificaba á los ídolos. 

En el Quiche se administraba justicia por tribu- 
nales compuestos de individuos elegidos de la alta 
clase social, y no se les podía separar del cargo mien- 
tras lo desempeñaran con la exactitud necesaria. 
Esos jueces conocían de todos los asuntos, menos de 
los que, por su particular importancia, estaban reser- 
vados al monarca. 

Prodigábase en gran manera la pena capital, in- 
curriendo en ella el homicida, el adúltero, el ladrón 
consuetudinario, el extranjero que cazaba ó pescaba 
en los bosques ó ríos de la provincia; el que descu- 
bría los secretos de la guerra, ó se pasaba al enemi- 
go, ó difamaba al rey; el incendiario, etc. 

El modo de ejecutar la pena consistía muchas 
veces en despenar de grandes alturas á los reos. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 163 

Entre los quichés se empleaba el tormento como 
medio de prueba. 

Las leyes penales de la Yerapaz eran casi las 
mismas del Quiche. El soltero que abusaba de una 
mujer doncella estaba obligado á tomarla por esposa; 
y el que cometía adulterio con la mujer de algún se- 
ñor, sufría desde l^ego el último suplicio, ó se le 
reservaba para ser sacrificado á los ídolos en días de 
festividades. 

En Cuscatlán se castigaba con la pena capital el 
menosprecio de los ritos y ceremonias religiosas, lo 
mismo que el ayuntamiento carnal entre parientes. 

En Nicaragua no había pena señalada para los 
homicidas; y si el muerto era un hombre libre, se 
compelía al matador á resarcir el daño de algún 
modo. 

No debe parecer chocante el lujo de severidad 
que se nota en el castigo de ciertos delitos, si se 
atiende á que la legislación de la Edad Media en 
Europa no se distinguía tampoco por un espíritu be- 
nigno y humanitario, aun cuando en esta última 
resplandezcan en alto grado, como tiene que ser, los 
eternos principios de justicia. 

Tal era el sistema penal de estos países antes de 
la conquista española; y sin embargo, muchas de 
esas prácticas continuaron después en vigor cutre los 
indios de la Verapaz y de otras provincias, aproba- 
das expresamente por Felipe ET, en cédula expedida 
en Yalladolid á 6 de Agosto de 1655. 

Efectuada la transformación deducida de la con- 



164 ESTUDIO HISTÓRICO 



quista de estas comarcas por los españoles, el gobier- 
no de la metrópoli hizo extensivos á las nuevas co- 
lonias los códigos vigentes en la Península. 

El Fuero Juzgo, el más perfecto y acabado que 
se conoce de aquella época en que empezaban á des- 
arrollarse ideas nuevas y diferentes de las que el 
pueblo romano había propagado; el Fuero Juzgo, en 
Cuyos doce libros se descubren los esfuerzos de un 
legislador ilustrado que lucha contra la violencia y 
la irreflexión de las costumbres bárbaras, estuv^o vi- 
gente, en la parte que le correspondía, en la Amo- 
rica Central, no sólo en el largo período del colo- 
niaje, sino por muchos años más, sin desaparecer 
hasta que no se formaron los nuevos cuerpos de de- 
recho. 

Al lado del Fuero Juzgo estuvo también en vi- 
gor en estos países, como tenía que ser, y según el 
orden de prelación establecido, el famoso código de 
las Siete Partidas, dictado para España en el si- 
glo XIII, y en el que se adoptaron los principios de 
las leyes romanas, con preferencia á las godas. 

í lío puede hablarse de esos cuerpos de derecho 
sin mencionar la muy importante Eécopilación do 
Indias, que aquí rigió en aquellos tiempos, lo mis- 
mo que la ííueva y la Novísima Eécopilación, y tan- 
tas reales cédulas y órdenes, que se aplicaban para 
decidir los pleitos y causas en lo civil y en lo cri- 
minal. 

A mediados del siglo XYI se dispuso en Espa- 
ña el establecimiento de una Audiencia para estos 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 165 

países, compuesta al principio de cuatro oidores le- 
trados: denominósele de «los Confines,» y debía co- 
nocer en vista y revista de todas las causas crimina- 
les pendientes y de las que se promovieran en lo su- 
cesivo, sin concederse apelación de las sentencias 
que pronunciara: idénticas facultades se le otorgaban 
en los negocios civiles, y sólo se dejaba el recurso 
ante el Consejo de Indias en los casos en que el 
asunto versase sobre cantidad de diez mil pesos de 
oro arriba. 

Debía residir la Audiencia en un punto fronte- 
rizo de las provincias de Guatemala, Honduras y 
Nicaragua; y por esa razón se le dio el nombre de 
«los Confines». 

Para organizaría expidió el Emperador en Va- 
lladolid, en Setiembre de 1543, una cédula, desig- 
nando los tres oidores que, bajo la presidencia del 
licenciado Maldonado, habían de formar el tribunal: 
éste debía establecerse en la villa de la Concepción 
de Comayagua. 

Inmensa era la parte cío territorio señalado á su 
jurisdicción, pues comprendía en su origen las pro- 
vincias de Yucatán, Tabasco, Cozumel, Cbiapas, So- 
conuzco, Guatemala (con San Salvador), Honduras, 
Nicaragua (con Costa-Rica), Veragua y ol Darién. 

Tratábase, al favor del establecimiento de ese 
tribunal, de que prevaleciesen las leyes y cesara la 
arbitrariedad de los gobernadores y oficiales reales. 

El presidente Maldonado, al llegar los oidores á 
Comayagua á principios del año 1544, los invitó á 



166 ESTUDIO HISTÓRICO 



establecer el tribunal en Gracias. Obsequiada la in- 
vitación por los letrados, instalóse solemnemente la 
Audiencia el 16 de Mayo en este último punto, en- 
contrándose allí, además del mismo Maldonado, el 
obispo de Guatemala Sr. Marroquín y el adelantado 
de Honduras don Francisco de Montejo. 

Cúpole, pues, á la ciudad de Gracias la honra 
de ser la primera capital de las provincias españolas 
comprendidas desde Yucatán hasta el Darién. Mas 
como la ciudad de Guatemala fuese la más impor- 
tante de todo el reino, solicitó de la Corte el licen- 
ciado Alonso López Cerrato, al hacerse cargo más 
tarde de la presidencia, que á ella se trasladara el 
tribunal: obtúvose la autorización necesaria, estable- 
ciéndose allá la Audiencia en 1549. 

Algunos anos después se publicó en Guatemala 
una real cédula, en la que se disponía la traslación 
de ese alto tribunal á Panamá, adonde debía condu- 
cir el sello real el doctor Barros, único oidor que se 
consideraba en ejercicio de sus funciones, por cuan- 
to los demás habían sido depuestos de sus cargos á 
consecuencia de faltas mas ó menos graves por ellos 
cometidas. Natural es que en general se haya acogi- 
do con disgusto semejante providencia, pues con 
ella se privaba á estos países del medio de obtener 
pronta justicia. 

A la Audiencia de Panamá quedaban sujetas 
las provincias de Honduras y Nicaragua (con Costa- 
Eica); y á la de México, las de Guatemala (con el 
Salvador), Chiapas, Soconuzco y Verapaz. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 16' 



No corrió muclio tiempo sin que comenzaran á 
sentirse los inconvenientes deducidos de disposición 
tan absurda: los interesados en las apelaciones te- 
nían que acudir á tribunales situados á tantas j tan- 
tas leguas de distancia. 

El virtuoso padre Las Casas, que tanto interés 
tomaba por estas colonias, y que á la sazón residía en 
Toledo, queriendo poner remedio al mal que se la- 
mentaba, pasó á Madrid á gestionar para que vol- 
yiese la Audiencia á Guatemala, deseoso de llenar 
á la vez el encargo que sobre ese asunto le hicieran 
los frailes dominicos de estos países. Gestiones tan 
valiosas, unidas al empeño del procurador que en la 
Corte acreditara el ayuntamiento de la dicha ciudad 
de Guatemala, tuvieron la virtud suficiente para con- 
seguir el objeto propuesto: en 1568 se dispuso el re- 
greso del tribunal supremo á la población citada, y 
se nombró el presidente, los oidores y ñscal que de- 
bieran componerlo. 

Reñérense casos en que la Audiencia mandó apli- 
car la pena del fuego, la de arrancar los dientes y 
otras de las más severas del código de las Partidas; 
pero esas sentencias eran raras, por ser raros tam- 
bién los delitos que á ellas prestasen mérito: fallos 
hubo de esa índole que quedaron sin ejecución, por 
oponerse las costumbres suaves de esta sociedad na- 
ciente; y alguna vez fué causa do motines la tentati- 
va de entregar á las llanuis á los reos. Por desgra- 
cia, era muy común la pena de azotes, aunque nunca 
tenía lugar entro personas de la alta clase social. 



168 ESTUDIO HISTÓRICO 



Durante el siglo XVII, y en niia buena parte 
del XVIII, se observaba la práctica horrible de arras- 
trar por las calles á los reos al llevarlos al suplicio, 
el que consistía en muerte de horca: en la ciudad de 
San Miguel se ejecutó en esa forma una sentencia en 
11 de Junio de 1722; pero en la segunda mitad del 
siglo XVIII, los reos condenados á la pena capital 
eran conducidos al lugar del suplicio en bestia de 
enjalma. 

En 1749, un indio de Petapa, monedero falso, 
es condenado á pena de muerte y fuego en la forma 
ordinaria; y el 9 de Junio de 1761, á cinco años de 
presidio en el Peten un ocultador de bienes concur- 
sados. 

Castigábase en aquel entonces el abigeato con 
azotes y presidio. Dos hurtos de vasos sagrados fue- 
ron castigados con el liltimo suplicio. A un pardo li- 
bre que de noche acometió alevosamente en una es- 
quina, con piedras, al oidor Díaz, se impuso pena 
de vergüenza pública, sacándosele por las calles con 
las piedras colgadas al cuello. Un falseador de llaves, 
natural de Galicia, fué condenado á doscientos azo- 
tes y diez años de presidio, en sentencia de 15 de 
Julio de 1763. 

Hablando del tormento el historiador Sr. García 
Peláez, dice que estaba en uso para la averiguación 
de los delitos, y que en cierta ocasión se le empleó 
en un cacique de Pinula, no obstante el privilegio 
de hidalguía de que ese sujeto disfrutaba; de donde 
se deduce que estaban exentos de tan terrible prue- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 169 

ba los individuos reconocidos como hidalgos. El tor- 
mento se daba, no sólo á los hombres, sino también 
á las mujeres. 

Conformándonos con el exacto juicio del ilustra- 
do historiador nicaragüense Sr. Ayón, corresponde 
agregar que era bien defectuosa la manera en que 
estaba organizado en aquella época el supremo tri- 
bunal: en él se concentraban los asuntos judiciales, 
económicos, políticos, gubernativos y otros; y esa con- 
centración perjudicaba al pronto despacho: los magis- 
trados de la Audiencia eran también alcaldes del cri- 
men, y servían otros cargos y judicaturas especiales. 

La jurisdicción civil y criminal en primera ins- 
tancia, estaba, por lo demás, á cargo de los alcaldes 
ordinarios de los ayuntamientos en las varias pro- 
vincias, y de los corregidores y jueces de letras que 
fueron estableciéndose. 

Cuando se desposeyó de su antigua autoridad á 
los caciques de los pueblos de indígenas, el presiden- 
te Cerrato devolvió á esos pueblos el grado de auto- 
nomía compatible con la situación en que los colo- 
cara la conquista, y se establecieron en ellos los ca- 
bildos- compuestos de los mismos indios, estando 
únicamente éstos sometidos, en materia de faltas, á 
la jurisdicción de los alcaldes de su propia raza, y no 
los blancos y mestizos que entre ellos por Qcaso so 
encontraran; pues estaba prohibido que en las pobla- 
ciones de los naturales se estableciesen individuos 
de raza distinta, si bien semejante prohibición no 
fué siempre respetada ú obedecida. ' - • 



170 ESTUDIO HISTÓRICO 



Por lo demás, debemos hacer notar que no esta- 
ban muy recargados de trabajo los tribunales en 
aquella época, ni en lo civil ni. en lo criminal: los 
negocios y transacciones mercantiles guardaban pro- 
porción con el modo de ser del país en general: la 
agricultura y demás industrias producían aún esca- 
sos rendimientos, por ser reducido el número de em- 
presarios: la cifra de las casas de comercio era insig- 
nificante; y es bien sabido que la muchedumbre y 
variedad de las relaciones sociales engendran com- 
plicaciones que exigen á menudo el concurso de la 
autoridad judicial. Por otra parte, la sencillez de cos- 
tumbres en aquel entonces, la menor densidad de po- 
blación y los hábitos de obediencia á la ley y respe- 
to al magistrado, eran causas bastantes para que las 
cárceles estuviesen casi desiertas: la estadística cri- 
minal es hoy menos satisfactoria que antes, debido 
sin duda á las continuas revueltas y trastornos que 
han agitado á Centro-América y que han descargado 
rudos golpes sobre la moral en las clases menos cul- 
tas y más propensas al abuso. La paz, con su acción 
saludable, y la escuela, con su beneficiosa enseñanza, 
irán trayendo el remedio á los males que se deplo- 
ran; así disminuirán los delitos de sangre y en ge- 
neral las transgresiones de la ley. 

Iso puede decirse con exactitud que el bienestar 
material que vamos alcanzando se desarrolle á ex- 
pensas de la moralidad pública: no es cierto que los 
hombres se corrompan en lo moral á medida que 
mejoran materialmente de condición. Es imposible 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 171 



que nosotros seamos peores que nuestros padres: la 
razón y los hechos concuerdan para refutar tales 
aserciones; pero todo nos impone el deber de esfor- 
zamos para que nuestros hijos sean mejores que nos- 
otros. 

Declarada la Independencia en Setiembre de 
1821, se abrió ancha puerta al cambio de las cosas; 
no sólo en lo político y administrativo, sino en el 
ramo judicial. Aumentóse poco á poco el número de 
jueces de primera instancia, aunque para el servicio 
de tales cargos no siempre fuese indispensable en los 
individuos la condición de abogado recibido. 

Las disensiones desde el principio ocurridas no 
permitieron que las reformas se efectuasen en lo ju- 
dicial con la celeridad reclamada por el patriotismo. 

En el acta de Independencia de 1821 se dispu- 
so que el Congreso constituyente se reuniese en pri- 
mero de Marzo de 1822, y que, mientras tanto, no 
se hiciera alteración alguna en punto á leyes y tri- 
bunales. Mas como la reunión de ese alto cuerpo no 
se verificó sino en 24 de Junio de 1823, no debe ex- 
trañarse que la suprema Corte de justicia de la Re- 
pública de Centro- América, que ocupó el lugar do la 
antigua real audiencia, no se instalase hasta el 29 
de Abril de 1825; aunque desde el 2 de Agosto de 
1824 existía ya la priuiera Corte do justicia del Esta- 
do del Salvador. 

Por lo demás, ha venido encarnándose en Cen- 
tro-América la verdad de que \a mala administración 
de la justicia es una de las causas más activas del 



172 ESTUDIO HISTÓRICO 



retroceso de los pueblos: no sin fundamento han sos- 
tenido los espíritus serios y perspicaces que la jus- 
ticia es el alma de la sociedad, y que sólo ella puede 
asegurarle una existencia robusta y libre de inquie- 
tudes. Procedióse, pues, á dar los pasos necesarios 
para formar nuevos cuerpos de derecho, y que cesa- 
ra la anarquía legal en que vivíamos. 

Prescindiremos de los decretos legislativos que 
sobre el establecimiento del sistema de jurados para 
la administración de justicia se dieron en el Salva- 
dor, Nicaragua y Guatemala en Agosto de 1832 en 
el primero de esos Estados, y en Mayo y Agosto de 
1835, respectivamente, en los dos últimos (1); y co- 
menzaremos desde luego diciendo que el Salvador 
fué la primera sección centro-americana que tuvo un 
código propio, redactado en el país: nos referimos al 
penal, que decretó la legislatura en 13 de Abril de 
1826 y en el que tuvieron desgraciadamente cabida 
las penas de vergüenza pública, trabajos perpetuos 
y destierro también perpetuo, lo mismo que la decla- 
ración de infamia, que hoy tanto nos chocan, como 
contrarias á las ideas que en materia de justicia han 
penetrado en la conciencia pública. Por muchos anos 
estuvo en vigor ese cuerpo de derecho, sin darse 
nuevos pasos para elaborar otros; pero desde 1854, 
en que el sabio doctor Menéndez formara en muy 
breve término la Eecopilación de leyes patrias, se 



(1) Desde l.<* de Enero de 1831 hasta 13 de Marzo de 1838 estuvieron en 
vigor en el Estado de Guatemala los códigos llamados de Livingston, por 
cuyo medio se ensayó el sistema de jurados. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 173 

ha venido avanzando hasta adquirir todas las mejo- 
ras de que bajo este punto de vista disfrutan hoy los 
salvadoreños. En 1857 se redactó el código de pro- 
cedimientos civiles, el de criminales, y el denomina - 
«de fórmulas». De 1859 á 1861 se elaboraron el 
civü, el penal y uno nuevo de procedimientos en am- 
bas materias: el de comercio se trabajó un poco an- 
tes. En 18:73 se introdujo el juicio por jurados para 
delitos graves y de imprenta; ley que, después de 
sufrir varias reformas, se hizo extensiva en 1880 á 
toda especie de delitos, menos á los que no admiten 
procedimiento de oficio. En 1875 fueron promulga- 
dos el código militar, el de minería y el administra- 
tivo. Mas no por eso se ha dado tregua á las tareas 
que con la materia se rozan; por el C/Outrario, so ha 
seguido trabajando en los códigos, para purgarlos 
de los defectos en ellos contenidos y ponerlos á lu 
altura que reclaman los demás adelantos del país, en 
consonancia con. el espíritu de progreso que agita á 
los salvadoreños. Una nueva edición del de procedi- 
mientos civiles se publicó en 1879, y en 1880 y 
1881 fueron emitidos nuevos códigos civil, penal, 
de procedimientos, de instrucción criminal, merc;mtii 
y militar. En lo que toca á leyes especiales, como 
la hipotecaria, de policía, gobierno departamental, 
ordenanzas del ejército, etc., etc., hay tantas cuantas 
se necesitan. i i i ^]. 

Al pasar (\ ocu^nmius de Nican\gua, conviiiu' 
desdo luego manifestar que ya en 1837 so contaba 
en aquel país con un código penal, el cual quedó de- 



174 ESTUDIO HISTÓRICO 



rogado por el que rige en la actualidad y se mandó 
observar, junto con el de instrucción criminal, en 
Marzo de 1879. El civil nicaragüense que hoy rige, 
es el publicado en 1871, siendo el que sancionó la 
legislatura desde Marzo de 1866, pero con algunas 
enmiendas que posteriormente le fueron hechas. El 
de comercio se dio en 1869, y el de hacienda en 
1871: los hay además de minería y militar, así como 
también otras leyes especiales necesarias, fuera de 
la Recopilación de leyes patrias, hecha en el mismo 
ano 1871. 

Toca ahora el turno á Costa-Rica. Este Estado 
entró en 1841 en el goce de un código llamado «ge- 
neral» y que contenía el derecho común, encerrán- 
dose en él, no sólo el código civil y el penal, sino 
también el de procedimientos. Reformas oportunas y 
en no escaso número se les han venido introducien- 
do con el lapso del tiempo; y el penal ha sido reem- 
plazado con el que se emitiera en Abril de 1880, y 
en el que ya no tiene lugar la pena de muerte, ni la 
de presidio perpetuo. El código de comercio se pro- 
mulgó desde Julio de 1853; es el mismo de España, 
con algunas modificaciones. El militar no lleva tan 
larga vida; se emitió en Octubre de 1871 y se refor- 
mó en 1884, ano en que fué promulgado el código 
fiscal. En cuanto á leyes especiales, existe la orde- 
nanza de minería, el reglamento de milicias y el de 
hacienda, la ley orgánica de tribunales, la de con- 
cursos y la hipotecaria. Para mejor inteligencia del 
código civil y del penal, se han escrito libros ade- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 175 

cuados, debidos respectivamente al talento de los ju- 
risconsultos Jiménez y Orozco. 

Lo mismo que los otros Estados de Centro-Amé- 
rica, Guatemala posee un sistema completo de legis- 
lación. En su historia hace época el año 1877: en él 
se dieron los códigos civil, penal, mercantil y los de 
procedimientos; y después se ha hecho la adquisi- 
ción valiosa del militar y del fiscal; esto sin tomar 
en cuenta las muchas otras leyes que existen, indis- 
pensables cada cual en su línea, como la de ayunta- 
mientos, la del gobierno departamental, instrucción 
pública en sus varios grados, etc., etc. Para el estu- 
dio del derecho civil se cuenta con las Instituciones 
escritas por el doctor D. Fernando Cruz; y para el 
del administrativo, con la obra elaborada por el li- 
cenciado D. Antonio González Saravia. Desde 1868, 
estaba hecha en Guatemala la Hecopilación de leyes 
patrias: la Cámara de Eepresentantes , al disponer 
que se publicara, acordó que la edición no se consi- 
derase con autoridad legal; pero siempre fué un tra- 
bajo útil, por cuanto presentaba reunidos en cierto 
orden los decretos legislativos y los gubernativos de 
observancia general. En 1869 se confirió al doctor 
D. Mariano Ospina el encargo de redactar im pro- 
yecto de código penal; trabajo con quo ese juriscon- 
sulto dio cuenta al gobierno á fines de 1870, y que, 
pasado después á la Cámara de Representantes, que- 
dó sin sanción ni estudio. A principios do 1871 se 
había también comisionado al jurisconsulto D. Ig- 
nacio Gómez para la redacción de un proyecto de 



176 ESTUDIO HISTÓRICO 



código mercantil; y esa obra, terminada á mediados 
de 1872, la tuvo á la vista la nueva comisión codi- 
ficadora en 1876, aprovechándola debidamente, se- 
gún lo expresa el informe que precede al código mer- 
cantil que hoy está en vigor, y al que, lo mismo que 
al civil y penal, se han introducido no pocas refor- 
mas y enmiendas, sugeridas por la práctica á los abo- 
gados y jueces. 

En la historia particular de Honduras es digno 
de recuerdo grato el ano 1880, en el que fueron emi- 
tidos y promulgados los códigos civil, penal y de 
procedimientos, el de comercio y el de minería; en 
este último prevalece un espíritu verdaderamente 
elevado y generoso en beneficio de los que se consa- 
gren á la explotación de los minerales, que tanto 
abundan en territorio hondureno; así se favorece el- 
desarrollo de tan importante ramo de la riqueza pú- 
blica en el país. Incompleto sería el bosquejo que 
ejecutamos, si no añadiéramos que también en Hon- 
duras existen las leyes especiales requeridas en los 
varios ramos. 

Centro-América se encuentra libre de la anar- 
quía legal en que antes se hallara: no existen ya 
disposiciones incongruentes embarazando la justicia 
civil; tampoco existe el arbitrio del juez en la deci- 
sión de las causas criminales. La idea liberal gana 
terreno, en mayor ó menor grado, en la organización 
política; y á su sombra se mejoran los cuerpos de 
derecho, y se hacen más fecundas y protectoras las 
instituciones judiciales. Al lado de las libertades pú- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 177 



blicas ocupa su puesto el poder judicial, indepen- 
diente, distinto del que legisla y del que administra. 
El espíritu moderno y la acción del tiempo, siempre 
saludable, se encargarán de seguir inoculando el pro- 
greso en las leyes y en la distribución de la justicia, 
para que aquéllas y ésta sean la consagración más 
amplia del derecho. 




18 



INSTRUCCIÓN PÚBLICA. 



SUMARIO. 

Situación actual. — Fundación de la primera universidad en Centro-Amé- 
rica. — Otras universidades. — Primera imprenta centro -americana. — 
Institutos. — Mirada retrospectiva á las leyes del Salvador sobre e«t« 
ramo. — Beflexioues sobre la abogacía y la falta de equilibrio en las ca- 
rreras. — Escuelas de artes y oficios. 

Si el espíritu del progreso va penetrando en la 
América Central, burlándose de los obstáculos que 
pudieran entorpecer sus conquistas, sería injusto des- 
conocer la acción que ejerce en el desarrollo de las 
letras y las ciencias. 

Establécese la escuela obligatoria en la mayor 
parte de los códigos políticos centro-americanos como 
base necesaria do toda sociedad culta; pues sin las 
elementales nociones del saber, el hombre no podría 
ser ciudadano, ni dar buenos frutos á la patria. Los 
niños y las niñas aprenden la moral en el hogar do- 
méstico; pero la siguen aprendiendo de un modo má8 
fundamental en la escuela, la que debe ser un orga- 
nismo de buenas costumbres; y si sólo ese beneficio 
se reportara de las casas de educación popular, ya 
sería mucho conseguir, aun cuando no se alcanzaran 



180 ESTUDIO HISTÓRICO 



otros. Compréndese sin duda nuestra idea, si se 
atiende al elevado precio que á la moralidad atribuí- 
mos; y confiamos en que nadie pensará que haya de 
renunciarse á los múltiples bienes que engendran las 
escuelas. 

El número de éstas en las varias secciones cen- 
tro-americanas es considerable, y tiende á aumentar 
de día en día. Yerdad es que no en todos los maes- 
tros de ambos sexos se encuentra en su plenitud la 
idoneidad apetecible; pero hay escuelas normales en 
el Salvador, en Guatemala, en Costa-Eica y en los 
otros Estados, y de ellas van saliendo poco á poco 
pedagogos capaces de llenar bien sus complexas la- 
bores. 

El programa de la segunda enseñanza, reducido 
á la lógica, la ética y otros pocos ramos en no leja- 
nos tiempos, se ha ampliado hasta abarcar el estu- 
dio de materias muy útiles, que instruyen á los jó- 
venes y les abren las puertas de la vida, por decir- 
lo así. 

También la instrucción de las niñas y señoritas 
ha recibido ensanche y se extiende por todas las cla- 
ses sociales. Pasó ya la época en que las madres, con 
no muy acertado criterio, se oponían á que sus hijas 
aprendiesen á escribir, por temor de que sostuvieran 
correspondencia epistolar con sus pretendientes y 
novios. 

Además se ha ensanchado el plan de estudios 
de los planteles de educación popular, que antes es- 
taba limitado á tres ó cuatro materias. Por otra par- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 181 

te, ya se comienza á retribuir mejor á los instituto- 
res é institutrices, apreciándose con más recto crite- 
rio el augusto sacerdocio que ejercen. El maestro de 
escuela es hoy considei*ado como una persona muy 
útil y digna de respeto. 

En cuanto á las carreras ó estudios profesionales, 
hay que decir que van organizándose mejor cada día. 
Atención particular ha merecido la form ación de in- 
genieros en sus varios ramos, de que tanta necesidad 
tienen nuestros países. El que se dedica á la juris- 
prudencia ha de versarse, no sólo en el derecho cía'ÍI 
y penal, sino en la economía política, en el derecho 
administrativo, etc. etc. 

Volvamos la vista á la época del coloniaje en 
punto á instrucción pública, la que en aquel enton- 
ces guardaba proporción con el estado incipiente del 
país y con las ideas poco liberales que dominaban, 
no sólo en las colonias hispano-americanas, sino en 
Europa en general. 

La ley 2.^, tít. 22, libro l.^'de la Kecopilación 
de Indias, consignaba el permiso concedido para es» 
tablecer estudios y universidades on varias ciudades 
de este continente, siendo una de ellas la do Guate- 
mala, y pudiendo ganarse cursos y obten«rse grados. 

Con este motivo entró en posesión de tales pri- 
vilegios, desde el siglo XVII, en Guatemala, el co- 
legio de Santo Tomás. Poro el ayuntamiento de la 
ciudad dicha, animado de celo por los intereses pú- 
blicos, promovía hi fundación de una universidad, 
apoyando así los deseos de los vecinos patriotas: en 



182 ESTUDIO HISTÓRICO 



1652 y 1659 dirigía en ese sentido sus solicitudes 
á la corte el ayuntamiento, exponiendo en ellas que 
el correo mayor D. Pedro Crespo Juárez había le- 
gado para tal objeto la suma de veinte mil pesos. 

Diez y siete años más tarde se estableció la uni- 
versidad en la capital de las provincias que compo- 
nían el reino de Guatemala. 

Para el servicio de las cátedras se fijaron edic- 
tos en la corte: individuos muy doctos de Salaman- 
ca sostuvieron los actos de oposición para disputár- 
selas; y se adjudicó la de cánones al doctor D. Bar- 
tolomé de Amézquita, la de leyes al doctor D. Pedro 
de Ozaeta y la de medicina al doctor D. Miguel Fer- 
nández; una de las de teología se proveyó en el 
doctor D. José Baños, y á éste mismo fué conferido 
el cargo de rector. Los sueldos eran bastante cortos. 
El 5 de Enero de 1681 se dio principio á los estu- 
dios con unos setenta y tantos cursantes, y con ca- 
tedráticos interinos, mientras venían de España los 
antes mencionados; á dos de ellos, es decir, á los de 
Instituta y cánpnes, se había ofrecido plazas de oido- 
res para después de haber desempeñado por cinco 
años sus respectivas clases. Había también cátedras 
de filosofía y de lenguas indígenas. 

Al oidor D. Francisco de Sarasa y Arce se comi- 
sionó para redactar los estatutos universitarios; con- 
cluidos éstos en el mismo año 1681, se remitieron 
al consejo para su aprobación. 

Esas constituciones rigieron, puede decirse así, 
hasta 1871 ó 1872, en que quedaron derogadas, si 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 183 

bien desde antes habían venido sufriendo reformas 
y enmiendas; pero llama la atención que después de 
la emancipación política del país hubieran continua- 
do en vigor, cuando los adelantos introducidos por 
el espíritu moderno reclamaban ya su abolición com- 
pleta con anterioridad. 

Si se atiende á las ideas dominantes en los dos 
últimos siglos, el establecimiento de la universidad, 
por defectuoso que se considere el plan de estudios 
adoptado y el sistema de enseñanza que se emplea- 
ba, con el insoportable método de constante disputa, 
que todos censuran y tachan de estéril; el estableci- 
miento de aquel instituto, decimos, señaló un progre- 
so y fomentó el saber, aun cuando éste se limitara 
en los primeros tiempos á un número de personas re- 
lativamente corto. Hombres doctos y, puede decirse, 
sabios en varios ramos de las ciencias, se formaron 
en ese centro de luces. 

La universidad estuvo en suspenso, si nos es lí- 
cito hablar así, por algunos años, cuando en la épo- 
ca de la Federación fué Jefe del Estado el doctor 
Gálvez, quien reemplazó ese instituto con la llama- 
da «Academia,» sujeta a un plan más liberal y que 
produjo hombres de letras verdaderamente distin- 
guidos. 

Ketrocedamos al coloniaje, para decir que en 
1812 se fundó la universidad de T^oón do Nicaragua, 
la que poco á poco fué granjeándose positivo crédito 
por la erudición de sus catedráticos y por el caudal 
de conocimientos que allí atesoraban los cursantes 



184 ESTUDIO HISTÓRICO 



aplicados. Sea cual fuere el precio que hoy se atri- 
buya á la lengua latina, es lo cierto que en ella, lo 
mismo que en la teología y demás ramos, se ins- 
truían profundamente los que frecuentaban las aulas 
de la universidad leonesa. Lustre, y no poco, alcan- 
zaban los que allí obtenían el grado de doctor. 

Al entrar en estas y cualesquiera otras aprecia- 
ciones históricas, nos anima un estricto sentimiento 
de justicia, sin que por eso dejemos de rendir culto 
á la idea liberal, cuyos reflejos quisiéramos vislum- 
brar en nuestra patria en todo tiempo y en todas las 
cosas; pero cada época tiene su especial fisonomía, y 
no sería justo exigir del siglo pasado el carácter que 
el presente ha recibido de las conquistas del hombre 
en sus luchas contra el retroceso. 

Las provincias que componían el antiguo reino 
de Guatemala, contaban, pues, con esos dos estable- 
cimientos de instrucción superior; y aún después de 
proclamada la Independencia, por muchos a-nos no 
se dispuso de otros; hasta que al fin fueron apare- 
ciendo las universidades del Salvador, Costa-Eica y 
Honduras, si bien la de León y la de Guatemala si- 
guieron disfrutando del prestigio que nace princi- 
palmente de la antigüedad. 

En lo que toca á escuelas, no hay para qué decir 
que era escaso su número en el largo período de la 
colonia. Recordamos haber leído no hace mucho en 
un periódico centro -americano, que, tomando el rey 
de España en, consideración la importancia que en 
él siglo XYn iba adquiriendo la ciudad de Comaya- 



DE LA AMDRICA CENTRAL 185 

gua, dispuso que en ella se estableciese una cátedra 
de gramática castellana, fijándose al profesor el suel- 
do de doscientos pesos al año. No era, pues, muy ro- 
busta la existencia intelectual de estos países, y sin 
embargo no faltaban algunos profundos teólogos y 
legistas, que se formaban en Guatemala y en León 
de Mcaragua. 

En el ano 1660 se trajo á la ciudad de Guate- 
mala la primera imprenta, de propiedad de José Pi- 
neda Ibarra. La primera pieza publicada fué un tra- 
tado teológico, comprensivo de 728 páginas «en co- 
lumnas de letra clara y uniforme», á juzgar por lo 
que dice el laborioso compilador de noticias históri- 
cas Sr. García Peláez. 

En 1818 se promulgaron en las varias provincias 
del país las reales cédulas en que se disponía el es- 
tablecimiento de planteles de primera enseñanza en 
todas las poblaciones, para que también la raza indí- 
gena disfrutara de las ventajas de la educación é 
instrucción: fué ese el último soplo de vida que la 
dominación colonial, próxima á desaparecer, trató do 
infundir á la causa de las letras: la primera escuela 
que existió en el reino do Giiateinala fué la que es- 
tableció en 1532 el virtuoso y progresista (aira pá- 
rroco de la ciudad capital, licenciado 1). Francisco 
Marroquín, á quien también se debe la primera cáte- 
dra de gramática latina que hubo en estas comarcas. 

Hoy se ha dejado á las universidades , propia- 
mente dichas, la instrucción superior ó profesional, 
reservándose la segunda enseñanza, al menos en va- 



186 ESTUDIO HISTÓRICO 



rias secciones centro-americanas, á los institutos, en 
donde se hacen los cursos necesarios para ganar el 
grado en ciencias y letras, ó sea el bachillerato en 
filosofía, como se le llamaba antes y aún se le deno- 
mina en varios puntos de Centro -América, si bien 
para obtenerlo en la actualidad se requiere, además 
de la lógica y demás ramos que antes se exigían, el 
inglés y el francés, la retórica, la historia y otras 
materias. En la universidad de San Salvador existe, 
entre las varias facultades , la de ciencias y letras. 
No cabe en los límites de un breve resumen históri- 
co puntualizar los diversos detalles que sobre la se- 
gunda enseñanza corresponden á cada sección centro- 
americana, y aun en lo que toca á la profesional hay 
algunas ligeras diferencias entre estos países. 

El deseo de instruirse, que se anida en los pue- 
blos centro-americanos, se ha sentido siempre en el 
Salvador, cuyos hijos han manifestado su entusias- 
mo por las luces desde mucho tiempo atrás. En Fe- 
brero de 1827, decretó la legislatura el estableci- 
miento de escuelas para niños de ambos sexos, pre- 
viniéndose á las municipalidades que obligaran á los 
padres de familia, con arresto y multas, á mandar á 
sus hijos á esos planteles. En Setiembre de 1832, se 
dio una ley para que las hubiese en todos los pue- 
blos del Estado que tuvieran municipalidad, y que 
se enseñara lectura y escritura, principios de arit- 
mética, moral y las constituciones de la Eepública 
(federal entonces) y del Estado mismo. Decretóse en 
1841 el establecimiento de esos planteles para to- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 187 

dos los pueblos y valles de más de ciento cincuenta 
almas, y en ese mismo ano se mandó crear una ins- 
pección general de enseñanza primaria. En 1854 y 
en años posteriores se emitieron diversas providen- 
cias para la mejora del ramo de que se habla. 

Creada la universidad salvadoreña por decreto 
de la legislatura de 16 de Febrero de 1841, siendo 
jefe del Ejecutivo D. Juan Lindo, comenzaron ya los 
hijos del Salvador á disfrutar de los beneficios con- 
siguientes á semejante adelanto, y empezó á dismi- 
nuir el número de los que iban á Guatemala á hacer 
los estudios jurídicos y los de medicina. 

En los primeros estatutos universitarios se nota 
el celo de la autoridad por el adelanto intelectual de 
la patria, lo mismo que en las demás leyes y regla- 
mentos que para el buen pie de la educación y la 
instrucción en sus varios grados han venido dictán- 
dose después: signo inequívoco de las aspiraciones 
progresistas de esa sociedad. 

En lo general en Centro-América se nota una 
marcada predilección por la carrera de la jurispru- 
dencia, fiel reflejo de lo que pasa en España, de quien 
heredamos las virtudes lo mismo que los defectos: 
en ello ven un mal los espíritus reflexivos, no sólo 
porque nó hay trabajo para ocupar á tantos y tantos 
abogados; no sólo porque éstos, en su mayor parte, 
se empeñan en vivir del presupuesto, por falta de 
clientela y de negocios, sino porque disminuye el nú- 
mero de los individuos que pudieran abracar otras 
profesiones útiles, y además porque el afán ininode- 



188 ESTUDIO HISTÓRICO 



rado de aquéllos por figurar en la escena política y 
en los empleos del orden administrativo, suele ence- 
rrar el germen de desgracias para la patria, que se 
traduce frecuentemente en Hispano - América por 
motines y trastornos, promovidos para satisfacer mi- 
ras ambiciosas á favor de los cambios de gobierno. 

Importa sin duda á la felicidad pública que se 
multipliquen y mejoren en lo posible los planteles 
de educación popular, para formar ciudadanos dig- 
nos de tal nombre; por lo mismo, es muy laudable 
la conducta de Costa-Eica, en donde existen escue- 
las normales en las varias capitales de provincia. Pe- 
ro necesítase que en las carreras y profesiones no 
sobrevenga lá falta de equilibrio. 

Afortunadamente los gobiernos centro -americanos, 
atentos á prevenir el mal y buscar el bien, estable- 
cen escuelas de artes y oficios, que abren nuevos 
horizontes á la juventud. El plantel de esa índole 
que existe en Guatemala desde hace anos, responde 
ya al ideal que en el particular se persigue; y el 
que acaba de crearse en Mcaragua, con maestros y 
elementos traídos de Francia, producirá sin duda los 
apetecidos resultados. 




BIPRENTAS, PEaiÓDICOS Y PUBLICACIONES. 



SUMARIO. 

Importancia de la publicidad. — Escaso beneficio de los esfuerzos que para 
propagar las luces se hacían antes de descubrirse ©1 arte tipográfico. — 
Progresos alcanzados por la imprenta. — La antigua Gaceta de Guatemala 
y el primer perió'iico de la Sociedad Económica. — Máquinas de vapor y 
otros progresos de la tipografía en Centro -América. — Publicaciones 
que hoy salen de las prensas de Honduras. — El actual periodismo cen- 
tro-americano. — Primeros periódicos en el año 1820 y en 1821. — Otras pu- 
blicaciones periódicas en el Salvador y demás Estados. — Los señores Valle, 
Barrnndia é Irisarri. — Les escritores salvadoreños Gómez, Hoyos, Arbi- 
zú y Bosque. — Lo que antes se entendía por publicista y lo que hoy sig- 
nifica esa denominación. — Lo que se requiere para que la prensa perió- 
dica levante su nivel en la América Central. —Adelanto relativo que se 
ha alcanzado. — Impresión de libros y comercio de librería. 

No hay duda de que . el pensamiento es el más 
noble atributo del hombre; pero tampoco puede ne- 
garse que de nada serviría para la humanidad la 
más luminosa idea si hubiese de permanecer ence- 
rrada en el alma, aun cuando ósta fuera la más bella 
y pura que se imagine. 

Como bien se comprende, los pueblos, no obstan- 
te el beneficio de la palabra concedida á los morta- 
les, vivirían aislados en medio del mundo. Dice Eu- 
genio Paignón que el invento de la escritura puso 
término á semejante modo de ser, y que la impren- 
ta coronó la obra. Antes de que se descubriera la ti- 



190 ESTUDIO HISTÓRICO 



pografía, eran casi estériles los esfuerzos que se ha- 
cían para propagar las luces; y si al principio ese 
arte se presentaba con los defectos propios de todo 
lo nuevo, en el presente siglo ha progresado de un 
modo extraordinario en corrección y belleza, en ra- 
pidez y economía, hasta convertirse en objeto de ad- 
miración para todos los que pueden darse cuenta de 
sus efectos. 

No nos remontemos hasta el siglo XV, en que 
se efectuó en Europa el descubrimiento de la im- 
prenta; no vayamos tampoco á registrar las coleccio- 
nes de la Gaceta de Guatemala, que comenzó á pu- 
blicarse en el primer cuarto del siglo XYIII y que 
en su origen se llamó Gaceta Mensual; ni traiga- 
mos á la vista el Periódico de la Sociedad Económica, 
que vio la luz por el año 1815: poco tiempo hace to- 
davía que en las hojas sueltas y en los semanarios 
que en algunos puntos de la América Central salían 
de las prensas, se reflejaba muy escaso progreso: hoy 
todo ha cambiado, y hasta máquinas de vapor po- 
seemos para el tiro, como las que se emplean en 
Europa y los Estados Unidos de América. Sin ir 
muy lejos, ni retroceder mucho, existe hoy en Hon- 
duras un bien montado establecimiento de ese géne- 
ro, en el que se imprimen trabajos que, por lo aca- 
bado, contrastan con la Gaceta que se imprimía en 
Comayagua allá por los anos 1860 y aun 1870. 

El gusto por la lectura va despertándose en la 
América Central y proporcionando ganancias á los 
impresores y libreros, principalmente á los según- 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 191 

dos, que traen obras de todas clases, editadas en 
Bélgica, Francia, España y otras naciones extran- 
jeras. 

Conforme se desarrolle la instrucción pública 
entre nosotros, se extenderá el círculo de los suscri- 
tores á los periódicos: el número de estos últimos es 
en la actualidad considerable: los hay, no sólo sema- 
narios, sino hasta diarios; y debemos hacer al Salva- 
dor y Nicaragua la justicia de concederles el impor- 
tante puesto que en materia de prensa periódica les 
corresponde, por el decidido entusiasmo que desde 
algunos años después de la emancipación política se 
ha advertido en ambos Estados en la redacción y 
circulación de papeles públicos; sin que esta declara- 
toria signifique que en los otros tres no se haya es- 
crito y publicado mucho y bueno, señaladamente en 
uno ú otro período de la vida republicana en que 
entramos en 1821. 

El Editor Constitucional, El Ami(;o de la Patria 
y El Genio de la Libertad, son los títulos de los pri- 
meros periódicos independientes que vieron la lujj 
en Guatemala, los dos primeros en 1820 y el últi- 
mo en Agosto de 1821. 

En el Salvador fué el Semanario PdUico Mercan- 
til el primero que viera la luz en Julio de 1824, sin 
conocerse otro hasta Enero de 1827, en que se es- 
tableció El Centinela, y en Abril de ese mismo afio 
nació el órgano oficial, con el título Oaceta (M Oo- 
bierno del Estado del Salvador: 2 de Abril es la fo- 
cha que lleva su primer número. 



]92 ESTUDIO HISTÓRICO 



La Gaceta de Honduras no empezó á existir sino 
en Junio de 1830, y la de Nicaragua en Agosto del 
mismo año, órganos de los respectivos gobiernos una 
y otra. En 1832 es cuando en Costa-Eica se editó 
el primer periódico, denominado El Noticioso Uni- 
versal, En los primeros veinte años corridos desde la 
Independencia de Centro-América, el movimiento de 
la prensa periódica fué muclio mayor en Guatemala 
que en los otros cuatro Estados; pero desde 1841 
han venido estos últimos trabajando en ese sentido; 
y hoy el Salvador y Costa-Eica publican diariamen- 
te su periódico oficial, el que no hace mucho no veía 
la luz más que una vez por semana. 

Entre los centro-americanos más notables en las 
tareas del periodismo en tiempos atrás, debemos 
mencionar al ilustre hijo de Honduras, licenciado 
D. José Cecilio del Valle, que trataba las materias 
políticas con superioridad, con independencia de es- 
píritu: desde 1820 comenzó á animar con su pluma 
las publicaciones que se hacían en la ciudad de Gua- 
temala, lugar de su residencia: hombre de vasta eru- 
dición, talento claro, ánimo recto y laboriosidad in- 
quebrantable, ha dejado en sus. escritos la huella lu- 
minosa de su saber y de su genio. 

Otro patriota de memoria muy grata, como escri- 
tor, fué el guatemalteco D. José Francisco Barrun- 
dia, cuya mente elevada y cuyo corazón de fuego se 
reñejan en las producciones con que enriqueció nues- 
tra naciente literatura: su estilo era periódico y lle- 
no de encanto y gracia; mientras que el Sr. Valle 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 193 

era más aficionado al estilo cortado, de que no debe 
abusarse, y que no hace el mismo efecto de las cláu- 
sulas periódicas para recrear el oído y poner en mo- 
vimiento el corazón y las pasiones. Por lo demás, el 
Sr. Barrundia era un hombre de clara inteligencia 
y de conocimientos poco comunes: es una de las glo- 
rias con que se enorgullece la América Central. 

En D. Antonio José de Irisarri tenemos igual- 
mente un escritor aventajado, no sólo por su erudi- 
ción extraordinaria, sino por su corrección á toda 
prueba y su fluidez reconocida: sus obras le dieron 
crédito entre sus compatriotas los centro-americanos 
y también en los círculos de las letras de Chile, Co- 
lombia y otras partes en que se dio á conocer como 
literato; el Sr. Torres Caicedo llama á Irisarri «El 
Cervantes Americano». 

En la historia particular del Estado del Salvador 
se conservan con aprecio los nombres de los doctores 
D. Ignacio Gómez, D. Enrique Hoyos, D. Gregorio 
Arbizú y D. Juan Bosque, que, por sus escritos en 
la prensa oficial y no oficial, se granjearon reputa- 
ción merecida de publicistas, según la opinión uná- 
nime de los salvadoreños. 

Llamábase publicista á principios del presente 
siglo, al escritor que trataba asuntos de derecho pú- 
blico, y sobre todo de derecho do gentes: en el día 
se requiere algo más para conquistarse semejante tí- 
tulo: el que hoy aspira á obtenerlo, ha de saber, se- 
gún se dice, mezclar la filosofía, la literatura y la 
historia, reuniendo bajo una forinii, tan ai,'radable 



194 ESTUDIO HISTÓRICO 



como rápida, los elementos todos de las cuestiones á 
medida qne éstas se suceden; condensando á veces 
en unas cuantas páginas la vida de una época ó la 
de un hombre; siguiendo, con un espíritu preparado 
por el estudio de las luchas de la inteligencia, las 
evoluciones del pensamiento, lo mismo que los suce- 
sos; empleando, por último, un arte invisible en esa 
obra siempre nueva de una enseñanza sustancial y 
variada. 

He ahí por qué es tan escaso el número de ver- 
daderos publicistas en la América Central. 

Para que el periodismo adquiera vigor y lozanía 
en nuestros países y pueda competir con el de 
México, Colombia y Chile, requiérese que la acción 
combinada del tiempo, de la paz y de los trabajos 
del patriotismo, mejore la condición social y políti- 
ca entre nosotros: entonces los órganos de la prensa 
brillarán por la luz que despidan y el interés que en 
lo general ofrezcan; entonces no necesitarán más 
apoyo que el deducido de la suscrición y de los anun- 
cios, como ya lo van consiguiendo algunos á fuerza 
de labor y perseverancia. 

Sin embargo, sería injusto negar que algo se ha 
adelantado en el particular en Centro- América, bajo 
ciertos puntos de vista, en los últimos ocho ó diez 
anos: antes casi no había más aliciente para las ta- 
reas de ese género que el gusto de entretenerse en 
escribir y el de publicar acaso en un quincenal ó en 
un semanario los artículos que se forjaban: pocos eran 
los hombres que lograban algunas ganancias con la 



DE LA A^l ERICA CENTRAL 195 

pluma, y eso si conseguían un nombramiento de es- 
critor oficial: hoy hay empresas que ofrecen retribu- 
ción pecuniaria á las personas que componen el cuer- 
po de redacción, y aunque el lucro no sea muy con- 
siderable, encuentran por lo menos cierto provecho 
positivo los que quieren emplear su tiempo en tales 
faenas. 

En lo que se refiere á los libros, hay que señalar 
también algún avance operado de pocos años á esta 
parte; pero para que una obra de esa especie llegue 
á ver la luz, necesítase que el tesoro público costee 
la edición ó ayude á costearla: textos para escuelas 
é institutos, es lo que más se imprime entre nosotros; 
y con razón, pues el expendio entre los escolares y 
cursantes suele brindar con ventajas positivas al au- 
tor del libro ó del opúsculo. 

Si el gobierno de Nicaragua, por ejemplo, no 
hubiese costeado el grueso volumen de la Historia 
particular de aquel país, debido á la pluma del pu- 
blicista Sr. A yon, habría sido imposible dotar á Cen- 
tro-América con una obra tan preciosa: la suscrición 
espontánea de los aficionados á las letras no basta- 
ría para el doble objeto de pagar la imprenta y re- 
tribuir el trabajo de historiador tan concienzudo 
como erudito. 

Así, el comercio de la librería, un tanto desarro- 
llado hoy en la América Central, casi sólo se reduce 
á obras de procedencia extranjera, figurando en li- 
mitada escala las de ingenios centro-americanos. 



BELLAS ARTES, 



Lia pintura y la escultura 



SUMARIO. 

Afición al cultivo de las artes plásticas. — Predilección por la pintura. — 
Las tareas eaculturarias en la ciudad de Guatemala. — Escultores del si- 
glo XVII y del XVIII.— El capitán D. Antonio de Montúfar, aventaja- 
do en la pintura. — Alonso Alvarez y otros pintores notables. — La arqm- 
tectura tratada incidentalmente. — Influencia de la Sociedad Eoonómioa 
en el desarrollo de las artes liberales. — Protección impartida hoy á la 
pintura: y necesidad de escultores y arquitectos. — Concursos efectuados 
en la América Central y Exposición de 1883 en la ciudad de San Salva- 
dor. — Estudios que deben hacerse en Europa. — Influjo de las bellas ar- 
tes en el progreso de los pueblos. — Reminiscencias de la dominación M- 
pañola. — Una reflexión final. 

No podemos los centroamericanos vanagloriar- 
nos de grandes adelantos en estos dos ramos de las 
artes plásticas; pero tampoco habría justicia en decir 
que no hemos dado pruebas de afición á su cultivo, 
ni menos que carezcamos al efecto de felices dispo- 
siciones naturales. Por el contrario, desde los más 
remotos tiempos del coloniaje existen obras que ba- 
jo uno ú otro aspecto patentizan habilidad suma, 
aunque al ojo del observador entendido no dejen de 
ofrecer detalles que anuncian la falta de dirección 



198 ESTUDIO HISTÓRICO 



esmerada; en una palabra, ha habido genio, pero no 
escuelas ni estímulos suficientes. 

Hablando en rigor de verdad, debe decirse que 
la escultura ha merecido menos atención que la pin- 
tura: algunos maestros escultores, formados casi por 
sí solos en el país, enseñaban el arte á unos pocos 
discípulos, de un modo que más puede llamarse prác- 
tico que teórico, debiendo haberse empleado ambos 
métodos á la vez. 

En la ciudad de Guatemala es donde mayor gus- 
to ha habido por las tareas esculturarias y de donde 
ha salido uno ú otro maestro más ó menos bueno: 
en el ano 1604 se contaban allá cuatro escultores, 
á saber: Bernardo de Canas, Antón de Eodas, Pedro 
de Brizuela y Quirino Castaño: este último, portu- 
gués de nacimiento, ejecutó una obra notable para 
el templo de Esquipulas. En cuanto á pintores, no 
se habla más que de uno en esa época, que se lla- 
maba Juan de Allende, que enseñó el arte á su hijo 
Pedro de Allende. 

Más adelante, á mediados del mismo siglo XVII, 
floreció el distinguido escultor Pedro de Mendoza, 
que murió en 1662 en la dicha ciudad de Guatema- 
la, reemplazándole el afamado Zúñiga, á quien se 
deben algunas magníficas estatuas que adornaban los 
templos de la Merced y Candelaria, y que aún sub- 
sisten hoy en la nueva capital y se las mira como 
trabajos acabados. 

En 1 740 floreció en el mismo lugar Alonso de 
la Paz, de quien se dice que fué escultor y pintor á 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 199 

la vez, siendo el autor de varios hermosos lienzos co- 
locados entonces en el templo de San José. Algunos 
años más tarde existió el escultor Juan Chávez y 
después sucesivamente, Eudecindo, Cuéllar, Bolaños, 
Guzmán y otros, que trabajaban estatuas de cedro 
fino y de una piedra importada del Perú, muy seme- 
jante al mármol, llamada «piedra de Guamanga». 

En lo que concierne á la pintura, dícese que en 
el siglo XVII se dedicó á ella con éxito el capitán 
don Antonio de Montúfar, quien era tan aficionado 
al arte, que hizo un viaje á España para aprenderlo 
con perfección: á su vuelta se ocupó en pintar mu- 
chos de los lienzos de la iglesia del Calvario. Es tam- 
bién de justicia mencionar á Alonso Alvarez y á 
Merlo; y en 1714 á Baltasar España, que fué ade- 
más grabador. El padre D. Juan Sánchez era á la vez 
pintor notable y relojero de crédito en el mismo 
siglo XYII. 

Si incidentalmente se nos permito citar la arqui- 
tectura, diremos que no faltaron arquitectos de algu- 
na nombradla en la época de la colonia: á ellos se 
debe la dirección de tantos hermosos edificios que 
embellecen la antigua y la nueva Guatemala, lo mis- 
mo que otras varias poblaciones de la América 
Central. 

Desde que en 1795 so fundó on la ciudad de 
Guatemala la Sociedad Económica, comenzó eso ins- 
tituto á fomentar las artes liberales, señaladamente 
la pintura y escultura; estableció y costeó clases, las 
que por muy largos años fuerou frecuentadas con pro* 



^00 ESTUDIO HISTÓRICO 



vecho por multitud de aficionados, en tiempos en que 
el aprendizaje de tales ramos no se hacía en ningún 
otro establecimiento. 

Hoy la protección de la pintura es impartida 
por los gobiernos centro-americanos, y debe creerse 
que poco á poco se irá extendiendo á la arquitectura 
y la escultura de un modo eficaz: necesitamos buenos 
arquitectos, para que en nuestras casas, edificios y 
demás construcciones se encuentren las condiciones 
todas requeridas por el arte: necesitamos también es- 
cultores hábiles, aunque en menor número, pues el 
modo de ser de estos países no puede aún dar ocu- 
pación á muchos. 

Los progresos de la pintura en los últimos tiem- 
pos se han puesto de relieve en los concursos efec- 
tuados en algunas de las capitales de la América 
Central: la exposición de trabajos de ese género que 
en la ciudad de San Salvador acaba de celebrarse 
(Noviembre de 1883), es un indicio seguro del des- 
arrollo, á que bajo este aspecto estamos llamados. 
Uno de los medios más poderosos de inpulsar el ade- 
lanto, sería el mandar á Francia ó Italia, á estudiar 
el arte, por cuenta del tesoro público, unos cuantos 
jóvenes de aptitud reconocida, como se practica en 
otros países de la América Española. 

Al investigar el papel que en el progreso políni- 
co y social de los pueblos representan las bellas ar- 
tes, encontramos que ni son auxiliares de las revo- 
luciones, ni propagandistas de reformas; su influen- 
cia es eminentemente conservadora, según Montégut. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 201 

Están obligadas á inspirarse en el pasado más que 
en el presente, y en el presente más que en el por- 
venir: perpetúan, pues, la imagen de lo que es y de 
lo que ha sido, y la perpetúan bajo la forma de mo- 
numentos, estatuas y pinturas, manteniendo así en 
las almas de las generaciones que se suceden el cul- 
to de lo pasado y la piedad de los recuerdos: gracias 
á ellas, los hombres no pueden olvidar tanto como 
quisieran, y se deleitan en recordar las cosas. 

Esta influencia es sobre todo sensible en tiem- 
pos como los actuales, en que las tradiciones todas 
caerían pronto en olvido, si las artes no tomaran á 
su cargo el alimentarlas. 

¿Quién es el fervoroso republicano que no se sien- 
ta unido por vínculos misteriosos á la España mo- 
nárquica, al contemplar los monumentos que ella 
nos dejó en la América Central, tales como la cate- 
dral de Guatemala, la de León de Nicaragua, el 
puente de los Esclavos y el castillo de San Fernan- 
do de Omoa? Siempre nos sentimos tributarios y 
deudores al pasado, por mucha gana que algunos 
tengan de negar la deiida. 

Pero si las bellas artes son los más poderosos 
instrumentos de conservación que existen, hay que 
reconocer que ellas impiden que la civilización se ex- 
tinga, y hacen imposible la vuelta completa á la 
barbarie. 



^^^^^ 



LA MÚSICA. 



SUMARIO. 

Progresos innegables del ramo; aptitud de los hijos de Centro-América 
para el cultivo del arte, y retribución que encuentran los profesores. — 
Bandas de música militar y piezas que se ejecutan. — El maestro Mar- 
tínez. — Primera banda centro-americana, organizada por ese profe- 
sor. — Causas que determinaron la traslación del maestro Martínez á Gua- 
temala; formación de la primera banda en la capital de ese Estado, y con 
curso que el señor Mathéu prestara en ese particular. — Los tambores y 
pífanos en el ejército. — El arte en los siglos XVI, XVII y XVIII en Cen- 
tro-América. — Los profesores Sáenz, — Progresos debidos al señor Garda 
Conde y á otros personajes. — La plaza de toros de Guatemala. — Des- 
arrollo de la música en general. 

Son innegables los progresos que en este ramo 
de las bellas artes se han realizado en los últimos 
tiempos, si bien es cierto que los centro-americanos 
poseen felices aptitudes para su cultivo. 

El profesor de música sabe hoy que puede ga- 
narse la vida en el ejercicio del arte, ya enseñándolo 
á jóvenes de uno ú otro sexo, ya formando parte de 
las bandas militares ó de las orquestas, ya también 
sirviendo como cantor ú organista en los templos. 

Las bandas de música militar de las principales 
poblaciones de Centro América, son tan numerosas 
como bien organizadas: en ellas se roñejau los ade- 
lantos hechos en Europa en el particular: entre las 



204 ESTUDIO HISTÓRICO 



piezas que ejecutan las hay también compuestas por 
hijos del país. 

Al hablarse de estos cuerpos filarmónicos ocurre 
naturalmente el recuerdo del maestro Martínez, que 
allá por el año 1841 vino á San Salvador, y en breve 
término formó allí la primera banda que ha habido 
en la América Central, gracias al empeño del gene- 
ral Canas, que en San Miguel conoció á tan hábil 
profesor y lo comprometió á trasladarse á la capital 
del Estado. 

Pocos anos después, en 1844, invadió el territo- 
rio guatemalteco el Presidente del Salvador, general 
Malespín, con un ejército á cuya cabeza iba la ban- 
da de música. Cuando el general Carrera, que con 
las fuerzas de Guatemala había salido al encuentro 
de Malespín, oyó esa música, concibió la idea de que 
sé organizara una semejante en su patria: y al vol- 
ver á la ciudad de Guatemala tomó sus medidas en 
este sentido, llevándose al efecto al mismo maestro 
Martínez, á quien halagó con mejor sueldo que el 
que en San Salvador disfrutaba. 

El Sr. D. Juan Mathéu, caballero español á quien 
Guatemala debió grandes servicios bajo muchos as- 
pectos (1), tomó á su cargo la formación de esa ban- 
da, y escribió á la Habana pidiendo instrumentos, 
uniformes y partituras escogidas: él aconsejaba al 



(1) El Sr. D. Juan Mathéu vino muy joven á Guatemala y se ocupó siem- 
pre con desinterés en promover el bien público , ya como miembro de la 
municipalidad, ya como individuo de la Sociedad Económica, diputado, 
ministro, etc. etc. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 205 

director Martínez todo lo que más convenía para al 
canzar el objeto: y consiguió que en seis meses con- 
tara Guatemala con la primera banda de música mi- 
litar: las que antes existían en aquella capital se 
componían solamente de tambores j pífanos, como 
las del tiempo de la colonia y como las que trajo 
con las tropas mexicanas el general Filísola en 1822, 
si bien á los tambores y pífanos había después venido 
agregándose algún clarinete y algún figle ú oficleide 
y aun el bombo, formando todo un conjunto de muy 
ingrata armonía, si nos es lícito hablar así (1). 

En la época de la colonia, es decir en los siglos 
XYI, XYII y XYIII, ya había organistas en las 
iglesias, y aun los órganos se trabajaban en el país; 
había también instrumentos de cuerda, como viola, 
violón, rabel y violín. Antonio Pérez era ya orga- 
nista en la catedral de Guatemala en 1548; despucs 
de él estuvo Gaspar Martínez en 1560. 

Las crónicas de aquellos siglos hablan de los 
músicos que tocaban en las fiestas reales, conducidos 
con pompa en hermosos carros. 

La familia guatemalteca de los Sácnz, tan oono 
cida por su talento fiUirmónico, ha contribuido al 
adelanto del arte en la América Central. El prime- 
ro de esa familia que se distinguió en ese punto, fué 
D. Benedicto Sácnz, á quien enseñó ol arte el so- 
ñor Enlacia, que era muy hábil en el teclado, y que 
vino á Guatemala en 1790, con el ilustro padre 



(1) También loa antiguo» indios d« Cantro-Amóhoa tocaban ol pÍ£uK>. 



206 ESTUDIO HISTÓRICO 



Goicoechea, procedentes uno y otro de Costa Eica. 

Cuando el Sr. García Conde, que había sido go- 
bernador intendente de Honduras, residió por al- 
gún tiempo en la ciudad de Guatemala, se empeñó 
por el adelanto del arte, reuniendo en su casa gran 
número de profesores, entre quienes se hacía notar 
el violinista Gil Lambur: allí tuvo origen la forma.- 
cíón de la primera orquesta guatemalteca digna de 
tal nombre. 

Continuó estimulando los progresos de la orques- 
ta á fines del último siglo el oidor Villa - Urrutia, 
secundándole después los abogados Campuzano y 
González Bravo; y ya comenzaron á darse conciertos, 
en los que tomaban parte, no sólo los artistas que vi- 
vían de la profesión, sino también algunos caballeros 
aficionados,, que se dedicaban á la flauta y al violín 
principalmente. 

Comenzando el presente siglo se construyó la 
magnífica plaza de toros de la ciudad de Guatemala, 
y en las corridas había al principio orquesta para 
amenizar el espectáculo, hasta que más tarde se con- 
tó para ese objeto con las bandas de música militar. 

Entre los ramos fomentados desde hace largo 
tiempo en la América Central, se encuentra, pues', 
la música, la que, bajo el doble punto de vista vocal 
é instrumental, ha seguido desarrollándose y per- 
feccionándose, no sólo por el esfuerzo de los hijos 
del país, sino también por la enseñanza de profeso- 
res extranjeros notables. 



FORTALEZA DE OMOA. 



SUMARIO. 

Importancia de la obra; época de su construcción, y servicios que prestara 
en tiempo de la colonia. — Abandono en que á veces se ha tenido esa for- 
taleza. — Informe del ingeniero español Sr. Navarro. — Principio de la 
obra en 1751. — Muerte del general Sr. Vázquez Priego. — Gastos hechos 
en la fábrica. — Su conclusión en 1775. — Armamento que existia en 1788. 
— Ocupación por los ingleses en 1779, y campaña del general Gálvez para 
desalojarlos. — Rebelión de Guzmán. — Fuerzas guatemaltecas ocupan el 
castillo en 1854. 

Indudablemente el castillo de San Fernando de 
Omoa es una de las grandes obras materiales que re- 
cuerdan la dominación de España en la América Cen- 
tral. Construido en la segunda mitad del siglo X\ill, 
con la mira de defender las costas del Norte contra 
los corsarios ingleses, que perseguían nuestro comer- 
cio, prestó en su tiempo buenos servicios y se lo man- 
tuvo en satisfactorio estado en la época del colonia- 
je, á efecto de que no sufriese deterioro alguno. 

Por desgracia no todos los gobernantes de Hon- 
duras lo han visto con el aprecio que se merece: no 
pocas veces, por años enteros, ha estado casi en aban- 
dono, hasta el extremo de dejarse crecer hx hierba un 



208 ESTUDIO HISTÓRICO 



algunos de sus muros y sobre las bombas y palan- 
quetas apiladas y soterradas en los patios. 

El ingeniero español, 8r. Navarro, que visitó la 
América Central en 1743 y 1744, reconoció enton- 
ces el fondeadero de Omoa; y en informe extendido 
por él en 1745, en la ciudad de Guatemala, dijo á 
este respecto lo que sigue: 

cEse puerto es el más seguro, limpio y recogido 
de toda la costa de Honduras, por cuyo motivo me 
ha parecido á propósito que sea fortificado, á menos 
costo y riesgo que el de Trujillo. Ofrece muchas co- 
modidades: primera, podrán estar en él las embar- 
caciones corsarias, que 8. M. tiene determinado se 
armen para limpiar la costa: segunda, podrán llegar 
á él los registros de este reino con mayor seguridad 
de sus bajeles y géneros; y conducirán su carga á 
esta capital con menos costo, y más breve que del 
Golfo: tercera, carenarán cuando lo necesiten, por 
ser puerto á propósito para astillero bajo tiro de ca- 
ñón, y tener á su inmediación maderas de cedro: 
cuarta, conseguirán hacer carga para regresar con 
más facilidad y menos costo que del Golfo, por es- 
tar más inmediato á la provincia de San Salvador- 
donde se dan las tintas, que es el mayor renglón; 
como también se logrará el que algunos partidos que 
tienen minerales de plata y oro se pongan en co- 
rriente.» 

Resultado de este dictamen fué probablemente 
la orden dictada por el rey para que en 1751 pasara 
á Omoa el teniente general Sr. Vázquez Priego, 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 209 

quien dispuso se emprendieran las obras de la forta- 
leza; allí murió ese jefe, lo mismo que algunos de los 
individuos que con él fueron. 

Para continuar la fábrica se discurrieron arbi- 
trios, gravándose los añiles que se exportaban por los 
puertos del Sur y del Norte de estos países. 

Algunos años después de principiada la construc- 
ción del fuerte, tenía ya gastados en él más de diez 
y seis mil pesos el comercio de Guatemala, aunque 
una parte de esa suma se había invertido en la aper- 
tura del camino desde la capital del reino hasta el 
mismo Omoa. La obra terminó en 1775, bajo el go- 
bierno del mariscal D. Martín de Mayorga. 

En el estado de las armas y milicias del reino 
de Guatemala, que se formó en 20 de Abril de 1 768, 
aparece que en el castillo de San Fernando de Omoa 
existían seis cañones de bronce de á 24, dos de á 12, 
cuatro de á 4 , once de hierro de á 48 , ocho de 
á 12, etc., etc. Había además cinco pedreros de á li- 
bra, desmontados, y también gran cantidad de me- 
tralla, palanquetas, granadas, pólvora, herramien- 
ta, etc., etc. 

Ocupado sin resistencia por los ingleses en 
1779, acudió á recobrarlo, con tropas de Guatemala, 
Chiquimula y Comayagua, el gobernador general dol 
reino, Sr. Gálvez, distinguiéndose en esa campaña 
muchos de los oficiales y jefes, que allí se cubrieron 
de gloria, hasta posesionarse otra vez del fuerte. 

Aunque en Setiembre de 1821 dejó de ondear 
en él la bandera española, fué izada d(^ nuevo en 



210 ESTUDIO HISTÓRICO 



Agosto de 1832, por consecuencia de la rebelión de 
Eamón Guzmán. Mas, sitiado el castillo, se rindió al 
cabo de algunos meses, pagando con la vida su teme- 
ridad el cabecilla Guzmán. 

En el año 1854 fué también ocupado por fuerzas 
de Guatemala, que se hallaba en guerra con Hon- 
duras, siendo jefe de este último país el general Ca- 
banas. La escasa guarnición hondurena que allí exis- 
tía estaba dispuesta á batirse con las tropas gua- 
temaltecas que mandaba el general Zavala; pero el 
presidente general Carrera, que llegó á tiempo para 
evitar la refriega, consiguió que el fuerte se rindiese 
á virtud de una capitulación concluida entre él y el 
comandante de Omoa, Sr. Medina. 

Tales son los datos más interesantes que nos es 
dado apuntar en orden al castillo de San Fernando 
de Omoa, que presta mérito á este capítulo y que 
constituye uno de los más bellos monumentos de la 
América Central. 



ESTADÍSTICA 



SUMARIO. 

Importancia que la estadística ha adquirido en Centro -América. — El archi- 
vo del antiguo Consejo de Indias. — Memorias de los Virreyes del Nuevo 
Reino de G-ranada. — Carácter cientifico de la estadística y extensión de 
sus límites. — Lo que era ese ramo en tiempo de la colonia. — Escritos 
del Sr. Valle, relativos á la materia. — Adelantos estadísticos en Costa 
Rica, Guatemala y el Salvador, y leyes emitidas en ese último Estado 
desde 1829, sobre las tareas de que se trata. — Interrupción cau.sada en los 
trabajos de esta índole por las revoluciones. — Deficiencia de estos apun- 
tes históricos. 

Al fijarnos en la importancia que á la estadística 
se está hoy dando en Centro -América; al ver que se 
reconoce su naturaleza y la extensión que sus domi- 
nios abarcan; al celebrar que se la considere, como 
debe ser, un instrumento de observación tan precio- 
so y un auxiliar tan eficaz de la administración pú- 
blica, nos parece que no será inútil tarca reseñar 
algo de su historia en la América Central, valiéndo- 
nos de los escasos datos de que al efecto disponemos. 

«Durante el antiguo régimen colonial (decía en 
Octubre de 1854 el periódico oficial salvadoreño), se 
suplía la falta de un departamento do estadística por 
medio de los informes y prolijas memorias, que to- 
dos los jefes administrativos dirigían al Consejo do 



212 ESTUDIO HISTÓRICO 



Indias, adonde también iban á parar los informes 
de las visitas de los diocesanos y otros documentos 
y relaciones periódicas. Allí se encuentran los inte- 
resantes dato^ que formaban el tesoro de aquel rico 
archivo, el que, manejado por oficinistas prácticos, 
proporcionaba cuanto podía desearse en el punto de 
que se trata.» 

Con el título Memorias de los Virreyes del Nue- 
vo Reino de Granada, se publicó en 1869, en Nue- 
va-York, una voluminosa obra, que encierra los in- 
formes que en Santafé de Bogotá tenían que redac- 
tar sobre su período administrativo los encargados 
del gobierno de aquella importante colonia española, 
al dejar el puesto, para que tales trabajos sirviesen 
de guía á sus sucesores. Ese volumen contiene un 
prólogo escrito por un publicista salvadoreño (1). 
El editor del libro fué el doctor peruano D. José An- 
tonio García y García. No sabemos que los antiguos 
capitanes generales de Guatemala observasen igual 
conducta al dejar el mando: si así hubiese sido, ten- 
dríamos hoy preciosos materiales para escribir nues- 
tra historia de aquel tiempo; semejantes á los que 
encierran las Memorias del Nuevo Reino de , Granada, 
en las que existe un rico venero de datos estadís- 
ticos. 

Pero la estadística es una ciencia enteramente 
nueva; y si en la misma Europa no se la reconoció 



(1) El doctor D. Ignacio Gómez. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 213 

como tal sino á mediados del último siglo, cuando el 
sabio profesor Achenwall la constituyó y le dio nom- 
bre, no debe extrañarse que en las colonias españo- 
las del Nuevo Mundo no se sacase de ella el partido 
posible, hasta hacerla abrazar los hechos sociales y 
políticos, presentados en sus relaciones numéricas 
entre sí, lo mismo que con el espacio y el tiempo. 

Sin embargo, al Consejo de Indias se remitían 
de todos estos países informes periódicos, en cuya 
redacción entraban necesariamente los datos estadís- 
ticos, aun cuando el ramo no estuviese reglamentado 
con la especialidad que corresponde, ni existiese una 
oficina central con sus indispensables dependencias. 

Por eso, como en un periódico salvadoreño se ha 
dicho ya otra vez, el ilustre centro-americano D. José 
del Valle, previendo en 1820 la emancipación polí- 
tica de la América Central, recomendaba desde en- 
tonces en un semanario guatemalteco la conveniencia 
de exigir de la estadística sus positivos servicios, uno 
de los cuales sería que en el extranjero se aprecia- 
ran los recursos y riquezas de la patria. 

Hace muchos años se comprendió en Costa Rica 
el beneficio que á aquel país pudiera ofrecer la bue- 
na reglamentación de este ramo y se estableció una 
oficina, emprendiéndose trabajos útiles, de que des- 
de entonces nos formamos una idea por los periódi- 
cos costarricenses. Últimamente, en Julio de 1883, 
se ha legislado de nuevo sobre el particular, y en 
decreto gubernativo del subsiguiente Agosto se im- 
pone á todos los habitantes de la República la obli- 



214 ESTUDIO HISTÓRICO 



gación de suministrar á la Dirección general de Es- 
tadística los datos que esa oficina les pida. 

En Guatemala se llevan hoy á cabo muy satis- 
factorios trabajos en el particular; el saludable mo- 
vimiento que á ese respecto se observa, data desde 
muy pocos anos, y ya se perciben y saborean sus 
ventajas. También en Nicaragua y Honduras se dis- 
pensa ya atención al asunto. 

En el Salvador ha entrado en su sexto ano de 
ejercicio la Oficina central, que está realizando las li- 
sonjeras promesas que su establecimiento hizo conce- 
bir. Antes de reglamentarse así el ramo, no se con- 
taba en el Gobierno más que con los informes de los 
gobernadores departamentales, en los que se agru- 
paban detalles estadísticos, con arreglo á la orden 
gubernativa que en Setiembre de 1854 se circuló 
á aquellos funcionarios: en virtud de esa providen- 
cia y de la de Octubre del propio ano, se forma- 
ban en ese país los cuadros que sin duda conocen 
muchos de nuestros lectores, y que á la autoridad 
pública ponían en aptitud de apreciar, hasta cierto 
punto, la situación de los ramos de la riqueza na- 
cional y el progreso ó atraso de las varias localida- 
des (1). 

Pero ya desde Junio de 1829 se había legislado 
sobre la materia en el Salvador: la Asamblea ordi- 
naria del Estado previno la formación de una esta- 



(1) El entendido y patriota doctor D. José C. López, como Ministro del 
Gobierno en 18*78 y 1879, cuidó con particularidad del ramo de la Estadística. 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 215 

dística exacta, á efecto de arreglar la administración 
de la Hacienda, fijar la población, calcular los recur- 
sos públicos, conocer las necesidades de los pueblos 
y buscar la proporcionalidad del cupo federal y el 
del Estado. 

Esa y otras disposiciones se dictaron en tiempos 
ya algo distantes de los nuestros; pero sus efectos 
no correspondieron lo bastante á los fines adminis- 
trativos que el legislador perseguía: revueltas intes- 
tinas y vicisitudes de todo género paralizaban la 
acción del patriotismo y destruían los mejores pro- 
pósitos: los adelantos son ilusorios cuando no se hace 
sentir el calor vivificante de la paz: la prosperidad 
pública requiere una labor compleja, y es el precio 
del equilibrio entre los fueros de la libertad y las 
exigencias del orden. 

Ojalá que estos ligeros apuntes, que sin duda se 
resienten de nuestro escaso caudal de noticias en el 
particular, animen á otros á escribir de un modo 
más amplio y quizá más exacto sobre la materia, 
para que la historia de la América Central cuente 
con buenos materiales en el interesante ramo de la 
Estadística. 




ORDENANZAS 



GREMIOS DE ARTES Y OFICIOS, 



SUMARIO. 

Los gremios en Europa y en la América Española. — Ordenanzas para la 
administración en general en el reino de Guatemala y para reglamentar 
la industria. — Carácter de las corporaciones y su influencia en el pro- 
greso. — Origen de los gremios y personas que al principio ejercieron 
las artes mecánicas en estos países. — Amenazas del cabildo á los enco- 
menderos. — Los indios y sus progresos en los oficios. — Intervención 
de algunos capitanes genei'ales en materia de industria reglamentada. — 
Opinión del presidente Escobedo. — Los gremios en el siglo XVIII.— La 
libertad del trabajo. — Las corporaciones en Francia. 

Un erudito escritor contemporáneo, Boehmert, 
afirma que en los Estados europeos los gremios per- 
tenecen á la historia, y que en el IS'uevo Mundo nun- 
ca fueron conocidos: aseveración enteramente inexac- 
ta en su segundo término, puesto que existieron en 
las colonias españolas de América, trasplantados de 
la madre patria, cuyo espíritu en lo general se re- 
ñejaba en sus posesiones ultramarinas. 

Cuando las provincias del antiguo reino de Gua- 
temala comenzaron á regularizar su existencia, ex- 
pidió la autoridad superior ordenanzas para su admi- 



218 ESTUDIO HISTÓRICO 



nistraciÓB: las primeras fueron dictadas, en los anos 
corridos desde 1530 hasta 1537, por el conquista- 
dor D. Pedro de Alvarado, á quien animaba la am- 
bición generosa de buen gobierno ya quien, además, 
se autorizó por real cédula de Diciembre de 1527, 
para hacer esas leyes reglamentarias. 

Encaminábanse éstas á favorecer de todos modos 
á los indios y establecer la policía en las nuevas co- 
lonias. Pero también se promulgaron más tarde otras 
ordenanzas, redactadas por el cabildo de Guatemala, 
en Marzo de 1556, para el buen régimen de la ciu- 
dad: adviértese en ellas la reglamentación á que 
desde entonces principia á someterse la industria, al 
disponerse, por ejemplo, que no se vendan los co- 
mestibles sin que los regidores les fijen precio; que, 
entre los individuos que curten pieles y hacen zapa- 
tos, se elijan dos bien reputados para desempeñar 
los cargos de alcalde y veedor; que, en lo que toca 
á esos oficios, designe el cabildo dos personas que 
examinen á los que quieran ejercerlos; que ninguno 
pueda curtir el cordobán sino con zumaque, ni ven- 
der cuero crudo, ni abrir noque, sin permiso del 
veedor; que nadie seduzca al aprendiz de otro oficial 
antes de que ese aprendiz haya cumplido su tiempo; 
que el alcalde y veedor tengan facultad para penetrar 
en las casas y tiendas destinadas á las industrias de 
que se ha hecho mérito; que ningún oficial mecáni- 
co pueda abrir taller sin sujetarse previamente al 
examen necesario; etc., etc. 

{••Las prescripciones que anteceden bosquejan la 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 219 

estructura de los gremios, en la forma en que estu- 
vieron más ó menos reglamentados en el reino de 
Guatemala, hoy América Central, casi desde los prin- 
cipios del coloniaje español hasta el siglo XYIII: el 
carácter de esas corporaciones consistía en hacer de- 
pender el ejercicio de una profesión industrial de 
ciertos requisitos, como el aprendizaje, las cartas de 
examen, la presentación de las obras maestras, la 
inspección de los veedores y de las justicias de los 
pueblos: eran las corporaciones dichas la negación 
de la libertad de industria, la que no excluye sin 
embargo las asociaciones, si bien no las admite más 
que como voluntarias; pero por perniciosa que su 
influencia haya sido con el tiempo, y por fundado que 
se conceptúe el fallo adverso á los gremios emitido 
por la ciencia económica, no puede ponerse en duda 
que esos cuerpos contribuyeron en su origen á re- 
habilitar el trabajo y levantar el nivel de las profe- 
siones inferiores. El sabio español D. Manuel Col- 
meiro enseña que la bondad relativa de la institución 
gremial llegó á convertirse en remora constante de 
la industria fabril, luego que ésta pudo, sin peligro, 
gozar de la libertad, esencial condición del progre- 
so de las artes y de los oficios. 

Para sacudir los menestrales el yugo pesado del 
feudalismo y ponerse á cubierto délas discordias de 
la aristocracia, se congregaron en corporaciones, lo 
mismo en España que en otros países europeos. En 
las colonias de la América Española eran las artes 
ejercidas al principio por conquistadores y primeros 



220 ESTUDIO HISTÓRICO 



pobladores; pero, favorecidos unos y otros con enco- 
miendas de indios, comenzaron á mirar con poco apre- 
cio los ramos que ejercían, y según Eemesal, el he- 
rrero apagó la fragua; cerró el sastre la tienda y 
hasta olvidó, el nombre de la aguja y el dedal; el za- 
patero ya no conocía las hormas, y mandaba á otra 
parte en busca de calzado; el carpintero huía de la 
sierra y del formón y se ocupaba de monturas y ca- 
ballos. Fué, pues, preciso que en Abril de 1536 ame- 
nazase á los de acá el cabildo de Guatemala con el 
despojo de las encomiendas, si no tornaban á sus 
talleres: volvieron unos cuantos al ejercicio de las 
artes mecánicas, compelidos por las amenazas de la 
autoridad, y así comenzaron poco á poco los indios, 
y después los negros, á aprender y practicar los 
oficios, y ya pareció otra vez necesaria la organiza- 
ción de los gremios para la enseñanza de los varios 
ramos y la honra de sus profesores; en tal virtud se 
dio á cada uno de esos cuerpos sus reglas, sus alcal- 
des y veedores respectivos, sus oficiales y maestros, 
señalándose los grados, exámenes, etc. 

La ordenanza del gremio de zapateros, redacta- 
da por sus individuos en cabildo de 21 de Noviem- 
bre de 1560, dice en el art. 21: «E por nos vis- 
to que hay muchos indios que tienen tiendas del di- 
cho oficio, es menester que sean visitadas.» Más 
adelante descienden los reglamentos á pormenores 
de cierta índole, como que en acta de cabildo de 3 
de Junio de 1579, se ordena en el artículo primero 
que los indios no hagan tablas con hacha, sino 



DE LA AMÉRICA CENTRAL 221 

con sierra, para que no se destruyan los montes. 

Debe creerse que no anduvo exagerado Bernal 
Díaz del Castillo cuando dijo que los indios centro- 
americanos eran ya en el siglo XYI muy hábiles en 
la carpintería. Parece que en el siglo XVII fué me- 
nos escrupulosa la reglamentación de las corporacio- 
nes; pero siempre los indios seguían haciéndose no- 
tar por su relativo adelanto en las artes mecánicas, 
como lo comprueban las tablas y otras piezas de 
madera que los indígenas de Tecpán-Guatemala lle- 
vaban á la capital; los taburetes y otros objetos, que 
fabricaban los de Atitlán; las guitarras construidas 
por los de Totonicapán, así como las medias, guantes 
y gorros que hacían los de Sumpango. 

El historiador Herrera, citado por el arzobispo 
Sr. García Peláez, menciona los progresos de los in- 
dígenas de Nicaragua, diciendo á este propósito lo 
que sigue: «La gente es muy ladina en la lengua 
castellana; ha tomado bien las costumbres españolas, 
y va ya toda vestida, salvo los chontales, que como 
serranos, todavía mantienen más su antigüedad y 
rustiquez. Son los otros indios grandes plateros y 
músicos y saben cualquier oficio do Castilla, como 
de labrar cera, sastres, zapateros, herreros, alpar- 
gateros, jaquimeros, y hacen todo cordaje de pita, 
y tienen otros oficios, que han aprendido con la 
buena inclinación que siempre tuvieron á los caste- 
llanos. » 

Eefiriéndose el historiador guatemalteco 8r. Jua- 
rros á los de Subtiaba, dice que tejían colchas de al- 



222 ESTUDIO HISTÓRICO 



godón muy hermosas y durables, estimadas gene- 
ralmente en estos países. 

Sin embargo de lo expuesto en orden á la auto- 
nomía de las corporaciones, hubo capitanes genera- 
les que se burlasen de las ordenanzas, ya por espíritu 
de centralización despótica, ya por el noble deseo de 
fomentar los oficios, libertándolos de las ataduras de 
los gremios. 

En Junio de 1624, el presidente y capitán ge- 
neral D. Antonio de Peraza y Ayala, conde de la 
Gomera, libró despacho de maestro guarnicionero á 
Lázaro Hernández, para que éste examinara oficiales 
y diera títulos á los que hallase suficientemente ap- 
tos; y lo hizo reconocer como tal, bajo la pena de 
doscientos pesos. Igual título confirió el presidente 
Acuna á otro artesano en 14 de Junio de 1627, sin 
que más adelante faltaran demostraciones análogas 
de la autoridad, con menosprecio de los privilegios 
de los gremios. En cabildo de 24 de Marzo de 1643, 
participó el fiel ejecutor que, cuando visitaba las 
tiendas de los cereros en compañía del alcalde y vee- 
dor del ramo, se le presentó un teniente de alguacil 
para prevenirle, de orden del presidente Avendano, 
que no continuara en la visita, llevándose presos al 
alcalde y veedor, y luego se supo que el gobierno 
general había nombrado un reveedor; por lo que dis- 
puso el ayuntamiento reclamar la jurisdicción que 
le correspondía, y en 1671 y 1672 había recobrado 
la facultad de expedir títulos y hacer los exámenes 
de oficiales y maestros. 



DE LA AMERICA CENTRAL 223 

El cronista Fuentes, autor de la Recordación Flo- 
rida, refiere que, hallándose en 1676 en ejercicio 
del cargo de fiel ejecutor en la ciudad de Guate- 
mala, trató de impedir que Juan de Mendoza, teje- 
dor, tuviese herrería y fragua pública, y que en caso 
de tenerla, fuera al cuidado de maestro competen- 
te; pero como Mendoza acudió al presidente Escobe - 
do, dispuso éste permitirle establecer tienda y fra- 
gua, á pesar de las razones que oponía Fuentes en 
defensa de los estatutos gremiales. 

El presidente Escobedo se mostraba, con ese 
acto de tutela oficiosa, como un economista enemigo 
hasta cierto punto de las trabas de los reglamentos; 
pues decía que en las repúblicas se debía por los su- 
periores procurar que hubiese gran número de oficia- 
les de todas partes, porque con eso las obras sal- 
drían á menos costo de tiempo y de precio. Fuentes, 
á fuer de hombre ilustrado, no negaba la exacti- 
tud de esas palabras del presidente y gobernador 
general; pero se empeñaba en sostener que los ofi- 
ciales debían ser aprobados, para que las obras sa- 
liesen perfectas. Aunque Escobedo tenía una alta 
idea de su autoridad, y creía que á ól le tocaba in- 
tervenir en todo, profesaba en la materia buenas 
ideas, y quería relajar los reglamentos do las cor- 
poraciones. 

Subsistían éstas á principios del siglo XVIII, 
como que, en sesión del cabildo de 28 do Marzo de 
1730, acordó el ayuntamiento invitar á los gremios 
á la procesión del viernes santo en la capital. Iban 



224 ESTUDIO HISTÓRICO 



ya por entonces cayendo las ordenanzas en desusó y 
sustituyéndose con las tradiciones y costumbres: 
acredítalo el hecho de que el presidente Santa Cruz 
pidió en 1743 los estatutos de los plateros y batido- 
res de oro y plata; y como no los hubiese, los formó 
él por sí mismo en 1745; y acordó que fuera San 
Eloy el patrón del gremio: en el tercer artículo de 
esos estatutos se prohibe que los indios y los indivi- 
duos de color ejerzan el magisterio de platería y ba- 
teojería, y que sólo á los españoles quede ese privi- 
legio y el de abrir tienda y taller; pero tan odiosa 
exclusión fué derogada por la real audiencia en 30 
de Abril de 1772. Las indias de Nicaragua, según el 
obispo nicaragüense Sr. Tristán, sabían en el siglo 
XVIII hilar el algodón y tejerlo de un modo verda- 
deramente satisfactorio. 

Por fortuna fueron desapareciendo las corpora- 
ciones y principió á dominar la libertad del trabajo 
al reconocerse que la existencia de los gremios de 
artes y oficios traía el desnivel entre la producción 
y el consumo, y engendraba por último la miseria. 
La industria sólo prospera cuando hay libertad am- 
plia para trabajar y competir, sin los mal entendidos 
privilegios de exclusión y prohibición. 

Desde principios del siglo XVII comenzaron á 
escucharse en Francia las quejas contra el sistema 
greniial: en 1614 pidió el estado llano la supresión 
de las corporaciones; y andando el tiempo trató 
Turgot de destruirlas, según se ve por el célebre 
edicto de Febrero de 1776, presentado al parlamen- 



'DE LA AMÉRICA CENTRAL 226 



to de París y que constituye uno de los mejores tim- 
bres de gloria para aquel ilustre hombre de Estado: 
«Quizá la gran reforma industrial que en 1776 Be 
» proponía introducir el gobierno, habría prevenido 
»la revolución de 1789»: así piensan algunos publi- 
cistas de nota, entre ellos Boehmert, á quien perte- 
necen las palabras que anteceden. 



FIN. 



índice, 



Prólogo, :} 

Introduccióx ii 

I.— Los antiguos pueblos indígenas déla América Central y el 
descubrimiento del país por Cristóbal Colón en su cuarto 

viaje 21 

II.— Conquista y colonización de Guatemala, el Salvador y de- 
más porciones de la América Central 20 

III.— Memorable jornada de Hernán Cortés á Honduras y conti- 
nuación de la conquista y colonización de la América Central . 39 
IV. — Fundación de poblaciones y narración de otros sucesos 

acaecidos en el resto del siglo XVI fi I 

V. — Sucesos dignos de notarse en el siglo XVll r>3 

VI.— Situación de las cosas en el siglo XVIII 7 ! 

VIL — Período corrido de 4801 á 1821 y proclamación de la 

Independencia 81 

VIIL— Presidentes de la Audiencia, gobernadores del reino \ 

capitanes generales '.'I 

IX.— Gobernadores de las provincias Oí) 

X.- -Período que principia con la proclamación de la Indepen- 
dencia y se extiende hasta la actualidad i I a 

Advertencia ^^^ 

El comercio y la agricultura ' ^ ' 

El añil *^-» 

Legislación y tribunales '^^ 

Instrucción pública ''^ 

Imprentas, periódicos y publicistas '^** 

Bellas artes.— La pintura y la escultura <í^* 

La música -*''* 

La fortaleza de Omoa -^* 

Estadística - " 

Ordenanzas y gremios do arles y oficios. *' • 




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